EPÍLOGO EXTRA
JUGAMOS A QUERERNOS
CARLOTA
Que nuestras vidas se entrelazaran fue pura casualidad, empezar a quererlo fue demasiado sencillo y sumar años a su lado, lo más fácil.
Elegirlo como compañero de aventuras y de vida fue simple, ni siquiera me di cuenta de cómo se coló en mi corazón, pero en el momento que lo hizo tuve claro que sería imposible sacarlo.
Y aquí estamos, siete años después, de la mano. Ya no me imagino soltándolo.
Seguimos viviendo de alquiler, pero ahorrando lo máximo posible para poder comprar nuestro propio piso en un futuro —esperemos que no sea muy lejano—.
Hemos cumplido sueños juntos que cuando empezamos ni siquiera teníamos.
Alex, tras darle muchas vueltas, decidió emprender, ser su propio jefe y construir un club de pádel en Barcelona: Match Point.
Destaca por su academia de pádel, una de las mejores —por no decir la mejor— de toda la ciudad, y por las pijadas que puedes encontrar dentro de las pistas.
Cuenta con marcadores digitales, donde tú mismo vas pulsando para que se vea el resultado del partido, y también tiene cámaras que analizan tu manera de jugar —ese análisis te llega al móvil e incluso te genera un vídeo con las mejores jugadas—.
Fue un año duro, cargado de quebraderos de cabeza y de tener miles de ideas hasta dar con la perfecta.
Pero podemos decir que es todo un éxito.
Se nota que el pádel es un deporte social que está muy de moda.
Yo también caí por culpa de él y ahora ya no me imagino sin ir dos tardes como mínimo a jugar.
A veces consigo enredarlo para hacer algún mixto, aunque la mayoría de las veces juego con amigas que he ido haciendo en el club.
Mientras él emprendió su propio negocio, yo me esforcé por sacarme unas oposiciones para ser funcionaria y tener mi plaza fija en un cole.
A día de hoy puedo decir que lo he conseguido y que estoy muy orgullosa del trabajo que he hecho hasta llegar donde estoy y del trabajo diario que hago en las aulas.
Enseñar es mi pasión y disfruto haciéndolo.
—¿Estás lista para darle la noticia? —pregunta Alex cuando nos plantamos delante de la puerta de casa de mi amiga Clara.
Hemos venido hasta Madrid para hacerlo. Requería que lo hiciéramos en persona.
Sigo manteniendo relación con ella. Nos hemos esforzado por no perder el contacto y lo agradezco. Es una persona muy importante en mi vida, lo fue cuando éramos pequeñas y lo sigue siendo ahora. Tenemos un vínculo muy bonito que sigue perdurando en el tiempo.
—Es la última que falta por saberlo. —Puede que me mate por esto—. Estoy igual de nerviosa que cuando se lo dijimos a Martina, a mi madre y a tus padres.
Sonríe al pensar en ese momento, lo sé porque yo estoy haciendo lo mismo al recordarlo. Todo ha sido muy rápido y todos se han enterado esta misma semana, como nosotros. De hecho, venimos de explicárselo a mi madre, que un poco más y no nos deja irnos.
—Menos mal que no soy el único. ¿Crees que se lo esperan?
—Ahora lo descubriremos.
Estoy nerviosa. Hemos querido preparar algo para dar la noticia de manera diferente a nuestras personas más especiales.
Ya empiezo a emocionarme, pero en mi defensa diré que ya vengo emocionada de haber hablado con mi madre.
Alex se da cuenta de que se me empiezan a humedecer los ojos y deposita un beso en mis labios.
—Te quiero, pelirroja —susurra mirándome.
—No tanto como yo a ti.
Los «te quiero» que intercambiamos me suman años de vida.
Todavía recuerdo la primera vez que le pronuncié esas dos palabras en voz alta.
Las había evitado durante un tiempo a toda costa, incluso con mi prima, pero llegó un punto en el que me quemaban en la garganta porque deseaban salir.
No lo hice en un sitio especial ni por nada en concreto, fue una noche que estábamos tumbados en el sofá, riendo a carcajada limpia por una película de comedia.
Me salió del alma y tuve que gritarlas. Terminamos haciendo el amor en el sofá.
—Nos sabes cuánto me alegró tu llamada, justo necesitábamos veros —comenta Clara cuando abre la puerta y nos abrazamos. Nos hemos lanzado a los brazos de la otra al segundo.
Alex la ha saludado con dos besos y nos ha dado intimidad, pasando hacia dentro para ir a ver a Óscar. Se han hecho muy buenos amigos y yo me enorgullezco de que sea así. Es muy importante que tus amistades tengan una gran relación con tu pareja, eso consigue que todo sea más fácil.
—Te aseguro que no tanto como nosotros. —Sonrío, las palabras quieren precipitarse, pero las retengo un poco más—. Oye, estás estupenda. ¿Alguna vez te he dicho que el amarillo te favorece?
—Solo cuatro mil veces a lo largo de nuestra vida.
—Nunca son suficientes.
—Vamos a por Óscar y Alex o terminaré explicándote una cosa sin ellos delante, y necesito que estemos todos.
—Me parece una gran idea.
Al parecer ambas necesitamos lo mismo. Me pregunto qué tiene que decirnos. ¿Puede que después de tantos años se haya animado a abrir su propia marca de ropa? Siempre le ha apasionado la moda y sé que en su lista de deseos está ese punto.
—Esto va a ser gracioso. —Escucho que le dice Óscar a Alex cuando llegamos al salón.
Intercambian una risa cómplice que hace que fulmine a Alex con la mirada. No me gusta no tener el control de la situación ni toda la información en mi poder. Él parece divertirse todavía más ante mi reacción y termina rodeándome de la cintura con su brazo.
—Al parecer no somos los únicos que tenemos algo que explicar —susurra en mi oído.
—Eso mismo me ha dicho Clara. ¿Tú sabes que…?
—Lo siento, no puedo contenerme más —interrumpe mi amiga dándonos una pequeña caja de madera.
—¿Qué es esto? —pregunto con curiosidad, sosteniéndola entre mis manos. La muevo un poco para intentar descubrir qué esconde.
—Ábrela.
Lo hago con una sensación de incertidumbre recorriéndome el cuerpo.
Las sorpresas nunca han sido mi fuerte. Se me desencaja la mandíbula al leer la nota.
«¿Cómo ves ampliar el equipo a la triple C?
». No tardo en descubrir una ecografía. Me tiemblan las manos y las lágrimas ruedan libres por mis mejillas.
Al mirar a Clara, veo que también está llorando.
—Me estás vacilando —consigo pronunciar.
No me lo pienso y saco la botella de vino que llevaba en una bolsa, esperando la oportunidad ideal para sacarla, pero está claro que es esta. Noto el momento exacto en el que lee la frase «vamos a brindar porque somos uno más en la familia» porque se le van a salir los ojos de las órbitas.
—No puede ser verdad. ¡Estamos embarazadas!
Chillamos, saltamos, reímos, lloramos, nos abrazamos… Todo lo hacemos a la vez bajo la atenta mirada de nuestros chicos. No tardan en darnos la enhorabuena y unirse a nuestra celebración.
—Dime que lo has grabado —comenta Alex ilusionado—. Esto tendremos que enseñárselo a nuestros hijos.
—La duda ofende. Ha sido épico.
Necesito ver ese vídeo con toda mi alma.
—Esto puede ser lo mejor que nos ha pasado en la vida.
—Esto es lo mejor que nos ha pasado en la vida, amiga —rectifico.