Júlia y los Creadores. Cambiar o Morir 3 La Hermandad de las Artes #4
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3 La Hermandad de las Artes #4

Pintura empezó a buscar en una caja que había en una de las múltiples estanterías que llenaban la habitación. Sacó un trozo de tiza blanca y se lo dio a Júlia.

—¿Eh? —dijo Júlia extrañada. Pintura soltó su risa.

—No es una tiza normal, ji, ji, ji, ji puedes pintar una puerta en cualquier sitio. Cuando te sientas atrapada utilízala y te llevará a un lugar seguro.

—¡Anda! Gracias, que útil —comentó Júlia con gratitud al comprender el regalo.

Cuando salían de la habitación, después de despedirse de Pintura y antes de continuar su recorrido, Karnaut frenó a Júlia poniéndole su mano en el hombro.

—Ni se te ocurra usar eso delante de otros humanos —aconsejó Karnaut serio.

—Claro, me lo imaginaba —respondió Júlia comprensiva.

—Muy bien, tenemos que salir al patio para nuestra última visita, sígueme.

En el centro del enorme edificio cuadrangular, se encontraba un gran patio de luces que comunicaba todos los pisos.

En el humilde jardín que, extrañamente estaba seco con las plantas mustias, se alzaba una pequeña cabaña, muy apañada, hecha de madera, como si se tratase de la casa de un guardabosques.

—¿Qué ha pasado en este jardín? —preguntó Júlia preocupada.

—Naturaleza, ella plantó este huerto y cuando enfermó, estas plantas se marchitaron —explicó Karnaut entristecido—. Esta es la casa de Arquitectura, Uorranlin .

—Vaya, pues para ser la casa del Creador de la arquitectura es bastante simple —señaló Júlia.

—Ella fue la primera humana que construyó una vivienda, la primera fue con paja y barro, esta es bastante más sofisticada —aclaró Karnaut —. ¿No quieres saber de dónde proviene el nombre de Arquitectura?

—Sí que me gustaría —respondió Júlia expectante.

—¿Sabes que uor es un elemento? —Júlia asintió con la cabeza—. Perfecto, no solo significa «energía» también quiere decir «construir». Ran es literalmente «los que» y el resto ya lo puedes completar tú misma.

Arquitectura, con su habitual atuendo de leñador, estaba en el jardín tratando de reanimar a los vegetales que allí se encontraban.

Era una mujer alta y vigorosa, siempre lucía una coleta que agarraba su pelo castaño y en una de sus orejas descansaba un carboncillo, como el lápiz que se coloca un carpintero.

—¡COLUMNAS! ¡No hay manera de que crezcan! — exclamó Arquitectura tirando al suelo un hierbajo seco.

—Hola Arquitectura, te presento a Júlia, la Elegida — dijo Karnaut . Arquitectura la miró con desconfianza.

—Acércate, Elegida —dijo Arquitectura con recelo—. Toca esta planta, acaríciala y rézale a Naturaleza. —Júlia miró extrañada a Arquitectura y luego a Karnaut con preocupación.

—Eh… ¿Y qué digo? —titubeó la chica.

—No lo sé, tú eres la Elegida —dijo Arquitectura irónicamente, mientras Karnaut miraba con gesto serio.

—Hola plantita, ¿qué te pasa? ¿Estás bien? —preguntó Júlia acariciando a una seca mata que no levantaba un palmo del suelo.

—¡No! A la planta no, a Naturaleza —corrigió Arquitectura enfadada.

—Vale, vale, tranquila —contestó Júlia.

—No estoy tranquila, te han traído aquí, te han presentado a todos y ni siquiera han comprobado que seas realmente la Elegida —dijo cada vez más exaltada Arquitectura.

—¿Comprobar? —preguntó extrañada Júlia.

—¡Haz lo que digo!

—Está bien, pero no me vuelvas a gritar, por favor.

—Júlia respiró profundamente y comenzó a hablar—.

Naturaleza, supongo que esta planta casi muerta es como un pelo de tu cabello, soy Júlia, por aquí dicen que soy la Elegida, un alma limpia me ha dicho Evolución, y no sé muy bien qué tengo que hacer para convencer a Arquitectura de ello, ¿me puedes ayudar?

Tras las palabras de Júlia, no sucedió nada, Arquitectura empezó a montar en cólera, recriminando a voces a Karnaut cómo podían haber llevado a una humana extraña a su hogar sin cerciorarse primero de que ella era el alma limpia.

Karnaut , que mantenía su estado normal sin la más mínima reacción ante los gritos de Arquitectura, la frenó en mitad de su porfía y la invitó a mirar el brote seco.

Estaba empezando a enverdecerse y a crecer.

Cuando la pequeña planta revivió, todo el jardín la siguió, hasta volver a tener el color y esplendor que solía lucir otrora, indomable.

Frutales, arbustos, flores, el jardín era pequeño, pero hervía de diversidad, tanto vegetal como animal, ya que mariposas, abejas, libélulas, pequeños mamíferos y multitud de aves volvían a merodear por él, incluso las lianas de las plantas trepadoras subieron hasta lo alto del edificio, cubriéndolo de un manto esmeralda.

Arquitectura empezó a llorar, todas las ventanas que daban al jardín se llenaron de las Artes que miraban con ilusión y amparo esta hazaña.

—No me lo puedo creer, eres tú de verdad —marmulló entre sollozos Arquitectura.

—¿Esto lo he hecho yo? —dijo Júlia con incredulidad.

—Naturaleza te ha respondido. ¡Esta noche habrá fiesta! ¡Como invitada especial, Júlia! ¡Alma limpia! — gritó Karnaut para que todos oyeran la invitación.

Todas las Artes empezaron a vitorear a Júlia y a corear su nombre.

Ese día habría una celebración especial. El mundo estaba empezando a cambiar.