Julia ¿Dónde estás? 9. CATA #6
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9. CATA #6

Ella apura el té frío. Cuando regresan al despacho, Jordi pone la radio a un volumen discreto.

Cata vuelve a sus papeles. Antes de sentarse, él le pasa una mano por el hombro.

No necesitan hablar del día en que comenzó su relación de compañeros ni del tiempo en que él todavía la llevaba al colegio.

La intimidad de la casa ha hecho durante veinte minutos lo que ninguna diligencia puede hacer: recordarles que la vida existe fuera de los nombres escritos en una carpeta.

Al día siguiente Cata vuelve al trabajo con la misma obstinación, menos cansada y sin una respuesta milagrosa. En su mesa la esperan documentos bancarios, declaraciones y el nombre de una persona que León dejó escrito donde nadie lo entendía todavía.

***

Al terminar la reunión, Cata pide a Julia y a Brigitte que permanezcan unos minutos más. Extiende sobre la mesa un esquema con tres columnas: lo que ambas han visto directamente, aquello que León dejó documentado y las interpretaciones que todavía necesitan comprobarse.

—No voy a pedirles que reconstruyan el método del científico como si fueran sus dos mitades perdidas —dice—.

Quiero que distingamos el camino para llegar a los documentos del derecho a acceder a ellos.

Ahora sabemos que Isabella es Brigitte, pero aún no conocemos qué dejó su padrino ni en qué condiciones.

Andrius señala un apartado de la carta recibida por la francesa.

—He consultado los mecanismos de custodia aplicables.

Los datos de Julia pueden ayudar a identificar la referencia que figura en la documentación de León.

Brigitte tiene una designación que debemos acreditar.

La entidad revisará la solicitud y nos comunicará los requisitos.

No bastará presentarse pronunciando el nombre secreto.

—Lo había imaginado —responde Julia—. La primera vez me cerraron la puerta con toda la educación del mundo.

—Y hicieron lo que debían —replica el abogado—. Si cualquier persona pudiera retirar una caja a fuerza de conocer una palabra, los bancos serían lugares muy entretenidos y terriblemente breves.

Brigitte pasa un dedo por las dos eles de Isabella, escritas en la hoja que Julia recuerda de Sants.

—Él utilizaba ese nombre solo cuando quería convertir una cosa seria en un juego. Pensé que lo había olvidado desde que cumplí quince años.

Julia la observa.

—¿Por qué no te contó que estaba terminando algo fuera de NEXORA?

—No lo sé. Quizá quiso protegerme. Quizá supuso que si me lo decía tendría que pedirme que guardara un secreto con el que yo no había consentido cargar.

—¿Y ahora quieres hacerlo?

—Ahora quiero saber qué hay, con la posibilidad de decir después que no.

Cata recoge una de las hojas. Debe resistir la tentación de convertir aquella confianza en una autorización implícita para investigar por cualquier medio.

Explica qué documentos se agregarán a las diligencias, cuáles son privados y qué parte corresponde verificar a la entidad financiera.

Andrius toma nota de las condiciones y promete informarles cuando tengan una respuesta.

En el pasillo, Julia se acerca a Brigitte. Las dos han pasado gran parte de la semana hablando de León a través de intermediarios. Ahora se encuentran sin preguntas policiales de por medio.

—No tienes por qué contarme nada cuando abras lo que dejó —le dice Julia.

—Quiero hacerlo. No porque te lo deba como una deuda, sino porque fuiste tú quien mantuvo viva una pregunta que él ya no podía formular.

Julia asiente. Piensa en Sali y José María, en lo cerca que estuvo de entregar la palabra a Mikel para dejar de tener miedo.

Una semana atrás habría considerado la confianza un lujo infantil.

Ahora empieza a verla como algo que dos personas pueden construir despacio, sin asegurarse de antemano que saldrá bien.

***

Esa noche, Jordi encuentra a Cata ante una pared donde ha dispuesto los nombres de personas y sociedades en columnas separadas. No hay flechas que unan todas las caras en un único culpable. Hay documentos, movimientos de dinero, declaraciones y un homicidio con un sospechoso detenido.

—¿Ya lo tienes? —pregunta.

—Tengo tres historias que se tocan —responde ella—. Un proyecto científico que alguien quiso controlar, unas empresas que se aprovecharon del desorden y un grupo que secuestró y mató para obtener algo que no encontraba. Si las mezclamos sin pruebas, perderemos las tres.

Jordi contempla los papeles. Beatriz, Max, Néstor y Vicente siguen ocupando su lugar entre los consejeros; Carolina figura en otra columna, Sébastien en una tercera. Sandra y Aarón aparecen como fuentes que deberán ser contrastadas, no como testigos absolutos. Mikel tiene ya un expediente propio.

—¿Y lo que nos falta? —pregunta el inspector.

—Saber quién dio cada orden, quién cobró cada pago y qué llevaba realmente León tan lejos de los documentos de NEXORA.

Jordi recoge su chaqueta.

—Entonces mañana seguimos.

Cata apaga la luz del despacho. Por primera vez sabe por qué León había escrito Isabella. La respuesta abre una puerta que todavía no está autorizada a cruzar.