Julia ¿Dónde estás? 5. FORTUNY Y BLANC #11
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5. FORTUNY Y BLANC #11

—Pase —responde Jordi, apartando su café—. Dígame que por lo menos aparece León.

—Aparece en la entrada y en la salida. La grabación no cubre todas las zonas de la sucursal.

Cata mira el documento que acompaña las imágenes.

—¿Qué recorrido de custodia tienen los archivos?

—La entidad conserva los originales y nos ha entregado una copia documentada. Las horas figuran en el acta.

—Bien. Vamos a ver lo que sí muestran —dice Cata.

La agente abre dos imágenes. En la primera se ve a León cruzando la puerta con un objeto envuelto junto al cuerpo; en la segunda aparece de nuevo en el vestíbulo, con las manos libres.

—¿Alguien ha confirmado que realizara una operación? —pregunta Jordi.

—No, inspector. De momento solo podemos acreditar su presencia en esa franja horaria.

—¿Y existe una caja a su nombre? —insiste Cata.

—No tenemos esa información. Las cámaras no la proporcionan y harían falta otras diligencias.

—¿Cuántos pasillos quedan fuera de las imágenes? —pregunta Cata.

—La cámara de entrada no sigue al cliente por el interior. Hay una zona que no se ve.

Jordi observa la segunda captura.

—Entró con algo y salió sin ello.

—Eso parece en estas tomas —responde Cata—. Pero no sabemos qué ocurrió en la parte que no vemos. Pudieron entregarle otro objeto, llevarlo a otra dependencia o salir por un lugar no cubierto.

—¿Qué necesitamos para comprobarlo?

—Primero, reunir las referencias disponibles y precisar qué operación queremos investigar. Después pediremos las diligencias que correspondan.

La agente recoge el justificante de entrega y espera a que firmen la recepción antes de marcharse.

Cuando la puerta se cierra, Jordi amplía la primera captura y vuelve a reducirla.

—¿Qué llevaba?

—No se distingue —responde Cata—. Y no pienso llamar «paquete de ARGOS» a una mancha de píxeles porque nos convenga.

—Aarón tampoco lo vio —recuerda él.

—Exacto. Él solo describió el recorrido. Si queremos averiguar qué hizo León, tendremos que seguir la documentación bancaria sin saltarnos pasos.

—¿Y la palabra de la periodista?

Cata mira su libreta. Entre nombres de empresas, franjas de cámara y teléfonos aparece escrita una única palabra subrayada: ISABELLA.

—No sé qué significa todavía.

Jordi vuelve a observar el rostro de León en la pantalla. Recuerda la carpeta que Inés conservó, el miedo en la voz de Andrius y la mujer que ha desaparecido después de seguir una pista que el científico dejó en manos de José María.

—No necesitamos saberlo esta noche —dice—. Necesitamos encontrar vivos a los que faltan.

Cata apila las capturas y toma el teléfono. Habla primero con el equipo que sigue los desplazamientos de la furgoneta, luego con quienes revisan las grabaciones del periódico y por último con el grupo encargado de localizar a los desaparecidos.

—Necesito las horas originales, no las de los archivos que nos reenvían —advierte a uno de los agentes—. Y cualquier coincidencia, por pequeña que parezca, quiero que se compruebe antes de anotarla como un hecho.

Jordi espera a que cuelgue.

—¿Nada aún?

—Una matrícula incompleta, varias cámaras y tres personas que siguen sin dar señales. No es suficiente para saber adónde fueron ni qué les hicieron.

Su padre se pone la americana, aunque no parece dispuesto a marcharse.

Cata recoge un mechón de cabello detrás de la oreja y vuelve a las fotografías de la pareja: José María sonríe junto a dos compañeros en una celebración del trabajo; Sali aparece con los ojos entornados por la luz y una expresión traviesa que no le ha permitido dejar de sonreír ni al fotógrafo.

Cata coloca ambas imágenes junto a la de Julia.

—Mañana empezamos por la furgoneta —dice Jordi.

—Esta noche —lo corrige Cata, señalando el aviso recién recibido—. Acaban de localizar una cámara más. Está junto a una de las salidas del polígono donde atendieron a los heridos.

Jordi se inclina sobre la pantalla. En el vídeo, una furgoneta blanca sale de una calle secundaria del polígono. Al girar, muestra durante un instante el costado: letras grandes, pintadas sin demasiado cuidado. La imagen se interrumpe y él pide que la repitan.

La segunda vez la cámara permite leer el rótulo completo, precisamente el que Rosana había mencionado en su declaración.

—HERMANOS —lee Jordi—. Ahora sí tenemos la palabra pintada en un vehículo junto al lugar donde atendieron a la pareja.

Cata compara la hora con la anotada por Marta Vidal y vuelve a las imágenes aportadas por el periódico.

—Coinciden el rótulo, la carrocería y una marca junto a la puerta corredera. Puede ser la misma furgoneta que vieron en la redacción.

—¿Y los dos hombres? —pregunta Jordi.

—Todavía no podemos reconocerlos aquí. Pero el vehículo ya merece una búsqueda concreta.

—Entonces que la matrícula incompleta no se quede durmiendo en un cajón.

—La estamos cruzando con los registros disponibles. Y pediremos imágenes de los tramos siguientes.

Jordi contempla las letras torcidas. Todavía no saben si la pareja está retenida, ha sido abandonada en algún lugar o ha sufrido un destino peor.

Tampoco conocen el paradero de Julia. Al menos ahora pueden seguir un rastro que une la clínica y el periódico sin suponer que saben más de lo que muestran las cámaras.

Cata reparte las comprobaciones por teléfono mientras Jordi imprime la mejor captura de la furgoneta. El folio sale con una raya gris justo en medio del rótulo. Él lo retira, vuelve a colocarlo en la bandeja y espera la siguiente copia sin apartar la vista de la pantalla. La búsqueda continúa.