EPÍLOGO EXTRA
JUGAMOS A CONQUISTARNOS
MAT
Si alguien me hubiera dicho hace años que aquella historia que parecía imposible con la mejor amiga de mi hermana terminaría haciéndose realidad y no solo eso, sino que estaríamos tan enamorados, me hubiera reído —puede que incluso le hubiera preguntado qué clase de droga se metía—.
Aunque al mismo tiempo le hubiera agradecido la confianza y fe depositadas en nosotros.
Bueno, en especial en mí porque fui yo quien no desistió por mucho que parecía que todo jugaba en mi contra.
De acuerdo, tuve mi momento de quererme a mí mismo por encima de todo, pero eso formaba parte del proceso.
Vamos, no me jodas. Alejarme ayudó a nuestra historia.
Me atrevería a decir que, gracias a eso, Sara tuvo, de repente, las ideas muy claras.
Así que me aplaudo a mí mismo por tomar las mejores decisiones.
Tuve claro que merecería la pena darlo todo por conquistarla y ganarme su amor.
No me equivocaba. Sara es una guerrera, una mujer de armas tomar que me revoluciona por completo, me saca de quicio y al mismo tiempo me tiene a sus pies, completamente enamorado.
Llegar a ella —más concretamente a sus sentimientos y emociones—, a veces sigue siendo misión imposible, aunque es un reto que acepto cada día encantado porque la quiero y porque forma parte de ella.
Sonrío sin apartar mi mirada de su escote.
Disimular no es mi especialidad y mucho menos con ella.
Me está haciendo el nudo en la corbata y, cuando se percata de dónde recae mi mirada, me da un golpe juguetón en el hombro que termina con nuestras risas entrelazadas.
En el fondo le encanta que la devore con la mirada y, si no fuéramos tan justos de tiempo, haría realidad lo que estoy imaginando.
Cualquiera que me viera vestido con traje no daría fe de ello, todavía no entiendo cómo hemos llegado a este momento, pero aquí estamos; a escasas horas del día más importante en la vida de mi hermana y mi mejor amigo.
No me puedo creer que ya haya llegado. Igual que tampoco me puedo creer que su historia de amor haya durado tanto.
Una parte de mí pensó que su romance tenía los días contados.
Me equivocaba y me dieron con un canto en los dientes porque me han demostrado día tras día lo enamorados que están.
A veces son hasta demasiado empalagosos y eso que conmigo delante se controlan.
No sé cómo sucedió y tampoco quiero entrar en detalles —mucho menos sexuales— de la vida de mi hermana.
Solo sé que Lucas la hace feliz —más le vale; si no, es hombre muerto; me encargaría yo mismo de acabar con su vida— y con eso tengo suficiente.
Supongo que proteger a mi hermana pequeña siempre será mi misión.
El hermano protector hace acto de presencia de vez en cuando, por si las moscas.
Pensar en ellos me lleva a pensar en Sara y en mí.
Fueron dos historias que empezaron a surgir de forma paralela, en secreto y como un simple juego.
Y miradnos ahora; con las ideas muy claras y un futuro conjunto.
Nuestras vidas ya están unidas para siempre, hoy le llega el turno a ellos.
Empiezo a ponerme sentimental antes de tiempo.
Veréis cuando tenga que dar el discurso en pleno convite.
Mi hermana y mi mejor amigo se casan, estaba claro quién debía hablar.
Y me hubiera enfadado sí alguien que no fuera yo hubiera tenido tal honor y privilegio.
Mi objetivo es que todos terminen llorando a lágrima viva y, a poder ser, mientras yo sigo manteniendo la compostura.
Sara está convencida de que no conseguiré lo segundo, según ella, estoy más sentimental desde hace meses.
—¿Te acuerdas de cuando tú y yo empezamos? Te encantaba que te fuera detrás y rechazarme —recuerdo entre risas. En su momento no me reí, os lo aseguro—. Ahora debemos estar, como mínimo, en el día 2.920 de mi conquista.
Me lanza una mirada asesina, aunque al segundo se gira para que le ponga el collar que le regalé el día más importante de nuestra vida, hace ya once meses. Qué rápido pasa el tiempo.
Si os lo estáis preguntando, he hecho una aproximación del día que sería en mi conquista —solo he calculado ocho años—, porque revelar el dato real y exacto con las horas clavadas sería excesivo para ella. Prefiero guardarlo para mí.
—No, Mat, me niego a que vuelvas a explicar nuestra historia —interviene, contundente.
Su mal genio se ha incrementado por las hormonas.
