Julia ¿Dónde estás? 9. CATA #4
84%

9. CATA #4

No la obtiene. Más tarde, cuando le muestran la referencia al arañazo que León dejó a su agresor, el detenido lleva la mano hacia una marca antigua cerca del cuello.

Cata anota el gesto sin atribuirle significado probatorio.

Nada de lo que hace con los dedos sustituye el informe de los especialistas forenses que siguen esperando.

La abogada solicita finalizar la entrevista.

Jordi accede y deja claro qué comprobaciones continuarán por las vías correspondientes.

Al salir, Cata oye que Mikel llama a la letrada con una voz más baja.

Quiere saber si han encontrado a alguien más.

No pregunta quién. Esa ausencia de nombre resulta inquietante, pero no es una confesión.

—¿Crees que llegará a hablar? —pregunta Cata mientras recogen sus documentos.

—No sé si tiene algo que ganar hablando —responde Jordi—. Y no pienso darle una biografía al hombre que nos ha negado hasta su dirección. Tendremos que construirla nosotros.

***

En FILEXA, Carolina contempla las copias de las pruebas entregadas por Laia. Brigitte está sentada al otro lado de la mesa, con la chaqueta todavía puesta. Las dos han recibido noticias del rescate y saben que Mikel está detenido.

—Quiero que la policía tenga la grabación del incidente —dice Brigitte.

—Se la hemos ofrecido desde el primer día. Y voy a conservar todo lo relacionado con aquel visitante, por mi propio interés.

—¿Sigue negociando con Moreau?

Carolina tarda en responder.

—Mis abogados han parado la negociación con Moreau. No voy a destruir las cartas ni fingir que nunca lo recibí.

—¿Y los módulos de Néstor?

—Ese problema no desaparece porque haya otro mayor. Tendré que responder por lo que compré. Lo sabía cuando lo compré.

Brigitte la observa. Carolina podría inventar una excusa y no lo hace; eso no la vuelve inocente.

—León decía que un error reconocido a tiempo siempre es más barato que un éxito falso —recuerda Brigitte.

—León tenía la irritante costumbre de tener razón cuando ya no nos convenía —responde Carolina.

Laia entra y comunica que ya pueden seguir trabajando sin algunas de las piezas de origen dudoso, aunque más despacio. Carolina acepta el retraso. Antes de que Brigitte se marche, le ofrece terminar su colaboración o abandonarla sin penalización.

—No le voy a exigir valor para justificar mi contrato —dice.

—Me quedaré hasta cerrar las pruebas —contesta Brigitte—. Después decidiré qué hago con el trabajo de mi padrino.

***

En NEXORA, los consejeros reciben la orden de conservar sus documentos y atender nuevas citaciones. Beatriz protesta, Max pregunta por sus antiguas reuniones con León, Néstor reclama a su abogado y Vicente ofrece una colaboración tan sonriente como difícil de interpretar.

Cata repasa las declaraciones. Max admite que León le había hablado de denunciar ciertas compras, pero sostiene que nunca lo oyó acusar a nadie de preparar un asesinato.

Elena Rius le propone cruzar la cronología de contratos con la de los encargos de vigilancia de Aarón. Cata acepta con una cautela.

—Quiero saber si hay coincidencias verificables —dice—. Pero si alguien pagó una comisión el martes y hubo una llamada a un número desconocido el miércoles, eso no significa que comprara un asesinato. Hagamos primero el trabajo aburrido.

A media tarde, Beatriz comparece con su abogado. Lleva un traje gris sin adorno y el cabello recogido con una severidad que Cata no le había visto antes.

—No voy a hablar de otros socios por conjeturas —advierte al sentarse.

—No le pediré conjeturas. Quiero preguntarle por una reunión con León y por la documentación que usted autorizó después.

Beatriz admite una discusión sobre presupuestos y se esfuerza en recordar sus palabras sin reproducir una versión conveniente. Niega haber ordenado vigilarlo. Cuando Cata menciona a Aarón, la presidenta mira hacia la puerta.

—Trabajaba para mí en algunos asuntos —dice—. No respondía de cada movimiento que hacía.

—¿Le pidió informes sobre León?

—Pedí saber con quién se reunía, cuando surgieron problemas de confidencialidad. No le ordené que siguiera a un hombre para facilitar su muerte.

Cata apunta ambas afirmaciones por separado.

Una no demuestra ni desmiente la otra. La entrevista termina sin que la empresaria muestre arrepentimiento espectacular; antes de salir pregunta cuándo podrá regresar a dirigir sin tener periodistas en la puerta.

La subinspectora le responde que esa decisión no pertenece a su despacho.

Al quedarse sola, Cata revisa las notas sobre los otros tres consejeros.

Max tiene razones para ocultar dinero; Néstor, información tecnológica; Beatriz, una estructura de autorizaciones que la compromete.

Vicente ha respondido de forma más difusa sobre la continuidad de la empresa y sus relaciones de negocios.

Cata no convierte la diferencia en un indicio de mayor culpabilidad.

