Júlia y los Creadores. Cambiar o Morir 4 Huele a lobo #3
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4 Huele a lobo #3

—Si los Superiores quitarais la prohibición, podríais aniquilar a esos perros en un momento —contestó enojada.

—Entiendo todo lo que habéis luchado, tanto vosotros como los Natura de este planeta, pero no vuelvas a hablarme en ese tono jovencita —le achacó Tiempo.

Baile mantuvo su mirada desafiante.

—Relájate Norzlin , ya hablamos de esto hace mucho —intentó calmar los ánimos Karnaut —. Te ruego Tiempo que vayas al grano.

—¿Al grano? —preguntó desconcertado Tiempo.

—Es una expresión humana, quiero decir que especifiques —aclaró Karnaut .

—Ya entiendo… Queridos amigos, es crucial la supervivencia de la Elegida hasta que comprenda su destino. Lo que ha pasado hoy no debe volver a suceder, sed la sombra de Júlia.

—La joven no consentirá tal cosa, su deseo es estar con sus allegados —comentó Escultura.

—Procurad que entre en razón —insistió Tiempo—. Su seguridad es prioridad absoluta.

Tras estas últimas palabras se desvaneció, dejando a más de uno con la palabra en la boca.

—¿Por qué siempre hace lo mismo? —preguntó Baile encogiéndose de hombros.

—No tendrá tiempo —bromeó Karnaut , Baile y Escultura le echaron una mirada de desaprobación.

Después de una huida satisfactoria, ya en la Hermandad de las Artes, Arquitectura y Pintura habían puesto a salvo a Música que seguía inconsciente y a Júlia que seguía enfadada.

—¿Cómo puede ser que esté durmiendo aún? —preguntó Arquitectura.

—Ji, ji, ji, ji ni te imaginas cuánto hace que no duerme —bromeó Pintura.

—¿Vosotros dormís? —preguntó Júlia extrañada.

—No, ahí está la gracia —respondió Pintura de nuevo con su tintineante risa.

—Olvídate de Leamitz , Júlia, ¿estás bien? —preguntó Arquitectura examinando a Júlia.

—Claro, me sacasteis a la fuerza de allí, podríamos haber usado la tiza que me dio Pintura.

—Ji, ji, ji, ji, pequeña niña, esa tiza que te di es de un único uso, aunque hagas una diminuta puerta —dijo inclinándose hacia Júlia—, verás como la tiza se pulveriza cuando termines el trazado.

Mejor guarda esa tiza para cuando realmente no tengas salida —dijo dándole unas palmadas en la cabeza, acto seguido se fue entre carcajadas.

—Está bastante loca, pero a veces tiene momentos de lucidez —aseguró Arquitectura—. Vamos, tenemos que despertar a Puzhlin .

—Y ¿cómo hacemos eso? Si se supone que ni siquiera debería dormir —dijo exaltada Júlia que ya no podía aguantar tanto desconcierto.

—Relájate —contestó Arquitectura poniéndole la mano en el hombro intentando calmarla—, iremos a su habitación, allí habrá algo que podamos usar.

En la habitación de Música había un sin fin de instrumentos musicales de todas las épocas y de toda clase.

Tan antiguas como liras y laudes mesopotámicos y tan modernas como una guitarra de treinta y un trastes.

Había muchos aparatos extraños que no encontrarías si los buscases en enciclopedias, y también instrumentos mitológicos, como el shofar que derribó las murallas de Jericó, la siringa del dios Pan, el damaru de Shiva y la flauta que intentó usar Música contra Guerra.

De hecho, allí estaba, en un hueco de las numerosas estanterías.

—Mira aquí está —dijo Arquitectura cogiendo el instrumento.

—¿Cómo? ¿Esa no es la flauta que iba a usar Música? —preguntó Júlia con cara de asombro.

—Exacto —afirmó Arquitectura.

—Y ¿Cómo es posible? ¿Cómo ha llegado hasta aquí?

—Es normal que estés confusa —reconfortó Arquitectura a Júlia que tenía plasmada en la cara una persistente mueca de turbación—, son reliquias tan poderosas que Bonlur me mandó construir estas estanterías y ancló todos los legendarios instrumentos en ellas —explicó Arquitectura—, por lo que, si se pierden o Puzhlin se queda indispuesto teniendo algunas encima, para mantener la seguridad, los instrumentos vuelven a su lugar en esta habitación.

—Vaya, increíble, es como que se teletransportan — comentó Júlia asombrada.

—Algo así. El problema es que yo no sé tocar estos instrumentos —dijo Arquitectura con gesto pensante.

—Entonces, ¿el único que puede despertar a Música es él mismo? —preguntó sarcástica Júlia.

En algún lugar del mundo, Mecanos y Guerra se encontraron con Anthropos.

Estaban en un sitio diferente de aquella cueva helada.

Ahora se situaban en mitad de un polígono industrial abandonado, repleto de naves desvencijadas en las que se apreciaba el deterioro ocasionado por el nulo uso de las mismas.

Se podía observar entre sus calles algunas fábricas derruidas, escombros, carteles descoloridos por los incesantes rayos de Sol, incluso grandes almacenes y recintos a medio construir que permitían intuir que aquel lugar tuvo éxito en su momento, pero se había echado a perder.

Por suerte, el despoblamiento permitió abrirse camino a Naturaleza, que campaba a sus anchas hasta en los más mínimos rincones, donde miraras, crecía libre y salvaje y pequeños animales se arremolinaban entorno a aquel oasis fuera del interés de los humanos.