O al menos, esa es la excusa que me da ella—.
Créeme, me la sé, yo misma la viví contigo, ¿recuerdas?
Te aseguro que, si nuestro hijo pudiera hablar, él mismo te diría que no empieces con el monólogo.
A estas alturas, Ian debe tenerlo memorizado.
Mi mirada va a parar a la cuna que hay justo al lado de nuestra cama.
Nuestro hijo nos mira con los ojos muy abiertos, como si fuera capaz de saber que estamos hablando de él.
El mes que viene hace un año que Sara dio a luz.
Describir ese día es imposible, no hay palabras suficientes para poder expresar todo lo que sentí y el amor que siento por ellos.
Somos padres. Nos hemos embarcado en esta aventura juntos, de la mano.
La vida de ese niño depende de nosotros y sé que estamos a la altura de brindarle todo lo que se merece y necesita.
Sara es la mejor madre, un instinto despertó en ella cuando nos enteramos de que estaba embarazada.
Fue una noticia que llegó muy seguida de la boda de mi hermana.
Y sí, Sara se las ingenió para buscar una fecha con Nat para la boda, con margen suficiente después del parto para estar radiante ese día.
Os aseguro que nunca ha estado más preciosa que en estos momentos, con nuestro hijo entre sus brazos.
—Dudo que un bebé pueda memorizar nada —replico—. Y en caso de que pudiera, es bonito que conozca nuestra historia de amor —insisto, solo para sacarla de sus casillas.
Resopla, haciendo que sonría como respuesta. Sé que me he salido con la mía antes de que diga nada.
—Vas a contarla de nuevo, ¿verdad?
—Monada, te encanta cuando lo hago, no lo niegues. Tenemos tiempo de sobra hasta que empiece la ceremonia.
Han querido hacer algo íntimo en una masía.
Solo estamos la familia y los amigos más allegados.
Todo se hará en el jardín y luego dispondremos de habitaciones aquí mismo.
Nosotros llegamos ayer por la noche, con ellos y los padres de los novios.
A mi parecer, es una idea maravillosa hacerlo en este sitio.
Tener un lugar al que poder ir a descansar en cualquier momento es de agradecer ahora que tenemos a Ian.
Natalia se ha convertido en la tía que consiente a su sobrino.
Ya le he advertido que pienso hacer lo mismo cuando tenga un hijo.
Lucas está empeñado en que tendrán una niña e Ian será su protector de por vida.
La idea no me disgusta, puede seguir los pasos de su padre, pero en vez de con su hermana, con su prima.
A no ser que decidamos ir a por el segundo, algo que por el momento no parece viable porque estamos sobresaturados.
Además, Sara se niega a volver a pasar por un parto.
—Tu hermana, alias mi mejor amiga, necesita mi apoyo moral en estos momentos. Al igual que tu mejor amigo, necesita cualquier idiotez que puedas soltar para relajarlo. Nos esperan en sus habitaciones.
No tengo opción. El móvil sonando cada pocos minutos me indica que debo ir con mi mejor amigo antes de pasar a ver a mi hermana. Desconozco qué debo decir en estos momentos. ¿Una amenaza de muerte es una buena opción?
—¿Ian va contigo? —pregunto, solo para que sepa que estoy aquí, dispuesto a lo que necesite. Cuidarlo es cosa de ambos y yo me implico todo lo que puedo.
—Tiene un claro preferido.
Suelta una carcajada que hace que Ian sonría. Verlos así de felices hace que mi pecho explote de amor.
—Yo si fuera él también lo tendría. En cuanto llora, te sacas un pecho para darle de comer. Se pasa la vida entre tus tetas, ¿cómo no te va a elegir a ti sí yo también lo hago?
—Mira que llegas a decir burradas, caraculo.
Por mucho que intenta mostrarse seria, las comisuras de sus labios se curvan en una sonrisa.
—Forma parte de mi encanto y es lo que hizo que te enamoraras de mí.
—Puede que tengas razón, pero no olvidemos que tú caíste antes en mis encantos.
—¿Cómo no iba a hacerlo?
—Nos vemos en un rato —anuncia desde la puerta. Si ella no tomaba la iniciativa, sabía muy bien que seguiríamos enredados en una conversación—. Vamos a asegurarnos de que nuestros mejores amigos se digan el sí quiero.
—Os quiero con locura.
—Nosotros a ti también, papá.
Ambos me lanzan un beso. Sara se encarga de hacer que Ian haga el gesto y me siento el más afortunado del planeta por tenerlos en mi vida. Son mis personas favoritas y juntos formamos una gran familia.