1 En busca de un alma limpia #2
En ese momento, oyó al profesor decir «Evolución» e inmediatamente centró su atención en él. Estaba explicando la Teoría de la Evolución de Charles Darwin, de ahí que el nombre de Charles estuviera en aquella pantalla de tela.
—Perdona, te dejo que atiendas la clase —se escusó Júlia con una sonrisa mientras se volvía a escuchar la lección.
El profesor siguió con la sesión durante aproximadamente una hora y Evolución atendió la ponencia con interés ya que, de hecho, le estaba resultando bastante acertada.
Por cierto, Evolución no conocía en profundidad a los humanos porque los Creadores se separaron de vosotros, bueno, más bien os dejaron libres hace mucho tiempo, antes incluso de que los humanos crearais la historia.
—Hasta aquí la clase de hoy, hasta mañana. —El profesor apagó el aparato del techo, borró la pizarra y se marchó. Acto seguido, todos los alumnos recogieron sus cosas y salieron creando un ligero bullicio. Antes de levantarse, Júlia le preguntó al nuevo alumno:
—Eres nuevo, ¿verdad?
—Sí, acabo de llegar —contestó Evolución.
—¿Vienes de fuera? ¿De dónde eres? —apabulló Júlia a «Charles».
—Soy de… —Evolución no quería que le descubriese tan pronto y tampoco sabía ni cómo ni porqué los humanos separaban sus tierras, así que escogió un país que había escuchado decir al profesor—. Inglaterra, soy de Inglaterra.
—Anda, pues no tienes acento, ¿vives aquí desde hace tiempo? —continuó Júlia el interrogatorio.
—Mmm, sí, sí… —respondió Evolución.
—Me gusta tu gabardina marrón —comentó Júlia con una sonrisa.
—Gra… gracias —tartamudeó Evolución algo cortado—. Digamos que es un emblema familiar.
—Bueno, mis amigos y yo vamos a ir a la cafetería de la facultad a tomarnos algo ¿te apuntas?
—Claro, gracias.
Evolución no había tomado nada humano desde hacía mucho tiempo, pero quería estar lo más cerca posible de Júlia, por primera vez sentía esperanzas de encontrar un alma limpia, no podía perderla de vista, así que los dos se levantaron y fueron hacia la cafetería.
Como si se tratase de una cámara, el proyector del aula conducía a una parte del mundo muy inhóspita.
Ya te dije que los Creadores nos sentimos incómodos frente a tecnologías humanas, y con razón.
Al otro lado del proyector, se encontraba Tecnología, un Creador humano rebelde.
Este era antaño un humano, aunque ahora poco le quedaba de su antiguo ser: su brazo derecho, su pierna izquierda, su vientre y la parte superior de su cabeza, incluido su ojo derecho, eran completamente mecánicos.
Era lo que los humanos llamaríais un ciborg.
No es que el proyector fuera una cámara, sino que Tecnología tiene un gran poder en este planeta, sobre todo en esta época donde todo el mundo lleva un teléfono encima. Tecnología puede estar presente en cualquier parte del mundo donde haya aparatos humanos.
Antes de seguir, me gustaría explicarte que los nombres que te presento de los Creadores son traducciones aproximadas de sus verdaderos nombres, los cuales provienen de una lengua muy antigua, el gluboniano, ya te contaré más cosas sobre ella.
Para no confundir en este escrito los nombres traducidos con los objetos a los que representan, como es el caso de Tecnología y la tecnología, utilizaré otras traducciones en idiomas humanos, motes cariñosos usados por otros Creadores o incluso usaré los nombres originales.
El verdadero nombre de Tecnología es Ghurzlin , pero mejor lo llamaremos Mecanos, me es más familiar, ya te dije que los Creadores tenemos muchos nombres.
Mecanos es uno de los hijos del primer humano de la tierra, Anthropos, otro Creador humano rebelde, cuyo verdadero nombre es Arhzlin .
Lin es el nombre que los glubonianos les dieron a los humanos, arhz significa «uno o primero» y ghurz significa «metal».
Anthropos estaba destinado a ser un líder que protegiera el equilibrio del mundo, pero desde que fue invadido por la oscuridad y recluido en este planeta, lleva siglos intentando buscar una manera de ser libre.
Mecanos y Anthropos se encontraban arropados con pieles de osos en una enorme y gélida cueva de Siberia.
