Julia ¿Dónde estás? 6. FILEXA #9
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6. FILEXA #9

El siguiente consejo reducido de NEXORA se celebra sin cámaras de prensa y con una única botella de agua por asiento.

Beatriz ha convocado a Vicente, Max y Néstor para decidir cómo responderán a la pérdida de León, a las solicitudes de documentación y a la suspensión de determinadas pruebas de ARGOS.

Sandra deja las carpetas sobre la mesa y se dispone a marcharse, pero Beatriz la detiene.

—Quédate por si necesitamos consultar los expedientes.

Sandra asiente y se sienta junto a la pared con la libreta cerrada. Aarón no está. Beatriz ha pasado dos veces por su despacho sin encontrarlo y la irritación se refleja en el modo en que alinea los vasos sobre la mesa.

—Vamos a ordenar esto —empieza—. Nadie presenta resultados comerciales nuevos sin revisión técnica. Nadie destruye documentos y nadie responde en nombre de toda la sociedad por una llamada de un periodista.

—¿Lo último va por mí? —pregunta Max.

—Va por cualquiera que crea que una amistad de veinte años autoriza a explicar a la prensa cómo funciona un prototipo reservado.

Max adelanta la silla.

—No he vendido ni una palabra del trabajo de León. Le dije a una periodista que habíamos discutido, y no voy a fingir que fue distinto.

—Perfecto. Entonces podemos pasar al apartado donde explicas por qué hay dos órdenes de compra para un mismo componente —replica Beatriz.

—Porque hubo que sustituir una versión defectuosa. Y tú firmaste la modificación.

—La firmé sobre tu informe.

—Eso lo sabrá todo el mundo cuando enseñemos las fechas completas.

Néstor se aclara la garganta.

—Si vamos a ventilar cada compra, empezad por definir qué pertenece realmente a la línea experimental y qué es software de uso general. Estoy cansado de que se hable de ARGOS como si León hubiera inventado todos los algoritmos del planeta.

—Nadie ha dicho eso —responde Beatriz—. Lo que necesito es un inventario de derechos que pueda defenderse.

—El inventario existe. Lo que no existe es un criterio único. Algunas herramientas se desarrollaron en equipos diferentes y las licencias se solapan.

—¿Se solapan con FILEXA? —pregunta Max.

Néstor lo mira con frialdad.

—Mis acuerdos con terceros se están revisando. No voy a adelantarle la interpretación que darán los abogados.

—¿Acuerdos con terceros de qué empresa? —insiste Max—. ¿De la tuya o de la nuestra?

Vicente levanta una mano. Tiene un vaso de agua en la otra y la expresión de quien lleva varios minutos esperando una pausa razonable.

—Si queremos que venga la policía, podemos invitarla directamente y ahorrarnos esta representación —dice—. Yo había entendido que estábamos aquí para decidir cómo sigue trabajando la gente que no ha tenido la mala suerte de acabar en las noticias.

—Estamos aquí para decidir qué podemos pagar —contesta Beatriz.

—Entonces necesitamos una cifra, no cuatro culpables provisionales. ¿Cuánto queda disponible sin comprometer nóminas?

Beatriz consulta un resumen de tesorería.

Max pide que se separen los suministros esenciales y Néstor reclama recursos para mantener funcionando la plataforma.

La discusión se desplaza de las acusaciones a los plazos y a las firmas que ninguno quiere asumir solo.

Sandra toma nota de las cifras que escucha, sin añadir las que tiene en su propia carpeta.

—No estamos cerrando la empresa —afirma Beatriz al final—. Pero tampoco fingiremos que mañana podemos enseñar un resultado de León que nadie aquí es capaz de reproducir.

—Tendríamos que haberlo escuchado antes —dice Max, sin elevar la voz.

—Lo escuchábamos hasta que se enfadaba con todos —replica Néstor.

Vicente apoya el vaso.

—Pues ahora podemos discutir entre nosotros sin que León venga a decirnos que estamos haciendo el ridículo. Ya veis qué ventaja más triste.

Nadie ríe. Beatriz mira a Sandra y le pide que prepare el acta, con las reservas técnicas y económicas de cada socio.

Cuando la secretaria sale, los cuatro permanecen unos instantes dentro de la sala.

Fuera, la jornada continúa entre teléfonos, gente que pide firmas y técnicos que siguen trabajando sin conocer la mitad de lo que se está discutiendo sobre sus cabezas.

***

Cuando Brigitte vuelve a FILEXA, el sol todavía da de lleno contra el patio y obliga a bajar parte de los estores.

Ha informado a Inés de que no continuará más allá de las horas pactadas en NEXORA y ha dejado sus notas técnicas en el sistema de trabajo autorizado, sin copiar materiales para llevárselos a la competencia.

Inés no ha celebrado su marcha, pero tampoco ha intentado impedirla.

Le ha pedido que siga preguntándose qué resultados habrían convencido a León, aunque termine haciéndolo desde otro edificio.

Carolina la recibe sin chaqueta, con una carpeta en la mano y la misma expresión de quien está acostumbrada a que las ofertas reciban respuestas distintas de las que esperaba.

—Pensé que tardaría más en decidirse —dice.

—No me he decidido por un empleo indefinido. Aceptaría tres jornadas iniciales de evaluación, con acceso delimitado a las pruebas y dejando por escrito cualquier reserva sobre el origen de los componentes.

—¿Y después?