Julia ¿Dónde estás? 6. FILEXA #7
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6. FILEXA #7

—No le estamos pidiendo que acuse a nadie —interviene Andrius cuando Rosana le pasa el teléfono—. Solo que preserve lo que grabó su sistema. La policía contactará con usted para recogerlo adecuadamente. ¿Podría facilitarles el dato de la empresa instaladora si lo solicitan?

El comerciante duda, pregunta si tendrá que cerrar la tienda y acaba aceptando. Rosana cuelga y apunta las respuestas sin convertir la figura borrosa en un hecho.

—¿Qué más podemos hacer? —pregunta.

—Recordar dónde estuvo León y qué dejó en manos de José María. Cuando hablé con él estaba preocupado. Quiso asegurar que ciertas personas recibieran comunicaciones si algo le sucedía.

—¿Brigitte?

—Entre otras gestiones, la carta para ella. La he entregado. Ha llegado a Barcelona.

Rosana se queda inmóvil.

—¿Le ha contado lo de Julia?

—Le he explicado que hay varias desapariciones vinculadas a la investigación, pero no tengo permiso para convertir sus asuntos personales en una lista de sospechosos. Ella quiere colaborar con el laboratorio de León.

—Entonces debe saber que aquí nadie desaparece por error. A mí casi me engañan esos dos imbéciles. Quiero que tenga cuidado.

Andrius la observa recoger los papeles con una determinación que le resulta contagiosa y agotadora a partes iguales.

—Hablaré con la subinspectora. Usted también puede hacerlo. No vaya sola detrás de esa furgoneta si la ve.

—La próxima vez que aparezcan los técnicos del aire acondicionado, primero les pediré el nombre y después llamaré a la policía.

—Es preferible a seguirlos por la calle.

—Eso depende de lo que vea desde la ventana —responde Rosana.

El abogado no sabe si está bromeando. Ella tampoco termina de decidirlo.

Al salir a la calle, los dos contemplan las luces de los comercios y la sucesión de taxis detenidos junto a la acera.

Rosana guarda el móvil sin dejar de mirar los vehículos blancos que pasan.

Ninguno tiene todavía un rumbo que conduzca a Julia.

***

La reunión de seguimiento de Jordi y Cata comienza con dos fotografías sobre la mesa, no con una teoría.

En la primera aparece la furgoneta que sale del polígono de la veterinaria; en la segunda, la misma rotulación parcial captada cerca de la redacción.

Una marca oscura junto a la puerta corredera coincide en ambas imágenes, pero la placa sigue siendo insuficiente para identificar un vehículo sin dudas.

Un agente de la unidad de apoyo despliega la secuencia temporal. Es joven, tiene las mangas dobladas y habla con la precaución de quien sabe que un error de minutos puede enviar un equipo a registrar el lugar equivocado.

—La cámara del comercio registra este paso a las dieciocho y treinta y cinco, hora del sistema. Hemos pedido la comprobación del desfase —explica—. La del polígono registra la salida de la furgoneta el día anterior. No tenemos continuidad entre ambos movimientos.

—¿Y el trayecto desde el periódico? —pregunta Jordi.

—Hay tramos cubiertos y otros sin imágenes. Estamos solicitando conservación de los archivos a varios establecimientos. Un vehículo parecido aparece en una vía de salida, pero no podemos afirmar que sea este.

Cata acerca las fotografías.

—Quiero separadas las coincidencias comprobadas y las que solo son posibles. ¿La marca del lateral se ve con la misma orientación en las dos tomas?

—Sí. Hemos cotejado el lado de la puerta y un golpe junto a la moldura. Es compatible, pero la resolución no permite certificar que sea la misma unidad.

—Entonces lo dejamos como compatible —dice Cata—. ¿Hay novedades de la matrícula?

—Solo dos caracteres más probables. Si filtramos por el modelo y la antigüedad, la lista se reduce, pero todavía hay vehículos suficientes como para comprobarlos por separado.

Jordi apunta algo en su libreta.

—Que nadie vaya a despertar a un propietario por una suposición. Primero documentación, después las verificaciones que podamos justificar. ¿Se ha obtenido alguna imagen del interior?

—No. Tampoco se reconoce con certeza a las personas que ocupan la cabina.

Cata pregunta por las grabaciones de la redacción, por los indicios de la veterinaria y por las horas en las que Rosana afirma haber visto a los falsos técnicos.

El agente responde una a una las preguntas; marca los documentos solicitados y las fechas de recepción.

Cuando termina, la subinspectora lo acompaña a la puerta.

—Tenemos un vehículo y movimientos que pueden estar relacionados —dice Jordi, una vez solos—. Seguimos sin saber dónde están los desaparecidos.

—Y no vamos a llenar ese hueco con imaginación —responde Cata—. La furgoneta puede llevarnos a personas concretas. Entonces habrá que probar qué hicieron y con quién.

—¿Y Sandra y Aarón?

Cata coloca sus anotaciones en una carpeta distinta.

—Sandra conoce operaciones contables que quiere documentar. Aarón ha añadido una participación propia en el problema de las grabaciones y ha solicitado abogado. Son líneas de investigación diferentes. Si se cruzan, será porque los hechos se crucen.