Todavía falta mucho para saber quién puso en marcha la violencia y quién se limitó a aprovecharse del desorden.

***

El resultado preliminar del cotejo biológico llega a la mesa de Jordi en un sobre que el inspector abre con Cata presente.

No hay triunfos anticipados. El perito ha comparado la referencia obtenida legalmente del detenido con restos recuperados durante la autopsia de León.

Los perfiles examinados son compatibles según el informe técnico, que debe sostenerse en su documentación completa y en el resto de los indicios.

Un segundo especialista entra en el despacho después de que Cata y Jordi hayan leído el resumen del cotejo.

Lleva una carpeta azul y no tiene ninguna intención de convertirse en el protagonista de una revelación televisiva.

Explica cómo se recogieron, conservaron y analizaron las muestras disponibles y qué límites tiene el resultado en relación con el tiempo del contacto.

—Lo que indica el perfil —precisa— es compatibilidad con la referencia del detenido, bajo las condiciones que constan en el informe. Lo demás lo tendrán que probar ustedes. No podemos afirmar por una muestra cuándo se produjo el contacto ni por qué se produjo.

Jordi coloca sobre la mesa la fotografía de los arañazos que se documentaron en la autopsia de León.

—¿La localización puede ser coherente con una resistencia durante una agresión?

—Puede ser coherente. No es la única explicación imaginable de una transferencia. Necesitaríamos considerar el conjunto de lesiones, la escena, las fechas de muestreo y los testimonios que existan.

—¿Ha podido haber contaminación? —pregunta Cata.

El especialista no parece ofendido. Explica los controles realizados, las muestras de referencia y la documentación de cada manipulación. Señala dónde constan las verificaciones y qué deberá ratificarse si se le solicita en sede judicial.

—Quiero que lo expliquen así —dice la subinspectora—. Sin una frase de titular que después no sepamos defender.

—En el laboratorio también tenemos problemas con los titulares —responde el perito—. Algunos creen que nosotros ponemos la palabra «culpable» al final de un resultado. No existe esa casilla.

Jordi sonríe sin apartar la vista del informe.

Hace días que espera poder hablar de la muerte de León con algo más sólido que una sucesión de intereses empresariales.

La noticia pesa, pero no le permite descansar.

Si Mikel atacó al científico, falta demostrar quién le encargó hacerlo y cómo se conectó ese encargo con el intento de apropiarse de su trabajo.

—Muchas gracias —dice al especialista—. Ha conseguido darnos una respuesta y tres deberes.

—Entonces la reunión ha sido productiva.

Cuando el hombre se marcha, Cata incorpora al esquema de relaciones una nueva línea.

No une directamente a todos los consejeros con Mikel.

No tiene una razón probatoria para hacerlo.

Mantiene cada relación con el grado de certeza que le corresponde y deja un espacio vacío donde todavía no hay nombres.

—Esto nos sitúa a Mikel en contacto físico con León —dice Cata—. Ahora tenemos que establecer cómo, cuándo y con qué testigos o registros podemos corroborarlo.

—Y no confundir al ejecutor con quien dio la orden —añade Jordi.

—Las llamadas atribuidas a Moreau, los movimientos de Mikel y el testimonio de Julia permiten investigar esa relación. Todavía necesitamos acreditar cada enlace.

Jordi posa el documento junto a la fotografía de León.

—Al menos ya no estamos obligados a escuchar que quizá se arañó solo.

Cata casi sonríe.

—Papá, no pongas eso en el informe.

—Inspectora Blanc, yo solo escribo cosas aburridas. Mis mejores frases me las reservo para casa.

***

La redacción de La Barcelona d’Avui recibe a Julia sin aplausos organizados.

Rosana ha pedido expresamente que nadie convierta su regreso en una noticia interna.

Hay un vaso con flores sobre la mesa, una carpeta de recortes que los compañeros le guardaron y una silla cuyo respaldo alguien reparó durante su ausencia.

—Pensaba que me habríais robado la grapadora —dice Julia al entrar.

—Lo intentaron —responde Rosana—. Pero les dije que había vuelto de una investigación peligrosa y que seguramente sabrías utilizarla como arma.

Julia sonríe. Luego mira el cristal que separa la redacción del pasillo por el que habían entrado los falsos técnicos. Sigue siendo el mismo edificio y, sin embargo, el sonido de una puerta metálica le hace volverse demasiado deprisa.

—No tienes que quedarte hoy —dice Rosana.

—No vengo a trabajar. Necesitaba ver que esto seguía aquí.

Andrius aparece con un sobre de correspondencia que nadie ha querido abrir sin Julia. Se queda en el umbral al advertir que las dos mujeres están en mitad de una conversación.

—No me miren así —dice—. He venido por una autorización para conservar algunos documentos. Desde que casi me mata un hombre en el puerto, tengo un enorme interés por los procedimientos correctos.

Rosana se echa a reír.

—Has conseguido convertir tu valentía en un argumento para pedir firmas.