4 Huele a lobo #4
La sonrisa se esfumó de su cara y, cabizbaja, comenzó a contar su historia.
—Se me considera un Arte, no por ser hija biológica de Puzhlin , sino porque fui la primera en imitar a mi padre mediante artefactos de Mecanos —dijo Tara dirigiéndose a una estantería—.
Esta es la lira que me fabricó Mecanos. —Tara mostró a Júlia un pequeño instrumento que estaba hecho con los huesos y las plumas de unas aves ancestrales de la época de los primeros humanos—.
Este instrumento atrajo a un grupo de antiguos felinos peligrosos, pero lo peor fue que les causó una rabia feroz y la aldea corrió un gran peligro —siguió narrando Tara—.
Yo solo tenía 13 años, lo único que quería era hacer sonar mi boca como hacía mi padre.
Pero Mecanos me engañó —dijo entristecida—.
Él sabía perfectamente lo que hacía su invento y, de todos modos, me hizo tocarla —dijo ahora airada—.
Suerte que estaba mi padre, cogió con rabia esa lira y la tocó de forma diferente, haciendo que ahuyentara a esos gatos enormes — dijo, por último, eufórica.
—Vaya, y… ¿a ti te pasó algo? —preguntó Júlia.
—Mi padre se cabreó mucho conmigo —dijo entristecida de nuevo—, pero Torth me enseñó que yo era capaz de crear esos artefactos, que no necesitaba a Mecanos, por lo que hice mi primer nakar —concluyó eufórica Tara con una gigantesca sonrisa, intercambiando la lira por una bonita guitarra.
A Júlia le encantó. Se percibía que estaba fabricada de forma artesanal y cuando mostró interés y fascinación por ella, Tara le contó que estaba hecha con una madera extraía del tronco de un sauce llorón muy especial de la época de los primeros humanos, cuyas hojas —tan finas como la seda— las utilizó también para fabricar sus cuerdas.
—¿ Nakar ? —preguntó Júlia, devolviendo la guitarra a su dueña después de echarle un buen vistazo.
—Es como denominó Tara al primer instrumento, arhznakar significa «primer instrumento» —aclaró Karnaut .
—No, ella ha dicho nakar , no… —Júlia se mantuvo pensativa intentando recordar la palabra que había pronunciado Karnaut —. Lo que has dicho tú. —Terminó por rendirse.
— Arhznakar —repitió Karnaut —. Nakar es instrumento y arhz es uno o primero.
—Espera, espera…
Karnaut obedeció a Júlia y le concedió unos segundos, ella se llevó la mano a la barbilla y desvió la mirada pensativa.
—Tu nombre era como decir el que no habla o algo parecido ¿no? —Las ideas de Júlia tomaban forma.
—Sí, veo que te acuerdas.
—Claro —asintió convencida—, porque kar es hablar y naut es mudo o algo así —añadió sin vacilar, orgullosa por acordarse de muchos detalles.
—«No o nada» —corrigió Karnaut llevándose la mano a la cara.
—Eso —admitió Júlia haciendo un mohín—. Entonces nakar es como… ¿cosa para hablar? —dijo Júlia insegura.
Tara interrumpió con aplausos y dando saltos de alegría, causándole un pequeño sobresalto a la Elegida.
—¡Genial Júlia! yo lo llamé así justo por eso, na quiere decir «objeto» —dijo Tara riéndose—.
El caso… —continuó Tara de nuevo en tono triste—.
A mi padre no le gustó la idea y casi lo rompe, me dijo: ¿no has aprendido nada de lo que pasó?
Cogió mi arhznakar y lo tiró al suelo. Tuvimos una grave discusión.
Júlia se giró sutilmente hacia Karnaut , aprovechando que Tara parecía haberse perdido en sus recuerdos.
—Es un poco bipolar ¿no? —le susurró tapándose la boca con la mano.
—Sí, pero estate atenta, esta historia fue muy importante —instó Karnaut para que Júlia atendiese a la narración.
—Conseguí salvar mi creación —inició de nuevo Tara su historia volviendo al presente—, y fui a la plaza central de la aldea, me senté y comencé a tocarla.
