Júlia y los Creadores. Cambiar o Morir 2 El primer día
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2 El primer día

El primer día

Todos nos ponemos nerviosos en nuestro primer día, ya sea en el colegio, en la universidad o en el trabajo resulta inevitable imaginarse escenarios en los que algo sale mal y nos invade el miedo ante la posibilidad de una tarea concreta que no sepamos afrontar.

En mi caso no pasó eso, ya que nací siendo lo que soy, se podría decir que vine al universo para hacer lo que hago y te preguntarás, ¿para qué sirve un Creador que representa la verdad?

Te tengo que confesar que no estoy muy seguro, ya que desde la Gran Guerra no me he movido de aquí, desde donde escribo esta historia.

Lo único que puedo asegurar es que cualquier enemigo de los Creadores me quiere en su equipo, sería para ellos una especie de espía.

En conclusión, creo firmemente que todos estaríamos mejor sin mí, más seguros.

Pero no me quiero desviar del tema, ya habrá ocasión de conocernos mejor.

Quédate con lo importante: vine al mundo con un propósito ya establecido.

¿Podríamos decir que, como yo, Júlia nació para ser algo así como una salvadora?

Me podría poner científico e incluso filosófico para abordar este tema, aportando datos y pensamientos profundos, pero, como soy quien soy, te lo diré con total certeza, sí, un enorme sí.

Pero ¿Júlia estaba nerviosa? Por supuesto, ni siquiera durmió esa noche, se pasó horas de un lado a otro de la cama, víctima de la agripnia, o como diríais los humanos, comiendo techo, con los ojos como un búho, a ratos dormitando, pero no conseguía conciliar el sueño y el tiempo pasaba lento.

Y esto tan solo es lo que se percibía desde fuera, pero si pudieras mirar dentro de su cerebro verías como su cuerpo estaba quieto en comparación con su mente.

No te imaginas la cantidad de situaciones que se le vinieron a la cabeza, claramente todas terroríficas y pesimistas fruto de la enorme responsabilidad con la que Evolución había vestido su deber con el universo.

Desde mi punto de vista, Evolución no manejó demasiado bien la situación, aunque hay que comprenderle, estaba entusiasmado y quizá se le fue un poco de las manos.

Ese día amaneció con una Júlia que no había dormido nada.

Su mente estaba agotada, la escasa información que Evolución le había dado se mezclaba con los escenarios que su mente había imaginado durante la noche.

Cerró los ojos fuertemente intentando ordenar sus pensamientos, imposible.

Se dijo a sí misma que todo debía haber sido un sueño, de nuevo imposible, si no había conseguido pegar ojo en toda la noche.

Frenó en seco toda la mezcolanza de ideas que no llevaba a ninguna parte.

Evolución le había dicho «sigue tu vida normal hasta que yo vuelva» eso hizo.

Se levantó temprano cansada de dar vueltas en la cama, se miró en el espejo que también hacía las veces de puerta en su armario y notó el cansancio en su rostro, sus ojos estaban hinchados y algo rojos y bajo ellos se dibujaban unas ojeras nada habituales en ella.

Abrió el armario y seleccionó un conjunto deportivo.

Tras vestirse y refrescarse la cara, colocó sus auriculares en los oídos y se dispuso a dar una vuelta corriendo.

A pesar de que el hermoso arte de la música entraba en su mente, ella no podía parar de darle vueltas a su futuro ¿Esto es muy grave?

¿Voy a estar a la altura? ¿Y mi familia?

¿Qué pasa con mis padres? ¿Tendré que contárselo?

¿Desapareceré sin dar explicaciones a nadie?

Muchas eran las preguntas que rondaban la mente de Júlia.

En tanto que corría, abstraída en sus pensamientos, apareció de repente una persona y Júlia chocó con ella.

—Perdona, Júlia —dijo la persona mientras ayudaba a Júlia a levantarse.

—¿Quién…? —dijo Júlia dolorida por el golpe y frotándose la cabeza. —¡Evolución! ¿Ya has vuelto? ¡No me ha dado tiempo a seguir con mi vida normal! —exclamó.

—Un amigo me ha dicho que no has podido dormir —le contestó Evolución.

—Sí, he pasado mala noche —comentó Júlia bostezando—. ¿Ese amigo es un Creador?

—Sí, ya te lo presentaré —afirmó Evolución quitándole importancia. —Deberías descansar.

—Tengo que ir a clase —dijo Júlia resoplando.

—Vale, pero ¿te parece que te lleve a un sitio antes de irte?

Júlia le miró con gesto perezoso y luego echó un vistazo al reloj que llevaba en su muñeca izquierda.

—Bueno, de acuerdo —resolló exhausta.

Evolución sacó de su bolsillo otra piedra de color verde. Tenía un par de grietas, aunque poco profundas. La frotó y apareció frente a ellos un gran vórtice donde las tonalidades verdosas se arremolinaban creando una hipnótica espiral.

—Esta piedra te puede llevar a cualquier lugar del universo, solo tienes que imaginártelo, frotarla y atravesar el portal. —Júlia se quedó pasmada.

