Jugando con Mr Big (Swifties y peludos) Capítulo cinco GRAYSON #2
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Capítulo cinco GRAYSON #2

—Necesito que te hagas pasar por un inversor ángel —le digo, inclinándome para apoyar los codos en las rodillas—. Esta noche viene alguien al club buscando financiación. Quiero que te reúnas con ella, la escuches y luego le extiendas un cheque bien gordo.

Vic entrecierra los ojos y me escudriña el rostro en busca de pistas.

—Vale, pico. ¿Quién es esta mujer misteriosa y a qué viene tanto misterio? Nunca has necesitado mi ayuda para evaluar inversiones.

Suelto un suspiro y me paso una mano por el pelo.

—Se llama Ashleigh Dannon. Es la dueña de los Oakland Dreamers.

Vic frunce el ceño.

—¿Los Dreamers? ¿No es tu antiguo equipo, el que...?

—Sí, sí —digo, y le pego un buen trago.

Vic me mira.

—Espera. ¿Es la tía que...? Joder. Es ella, ¿verdad?

Le lanzo una mirada de advertencia.

—Centrémonos en lo que importa, ¿vale?

Vic levanta las manos.

—Tranqui, Gray. Pero ¿por qué necesitas que lo haga yo? ¿No puedes ir tú directamente, sacudir la cartera de multimillonario y hacerle una oferta que no pueda rechazar?

Suelto una risa amarga y niego con la cabeza. Ojalá fuera tan fácil.

—Ashleigh es... complicada. No es de las que se impresionan con la riqueza o el poder. De hecho, es más probable que me mande a la mierda por principio.

Vic frunce el ceño, con expresión de desconcierto en su cara de tipo duro.

—No lo pillo. Si no le interesa tu dinero, ¿cuál es el plan? ¿Para qué complicarte tanto si solo quieres echarle un cable? Hay mil formas de hacerle llegar la pasta.

Frunzo el ceño.

—¿Me estás diciendo que no lo vas a hacer?

—No he dicho eso, tío. Solo pregunto por qué así. ¿Por qué yo? ¿Por qué aquí precisamente?

Sonrío y apuro el whisky de un trago.

—Porque no quiero que le des el dinero.

Vic parece confundido, pero luego se echa a reír.

—Tenía que ser algo así contigo, Gray. O sea, ¿quieres que me pida el dinero y luego me niegue? ¿Así, sin más?

Niego con la cabeza.

—No tan rápido. Primero quiero que le des largas.

Señalo hacia el club.

—Dile que estás aquí para pasarlo bien. Que es tu noche libre y piensas disfrutarla a tope. Invítala a copas. Haz que baile contigo. Consigue que se suelte en la pista.

Se incorpora y me mira con suspicacia.

—¿Me estás diciendo que me la tire?

Aprieto el vaso de cristal tallado con tanta fuerza que casi lo rompo.

—No, Vic. He dicho copas, baile, que se suelte el pelo. Follar no entra en el plan. De hecho, no vas a tocarla. Serás un perfecto caballero con ella.

Frunce sus pobladas cejas, confundido.

—¿Entonces es solo calentarla y dejarla tirada?

—No exactamente. Después, le pides que suba contigo a tu habitación de hotel para seguir la fiesta. Dile que como vas a invertir en ella, vais a veros mucho. Sé sugerente. Insinúa. Propónselo, pero sin intención de cumplir.

Vic asiente despacio.

—Mucho bla bla pero nada de chicha. Entendido.

—Una vez arriba, seguramente irá directa al grano. Cuando te pregunte otra vez por la inversión y qué condiciones pones, le dices sin rodeos que te importa una mierda el dinero. Puede quedárselo todo, siempre que se acueste contigo esta noche.

Vic casi se atraganta con el whisky.

—Hostia. O sea, quieres que le dé cuerda a esta tía, la ponga cachonda, y luego le ofrezca una buena suma de dinero a cambio de sexo. ¿Quieres que me partan la cara, Grayson?

Sonrío.

—No creo. Ahí es donde tienes que manejarlo con mano izquierda. No lo hagas sonar vulgar. Hazlo con clase. La mayoría de la gente te juzga por tu pinta de neandertal, pero sé que puedes ser el seductor más fino cuando te lo propones.

Vic se encoge de hombros.

—Qué quieres que te diga. A mí me gustan las mujeres, a ellas les gusto yo, todos contentos.

Termina su bebida y se acerca a la barra para servirse otra. —A ver si lo he pillado, Grayson. Quieres que engatuse a esta tía con la promesa de un buen pellizco de pasta para su negocio, y luego le suelte una propuesta indecente.

Chasqueo los dedos; el sonido retumba en la habitación insonorizada. —Exacto. Y luego, cuando te cruce la cara y te mande a la mierda, te ríes y la dejas irse. Eso es todo. Fin de la historia. ¿Estás dentro o fuera? Necesito saberlo ya. Ahora mismo.

Vic se encoge de hombros. —Qué coño. Vale, me apunto. Nos conocemos desde hace mucho, sabes que no puedo decirte que no.

—Bien, porque está a punto de llegar.

Saco el móvil y lo compruebo. —Le he estado escribiendo desde este móvil de prepago. Cree que este número es el del inversor ángel que le recomendó una amiga suya, Kyra. Debería llegar de un momento a otro.

Vic silba. —¿Y qué habrías hecho si te hubiera dicho que no?

Le señalo con el dedo y le guiño un ojo. —Pero no lo has hecho. Porque te conozco y porque...

—...nos conocemos de toda la vida. Ya. Pero la verdadera razón por la que hago esto es porque quiero ver a la tía que le arrancó el corazón del pecho a Grayson Donahue, lo congeló hasta convertirlo en cristal, lo hizo añicos y luego se largó pisando los pedazos.

Porque cualquier mujer con los cojones de hacerte eso tiene que ser una adversaria formidable, y eso tengo que verlo con mis propios ojos.

Doy un sorbo a mi Macallan. —No tienes ni idea.

El móvil de prepago vibra con un mensaje.

Es Ashleigh.

Estoy aquí.

—Empieza la función —digo mientras me levanto y le paso el teléfono a Vic—. Te toca.