Toqué muchas piezas, empecé por algo melódico y suave, pero la gente solo me miraba y sonreía, nadie se paraba a escucharme —dijo agachando la cabeza—.
¡Entonces! —exclamó elevando considerablemente la voz y asustando a Júlia y a Karnaut que dieron un respingo—, me puse de pie y me moví como me enseñó mi tía Baile tocando una música alegre y divertida.
Todos los del pueblo se acercaron y se pusieron a bailar conmigo, se formó una gran fiesta.
—¿Qué hizo Música? —preguntó Júlia intrigada.
—Mi padre miraba desde lejos. —Volvió a estar cabizbaja Tara—. Pero cuando terminé de tocar —levantó la cabeza al tiempo que esbozaba una amplia sonrisa—, allí lo tenía, justo delante de mí y gritó: ¡Está es mi hija! — concluyó de nuevo entusiasmada.
—Un poco interesado, ¿no?
Estas palabras de la Elegida provocaron que Tara, de nuevo, se sintiera triste y su expresión lo transmitió indudablemente. Júlia hizo una mueca de disgusto y quiso disculparse, pero Karnaut se adelantó.
—No es así Júlia. Lo importante de esta historia es que quizás Mecanos haga sus máquinas con fines malvados pero la tecnología, de cualquier nivel, puede usarse para cosas buenas —aseguró Karnaut —. Y este fue el aprendizaje de Música y lo que le hizo cambiar de opinión—. Tara recuperó su sonrisa.
—Bueno eso está claro, lo malo es que hay personas malas —dijo Júlia hoscamente.
—Sí, ya me dirás —comentó Tara de nuevo triste.
—Júlia, nunca caigas en las tentaciones de Anthropos y sus descendientes —aconsejó Karnaut .
—Entonces, no te puedo hacer caso Karnaut —dijo irónica Júlia, lanzándole un guiño.
Tara rompió a reír, gratamente sorprendida por la cómica astucia de Júlia y ella se unió a sus carcajadas.
—Esto es serio, Júlia —corrigió Karnaut autoritario, frenando en seco las risotadas.
—Vale, vale, creía que tenías sentido del humor. Hablas de Anthropos como si fuera el diablo —dijo Júlia, restándole importancia.
—Se podría decir que la figura demoníaca de muchas religiones se basa en Anthropos, tú conoces la versión cristiana —explicó Karnaut .
—Sí, pero no creo que se parezca a una cabra — bromeó Júlia haciendo reír nuevamente a Tara y, esta vez, también a Karnaut .
—No, ni de lejos, es muchísimo peor —aseguró Tara.
Un sonido lejano interrumpió la conversación.
Afinaron el oído y advirtieron que alguien gritaba a viva voz el nombre de Karnaut y que el sonido iba aumentando progresivamente.
Alguien se acercaba raudo. Ante la alarma, Tara abrió rápidamente la puerta y se encontró con Escultura en el quicio de la puerta.
Su expresión era de terror. Respiró hondo y profirió: ¡Huele a lobo!
El rictus de los tres cambió en sus semblantes, Tara y Karnaut se sumaron al pánico de Escultura, mientras que Júlia quedó desconcertada.
—¿Cómo que huele a lobo? —preguntó Júlia.
—Tara quédate aquí con Júlia —ordenó Karnaut —. Tzramitz , vamos a la entrada.
Bajaron corriendo al vestíbulo de la Hermandad y se encontraron con que todos ya se habían reunido allí. Estaban quietos y asustados, observando una figura que se distinguía a través del vidrio opaco de la puerta principal.
Desde la cerradura, un humo extremadamente denso y negro, casi parecía lodo, empezó a asomarse. Parte de esta ponzoña lagrimeó hasta chocar con el suelo, disolviéndose, pero el resto de la negrura se expandió gradualmente por la puerta, desprendiendo por todo el lugar una niebla tenebrosa.
Aquella expresión que bramó Escultura es la alerta que se utiliza en la Hermandad cuando aparece Anthropos en persona. La puerta se abrió de un estacazo dejando ver claramente que se trataba de él: Arhzlin , que sarcásticamente dijo:
—¡Niños! ¡Papá ha vuelto!