Jordi mira la foto de León fijada en el tablero.

—Ojalá él hubiera tenido ocasión de explicarnos qué estaba viendo.

—De momento solo podemos hablar con quienes lo conocieron. Y comprobar cuánto de lo que dicen soporta una prueba.

La subinspectora apaga la pantalla. Al salir, recibe en el teléfono un mensaje de Andrius: Brigitte Monarch ya está en Barcelona y desea hablar sobre la muerte de León.

Cata responde con una propuesta de cita para la mañana siguiente.

Ni el abogado ni la científica saben aún hasta qué punto aquella visita puede modificar los equilibrios entre NEXORA y FILEXA.

***

Néstor Cifuentes telefonea a Carolina desde un pasillo de NEXORA donde la conexión suele cortarse justo antes de llegar al ascensor.

Ha dejado una reunión con el departamento jurídico y lleva el rostro tenso.

En su tableta hay dos mensajes sin contestar, uno del responsable de sistemas y otro de una empresa de servicios que exige regularizar una licencia antes de permitir más descargas.

—Tenías razón con lo de los módulos —dice en cuanto Carolina responde.

—No acostumbro a alegrarme cuando me das esa noticia. ¿Qué has encontrado?

—Han bloqueado una revisión interna de las librerías. Ahora todo necesita autorización de dirección. Max está nervioso por las compras y Beatriz ha puesto abogados a revisar los pagos.

—Eso solo me dice que en Nexora han aprendido a cerrar cajones.

—También ha llegado una francesa para ayudar con ARGOS. Está trabajando con Inés. Me parece buena, muy buena.

Carolina se endereza en su sillón.

—¿Cómo se llama?

—Brigitte Monarch.

El nombre le resulta conocido por referencias científicas y artículos que leyó cuando todavía buscaba colaboradores capaces de cuestionar los sistemas de correlación más ambiciosos.

No recuerda si León llegó a mencionarla en el almuerzo, y no se inventa ese recuerdo para convencerse de que ya la conoce.

—¿Tiene acceso a los desarrollos de León?

—Controlado. Está en una colaboración excepcional. No le han abierto todo el laboratorio. Por ahora solo revisa pruebas y comprueba qué resultados son fiables.

—¿Y tú cómo lo sabes?

—Estuve allí cuando empezó a discutir con Max. Te habría gustado escucharla.

Carolina se ríe por primera vez en toda la mañana.

—Me gusta escuchar a cualquiera que haga sufrir a Max con una pregunta bien formulada. ¿Por qué me llamas, Néstor? No creo que sea por la belleza de sus argumentos.

—Porque no puedes explicar bien de dónde sale cada resultado, y acaba de entrar en NEXORA alguien capaz de reconocer las marcas de su programa. Si algún día revisa un informe de FILEXA, quiero saber qué se va a encontrar.

—Me estás diciendo que contrate a una investigadora para que descubra lo que tú me vendiste.

—Te estoy diciendo que la evalúes antes de que otro lo haga. Y que no olvides que tenemos contratos.

La voz de Néstor adquiere ese tono autoritario que Carolina reconoce en quienes han dejado de controlar una situación.

—Los contratos siguen donde estaban —responde ella—. Los pagos también. Si tienes un problema con su legalidad, habla con tus abogados y no vuelvas a pedirme que te limpie las huellas. ¿Qué sabe Brigitte de nuestras relaciones?

—No se lo he preguntado.

—Por una vez has hecho bien. Tampoco se lo preguntes mañana.

Carolina termina la llamada sin despedirse.

Abre el directorio de profesionales que su equipo mantiene para futuras contrataciones y encuentra varias publicaciones firmadas por Brigitte Monarch.

Trata problemas de incertidumbre en sistemas de decisión y la necesidad de explicar por qué una correlación no prueba por sí sola una causa.

Esa combinación le interesa más que cualquier currículum de cinco páginas.

Pide a su asistente que gestione una invitación profesional formal, sin solicitar archivos de NEXORA ni utilizar a Néstor como intermediario.

***

La sala donde Carolina recibe a Brigitte está orientada hacia un patio interior con plantas resistentes al calor.

A través de una puerta de cristal se ve pasar a empleados con portátiles bajo el brazo.

La mesa conserva la huella de tazas recién retiradas y huele ligeramente a madera limpia.

Brigitte ha escogido un pantalón negro y una chaqueta ligera de lino; lleva el cabello rubio suelto, peinado con una sencillez que contrasta con la precisión de las preguntas que formula en cuanto Carolina termina de saludarla.

—Antes de hablar de trabajo, quisiera saber por qué me ha llamado —dice Brigitte—. He colaborado unas horas con Nexora. Mi presencia allí no es un anuncio de que esté disponible para cambiar de empresa.

—No voy a fingir que desconozco dónde ha pasado el día —responde Carolina—. Pero la he invitado por sus investigaciones. He leído su artículo sobre incertidumbre en sistemas industriales. No estoy buscando que me traiga carpetas de otra compañía.

—Eso dicen también quienes quieren exactamente esas carpetas.

Carolina sonríe.