Evolución cruzó el umbral, pero Júlia estaba paralizada, insegura, reflexionando sobre si debiera seguir a un extraño que acababa de conocer a través de una puerta mágica que ni siquiera sabía si era real.

«Estoy alucinando» se decía en su fuero interno.

Sin embargo, su curiosidad fue más poderosa que su miedo y cruzó.

Las piedras que ya has visto usar a Evolución, son trozos de Universo.

Bonlur es su nombre en gluboniano. No te imagines que Universo se cortó un dedo y que eso son los cristales.

Los Creadores somos seres sin cuerpo ni forma física, somos más bien una gran masa de energía.

Estas piedras guardan una ínfima parte de la energía de Bonlur .

Las piedras provienen de Mitzthatz , el hogar de los mitzrar , el planeta del mitz , que es algo así como la magia.

Pero no la idea de magia que seguro que tienes preconcebida, ya profundizaré en el tema, ahora solo puntualizaré que el mitz es uno de los ocho elementos, que tiene la capacidad de transformarse en los otros elementos.

Supongo que ahora estarás confuso, ¿ocho elementos?

¿Pensabas que solo eran cuatro? ¿Pensabas que eran docenas de ellos? Aún tengo que contarte muchas cosas.

Volviendo al asunto de los cristales, como ya he dicho, vienen de Mitzthatz , literalmente, el planeta de la magia, es decir, del mitz .

Las piedras están hechas de este elemento y los mitzrar , los seres que usan el mitz , las extraen de unas interesantes montañas.

Ellos descubrieron que podían almacenar energía de otros Creadores, contener poderes absolutos e incluso usarlos.

Evolución y Júlia aparecieron en una posición elevada, un mirador desde donde se veía toda la ciudad.

Sol estaba dirigiéndose a su punto más alto en un cielo despejado y Júlia contempló el panorama que tenía frente a ella.

—Ya sé que es la tierra la que se mueve, pero me he concedido una licencia poética—.

—¿Por qué me has traído aquí? —preguntó Júlia un tanto aturdida tras el fugaz desplazamiento.

—Observa atentamente —dijo Evolución señalando la ciudad—, a un lado, un ecosistema urbano, edificios enormes, mucho ruido, estrés y contaminación.

Al otro lado —continuó Evolución señalando en dirección al amplio prado y los montes que se extendía del alejado descontrol de la metrópolis—, Naturaleza que crece salvaje y libre, tranquila, en paz y con aire limpio.

—Claro, si usas esas palabras… —dijo Júlia con ironía.

—Calla y escúchame —interrumpió Evolución con seriedad.

—Como ya te dije ayer, no tenemos mucho tiempo para instruirte, así que voy a intentar abrirte los ojos sobre tu especie de forma brusca.

—Evolución le puso las manos en los hombros y dirigió a Júlia para que se sentara en un banco de madera que había en el mirador, él se sentó a su lado para continuar departiendo—.

Más de ocho mil millones de personas habitan este planeta, en poco tiempo la población alcanzará el doble de la capacidad de la Tierra para ofreceros recursos, que curiosamente se concentran en los lugares más prósperos.

En consecuencia, hay hambre, guerra y enfermedades, que pensándolo bien…

—paró un momento Evolución pensativo mirando hacia otro lado— evitan que se disparen los individuos, porque el hambre, la guerra y las enfermedades provocan la muerte.

Pero tampoco es justo que estas desgracias solo acontezcan en ciertos lugares concretos, creo que los llamáis países poco desarrollados.

—Pero esos son problemas que pienso que no tienen solución —comentó Júlia desanimada—.

La mayoría de las personas solo piensan en sí mismas, en conseguir éxito y ganar dinero, es lo único que las mueve y, mientras tanto, hay lugares en los que la gente muere de hambre y los demás nos conformamos con donar algo de dinero a las ONG para acallar nuestras conciencias cuando miramos hacia otro lado.

—Júlia se enfurecía a medida que hablaba—.

Sin mencionar a los políticos que se despreocupan por completo, que solo acogen a inmigrantes para dárselas de altruistas mientras su propio país es un caos, los ciudadanos están en paro, no reciben ninguna ayuda y los que deberían velar por su bienestar, roban su dinero y siguen subiéndoles los impuestos y luego alucinan cuando aumenta la delincuencia o cuando la gente se marcha a buscarse la vida en otro país; porque ya no saben cómo ganarse la vida y no todos tenemos la opción de pedir ayuda a familiares y amigos, es todo un sin sentido.

Evolución no pudo más que guardar silencio a aquellas duras palabras de Júlia y la observó unos minutos mientras ella concentraba su mirada y su pensamiento en el contraste paisajístico de aquel lugar.

—Vaya, no he tenido que abrirte mucho los ojos — interrumpió Evolución el silencio—. Y si todo eso ocurre

¿Por qué el pueblo no dice basta? ¿Por qué no les expresáis a los gobernantes vuestras penurias?