5 Homo Hominis Lupus
Homo Hominis Lupus
Espero que sepas la traducción o cuanto menos que te suene la frase en latín que da nombre a este capítulo.
Es una expresión latina que significa «El hombre es un lobo para el hombre» y que fue escrita por un literato romano, aunque seguramente la conocerás por un filósofo inglés, un tal Hobbes.
Principalmente, lo que quiere decir esta frase es que la destrucción de los humanos es causada por ellos mismos.
Si bien, yo corregiría la frase y la extendería no solo al ser humano, sino a todo el planeta, quedando algo así como «Homo mundis lupus», —imitando la ortografía de la célebre frase—, cuya traducción sería algo como: «el humano es un lobo para el mundo».
Pero reconozco que me irrita usar cualquier connotación malvada en referencia a los lobos, por lo que me parece más adecuado decir «Homo mundis homo», es decir, «el humano es un humano para el mundo».
Esta frase es perfecta para introducirte en el mundo de Anthropos, ya que la sigue a rajatabla. Cuando fue creado, fruto de Vida, él era bueno, todas sus acciones eran buenas, hasta que se corrompió.
Quizás esta historia es mejor que la cuente a través de las palabras de otro Creador, ya que tu planeta es peculiar, aunque todos tienen sus singularidades.
Así que vamos a dejar estos hechos para otra ocasión, pero ten presente esa frase durante todo mi manuscrito y verás, en determinados fragmentos, como es totalmente certera.
Describir a Anthropos es tan sencillo como decir la palabra ambición, pura y despiadada hambre, pero no solo por gula sino de todo tipo.
Anthropos representa lo más horrible de la sociedad humana, la avaricia, el deseo de poder, el exceso y el abuso, completamente maquiavélico, que no le importa el modo, siempre y cuando se cumpla su objetivo.
Obviamente, la cualidad de la ambición en pequeñas dosis es buena, siempre que se respeten los límites, aquellos que Arhzlin ignoró a lo largo de su existencia.
Tras la Gran Guerra, La Tierra fue declarada en libre albedrío, y no te equivoques, nada tiene que ver con las religiones que se escudan en este principio para explicar las atrocidades que ocurren.
Esta declaración significó que este planeta estaría prohibido para los Creadores, solo aquellos que hubieran sido humanos podrían actuar en él.
Esto incluye a las Artes y a un puñado de Creadores corrompidos, de los que ya conoces a tres: Anthropos, Mecanos y Guerra, aunque hay algunos más.
Otros Creadores, como Evolución o Naturaleza y sus hijos, a los que también conocerás, pueden transitar la Tierra bajo condiciones especiales.
La huella que deja Anthropos en este planeta es demasiado contagiosa, como un cáncer social que corrompe desde siempre a la humanidad. Todo el mal que te imagines tiene origen en él.
Y ahora, volvamos a la historia.
Anthropos estaba allí, en el mismo recibidor de la Hermandad de las Artes, henchido de arrogancia y con aura envanecida.
Su aspecto era el de un hombre alto y atlético con un tono de piel oscuro.
Su pelo era corto, del mismo color que su bello facial bien recortado, de un negro azabache.
Sobre su torso desnudo, solía vestir un abrigo nórdico de color blanco y negro, confeccionado con la piel de un gran lobo que logró domesticar.
Su mirada desafiante hacia todos los miembros de la Hermandad paralizaría a cualquier humano.
—¿Os vais a quedar ahí parados? —preguntó Anthropos aumentando el volumen de su voz—. ¿Por qué no venís y le dais un abrazo a vuestro padre?
—¡No eres nuestro padre! —gritó Fotografía con furia.
—Tranquilízate —le dijo Karnaut con sosiego.
—¡No! No deberíamos permitir que este, que este… —dijo Fotografía taquicárdico. Karnaut le sujetó por los hombros.
—¡Venus! llévate a Shiksha con Júlia y Tara —ordenó.
Venus tuvo que esforzarse para llevarse de allí a Fotografía, mientras Anthropos se reía eufóricamente.
No lo he dicho antes, pero por todo su cuerpo luce numerosos tatuajes de animales, que nunca se mantienen en la misma posición.
En ese momento, cada uno de sus muslos ostentaba un lobo con fisonomía agresiva.
Ocultos bajo sus pantalones de cuero, de manera entrecortada, comenzaron a moverse y abandonar sigilosos el cuerpo de Anthropos, hasta que, finalmente, los lobos cobraron vida.
De un plumazo, las Artes se encontraron frente a dos cánidos gigantescos, cuya altura coincidía con la de Anthropos.
Uno de ellos tenía un pelaje pardo brillante y el otro era de un negro profundo.
Sus miradas intensas te atrapaban, esos animales bien podrían provocar admiración a quien los observara en otras condiciones, pero en ese momento, sus enormes fauces transmitían terror.
Los imponentes animales aullaron y gruñeron agresivamente sin retirar la vista de los enemigos que tenían frente a ellos, y se colocaron justo delante de Anthropos actuando de barrera protectora.