Allí solo había hielo. El suelo estaba recubierto de estalagmitas de todos los tamaños y formas y, donde no había estalagmitas, la superficie se escondía bajo una gruesa capa de nieve en polvo.
Las paredes se alzaban hasta un techo, a unos diez metros de altura, que dejaba caer pequeñas gotas de agua que con el paso de los años formaron puntiagudas estalactitas.
Aquella caverna era como una gigantesca mandíbula de una abominable bestia con afilados colmillos cristalizados.
Anclada a una de las paredes, había una enorme pantalla que le permitía a Mecanos estar en contacto con el resto del mundo y, justo en frente, una gran silla helada donde se encontraba Anthropos, furioso, aunque cabizbajo.
—¿Ese es Evolución? —dijo Mecanos repitiendo las vocales como si fuera un tartamudo, con su característica voz robótica.
Entonces Anthropos levantó la mirada y, al reparar en lo que la presencia de Evolución en la Tierra significaba, esbozó una sonrisa malvada y contestó:
—Sííííí… —Un sí mantenido, se le llenaba la boca al decirlo. Anthropos cayó en la cuenta de que uno de los Creadores estaba hablando con una humana, algo que no pasaba todos los días.
Entretanto Evolución, cuyo nombre en gluboniano es Thitz , entró en la cafetería nervioso, mirando a todas partes.
La forma de la cafetería era la de un rectángulo alargado acristalado, cuyos ventanales apuntaban a la terraza situada en el centro de la facultad donde estudiaba Júlia.
En su interior había unas cuantas mesas y una barra ancha que recorría toda su longitud.
La buena temperatura hacía que las mesas de la terraza estuvieran abarrotadas de jóvenes estudiantes despejando sus mentes antes de volver a las clases.
—Mira Charles, estos son mis amigos, este es Daniel, fuimos juntos al instituto —dijo Júlia poniéndole la mano en el hombro a Daniel. Este le dijo a Evolución «encantado» y le tendió la mano para saludarle—. A los demás los conocí aquí. Ellas son Emma y Sara.
—Encantadas —dijeron las dos a la vez mientras se levantaban para darle dos besos en la mejilla a Evolución. Él se extrañó un poco, ¿sería otra forma de saludarse?
—Y estos son David —siguió presentado Júlia.
—Hola, ¿Qué tal? —dijo David tendiendo la mano.
—Y Marc. —Júlia terminó de presentar a sus amigos.
—Encantado —extendió la mano Marc.
—Siéntate, Charles. ¿Te gusta la cerveza? —preguntó David.
Evolución no sabía muy bien que contestar, ¿cerveza? ¿Sería esa bebida amarilla y espumosa que todo el mundo bebía allí?
—Claro —respondió no muy seguro de sus palabras.
—Bien, pues voy a por un par de jarras —dijo David levantándose y dirigiéndose hacia la barra.
—Y… Charles, ¿Qué te ha traído por aquí? ¿Estás de Erasmus? —hurgó Emma en la vida de «Charles».
Evolución tampoco sabía quién o qué era esa tal Erasmus. Pero sin dudarlo dos veces dijo: «¡Sí!».
—¿Cuánto tiempo vas a estar por aquí? —siguió Marc el interrogatorio.
—Esto… —dijo Evolución saturado por tantas preguntas—, sintiéndolo mucho voy a tener que marcharme.
—¡Vale! Nos veremos mañana —contestó Júlia. Los demás alzaron la mano para decir adiós y Evolución los imitó.
Salió de la cafetería con celeridad y se fue en busca de un lugar donde nadie le viera. Sacó de su bolsillo una pequeña piedra semitransparente de color verde, frotó suavemente el cristal con el dedo pulgar y apareció una esfera verdosa llameante semejante a un sol cetrino.
—He encontrado a la elegida. Es perfecta —aseguró entusiasmado Evolución—. La he visto defendiendo un templo de Thrithri y en el hogar de la sabiduría estudia una orientación ambiental. No sé si será la que describen las profecías, pero es la más parecida que he encontrado.
—Bien, bien —dijo el sol verde, dando la sensación de que palpitaba conforme pronunciaba sus palabras—. Siento decirte esto Thitz , pero no disponemos del tiempo que habíamos previsto, Lanyur nos anima a apostar por esa chica.
Lanyur es Tiempo, uno de los tres Creadores Superiores, poco a poco irás conociéndolos a todos.
—De acuerdo, aceleraré las presentaciones —concluyó Evolución.