Anthropos, Mecanos y Guerra se hallaban en el interior de una de las naves. El tejado estaba incompleto y había chatarra, mucha ferralla, restos de maquinaria antigua por doquier.

—¿Y bien? —interpeló Anthropos de espaldas a los dos.

—Esa chica finalmente es la Elegida —contestó Mecanos.

—¿Cuan de eficiente es tu información? —exigió Anthropos volviéndose hacia ellos.

—Probabilidad de veracidad de información: 100% —calculó Mecanos.

—Lo que quiere decir Mecanos es que esa chica ha hecho florecer de nuevo el jardín de la Hermandad — aclaró Guerra.

—Mmm, ya veo —mencionó Anthropos pensativo con una sonrisa —¿Mecanos?

—Probabilidad de interferir en nuestros planes: 100%. Probabilidad de éxito de la Elegida: 35%, esta probabilidad puede cambiar con el tiempo —formuló Mecanos.

—Está bien, por ahora la Hermandad la protege, tendré que hacer una visita familiar —dijo Anthropos poniendo una mirada desafiante acompañada de una gran sonrisa siniestra.

Karnaut , Baile y Escultura acababan de regresar a la Hermandad cuando vieron a Júlia y Arquitectura vagabundeando de un lado al otro del edificio sin saber muy bien a dónde iban, parecían estar buscando algo o a alguien.

—¡ Uorranlin ! ¿Qué estáis haciendo? —exclamó Karnaut .

—¡Hola! ¡Estáis bien! —gritó Júlia eufórica al verlos.

—¿Y Ghurzlin y Norzrou ? —preguntó Arquitectura.

—Se esfumaron —dijo Escultura disgustado.

—Y Lanyur nos echó la bronca —concluyó la historia Baile.

—¿Por qué? ¿Quién es Lanyur ? —preguntó Júlia.

—Mejor hablaremos de eso más tarde cuando estemos solos —interrumpió Karnaut .

Júlia asintió, no sin mostrar claramente su disgusto por recibir siempre la misma repuesta a sus preguntas.

— Karnaut , Puzhlin no se despierta, sé que esta flauta puede manipular la consciencia —indicó Arquitectura.

—Sí, esta es la flauta que Puzhlin trató de usar contra Mecanos —dijo Karnaut cogiendo el instrumento.

—El problema es que yo no sé tocarla —admitió Arquitectura.

—¿Y Tara? —preguntó Karnaut .

—No la encontramos.

—Iba a su bola tocando un tema de flipar, acaba de entrar en su choza —dijo Grafiti, que bajaba en ese momento por las escaleras.

Júlia se estremeció al verle, pero rápidamente cayó en la cuenta de que aquel era el verdadero Arte; llevaba su habitual atuendo compuesto por ropas anchas cubiertas de coloridas manchas de espray y unas bambas que algún día fueron blancas.

Escultura, Baile y Arquitectura se despidieron y se marcharon a sus respectivas habitaciones, después del enfrentamiento, necesitaban retirarse a descansar y analizar lo ocurrido.

Júlia siguió a Karnaut a otra de las habitaciones, una que la chica todavía no había visitado y cuya puerta, en este caso, no tenía nada de especial.

Llamaron con un par de golpes secos y enseguida recibieron respuesta.

Cuando entraron, vieron a una joven con media melena rubia y ojos claros, de estatura baja, medía más o menos lo mismo que Júlia y llevaba puesto un vestido de tonalidades rosáceas.

A la Elegida le pareció una chica muy coqueta.

La estancia era casi una copia del hogar de Música puesto que había muchos instrumentos musicales, pero entre ellos se intercalaban peluches y muñecas colocados ingeniosamente para simular que formaban una orquesta.

—Hola Tara —saludó Karnaut .

—Hola Karnaut . ¿Cómo estás? —su voz era suave y aguda como la de una niña pequeña.

—Necesito tu ayuda, bueno más bien tu padre.

—¿Qué? ¿Su padre es Música? —preguntó asombrada Júlia.

—Sí, esta es la hija de Puzhlin . ¿Recuerdas la historia que te conté sobre las Artes?

—Claro, esa que después me dijeron que era una invención tuya —bromeó Júlia, Tara se rio disimuladamente.

—Bien pues después de eso, las Artes se fueron «reproduciendo» — Karnaut hizo un gesto de comillas—. Tara es la primera de su generación, la segunda generación de Artes.

—¡Ah! Que ahora hay generaciones —dijo irónicamente Júlia, provocándole una carcajada a Tara que no fue capaz de contener.

—No te líes, la primera generación son las Artes principales, la segunda los hijos de estos y después está la tercera generación que son las Artes que nacieron tras la Gran Guerra.

—Sí, sí, ya lo pillo —dijo Júlia medio enfadada, a Tara se le escapó otra carcajada.

Júlia se acercó a Tara con la mano extendida para presentarse, pero esta la cogió de los hombros y le dio dos sonoros besos, dejándole claro que ya sabía quién era y estaba encantada de conocerla.

—Mi padre no hacía música con ningún instrumento, en realidad las Artes principales no usaban nada que hubiera creado Ghurzlin —explicó Tara mientras se separaba de Júlia.

—¿Y Escultura y Arquitectura? —preguntó esta.

—Ellos usaban las manos para crear su arte —aclaró Karnaut .

—¿Escultura esculpía a puñetazos? —formuló Júlia impresionada.

—Sí, tenías que llevar cuidado —dijo Tara riéndose ligeramente tapándose la boca de forma sutil—, saltaban pedacitos por todas partes.

—El caso es que algunas Artes sucesorias cayeron en el engaño de Anthropos —recalcó Karnaut .

—Yo, por ejemplo —admitió Tara.