Las Artes se posicionaron en guardia ante aquellos fastuosos lobos.
Las principales se mantenían en primera línea, quietas y sin mostrar movimiento alguno.
No sé si habrás reparado en ello, pero en el capítulo anterior, durante la batalla acaecida en la ocasión en que Mecanos intenta embaucar a Júlia disfrazado de Grafiti y las Artes Principales acuden a rescatarla, Escultura invoca una roca enorme de un pisotón y Pintura parece controlar el viento en su huida.
Esto se debe a que a este tipo de Creadores secundarios, que en otro tiempo fueron humanos, Universo les concedió dones, otorgados según su criterio, que les permiten defenderse bastante bien.
—No tienes nada que hacer Arhzlin , somos muchos más que tú —amenazó Karnaut .
—No requiero a muchos de mi parte, solo necesito a uno —apuntó Anthropos imperiosamente.
«Júlia…» pensó Karnaut . Rápidamente dio media vuelta y se apresuró a llegar a la habitación de Tara.
Anthropos quiso interponerse en su camino.
Extendió sus brazos y, con un intenso grito, dotó de vida a los murciélagos que adornaban sus extremidades superiores para que arremetieran contra Karnaut , al mismo tiempo que ordenaba a los lobos que envistieran a las Artes.
Por suerte, Karnaut consiguió evadir la quiróptera ofensiva. Aunque no le sirvió de mucho.
Karnaut llegó a la habitación de Tara sin aliento, como si se le fuese a salir el corazón del pecho…
si lo tuviera, pero pronto cayó en la cuenta de que le había servido de poco.
Ya era tarde. Mecanos se encontraba allí sujetando a Venus por el cuello contra la pared mientras ella forcejeaba para liberarse de él.
A sus pies yacía Fotografía inconsciente, Karnaut dedujo que Mecanos le había golpeado la cabeza para hacerse con su cámara y manipularla, ya que Tara se encontraba en estado de confusión, sin ser capaz de fijar la mirada en un punto ni ser consciente de lo que ocurría a su alrededor, fruto de los flases del aparato fotográfico que Mecanos mantenía funcionando en dirección a ella.
En el otro extremo del habitáculo, Júlia flotaba a un palmo del suelo, con las pupilas completamente cerradas y tanto las escleróticas como los iris enteramente rojos.
Anthropos había logrado sortear la defensa de las Artes en el vestíbulo y avanzaba paso a paso por la Hermandad con actitud chulesca, imperturbable ante aquel enfrentamiento, pero ahora sus globos oculares también eran rojos; tenía el control de la mente de Júlia.
Arhzlin , como Creador del ser humano, es capaz de manipularos a su antojo, es cierto que algunos sois más complicados que otros, quiero decir que los humanos podéis resistiros, de hecho, Júlia parecía ser capaz de aguantar la presión de los poderes de Anthropos, pues su cuerpo no se había abandonado completamente al control de Arhzlin y sus músculos se mantenían contraídos, dando la impresión de estar soportando una gran tensión.
Anthropos avanzaba lenta pero inexorablemente.
Karnaut lo divisó acercarse peligrosamente, él se encontraba en desventaja.
Las demás Artes estaban todavía convalecientes, reponiéndose del ataque de los animales de Anthropos en el zaguán de la Hermandad y Karnaut estaba solo.
Su mente funcionaba a mil por hora intentado esclarecer un plan que le permitiera salir victorioso de aquella situación, pero no conseguía encontrar opciones.
Eran él contra Anthropos y Mecanos. Todo estaba perdido.
No le quedaba mucho tiempo para reaccionar, ya estaba allí, a punto de abordarlo, pero ¡Gracias a Uor !
Guía apareció a través de uno de los portales de las rocas de Bonlur .
—¿ Torth ? —preguntó Karnaut con la decepción ligeramente dibujada en su rostro.
—Vaya, al parecer te alegras de verme —dijo Guía irónico.
—Preferiría a Lanyur —contestó Karnaut con sinceridad.
—Dice que no es el momento —añadió Guía encogiéndose de hombros.
—Siempre con sus ironías —replicó Karnaut llevándose la mano a la cara.
El aire victorioso que envolvía a Anthropos en ese momento se desvaneció con la aparición de Guía. Pero no titubeó más que un segundo, Karnaut y Guía no podían verlo dudar, así que hizo mano de su grandilocuencia para ocultar su inquietud y, entretanto, barajar nuevas posibilidades de actuación.
—Vaya, vaya, qué decepción —comenzó a decir con condescendencia—.
Los Creadores están de parte de las Artes…
ayudando a los humanos… yo que pensaba que nos considerabais la peor pandemia de la historia y aquí estáis, haciendo acopio de todas vuestras fuerzas para proteger a una niña.
Hasta tal punto que Lanyur ha infringido la norma del libre albedrío y ha permitido a Torth venir hasta aquí.
¡Ja, ja, ja! No puedo llegar a imaginar qué pensará Bonlur .
Qué desesperados debéis estar para haber llegado a esto, para poner todas vuestras esperanzas en una mísera humanita, qué tiernos.