CAPÍTULO 28
Ya estamos en cuartos de final. Me tomo la libertad de pluralizar porque, aunque sean ellos los que han jugado, se han ido clasificando y llegado hasta aquí; yo he formado parte de este proceso, de manera más indirecta, y soy uno más del equipo.
Los tres tenemos muy claro que estamos juntos en esto, por eso nos incluimos a la hora de hablar.
Cuando llegamos el miércoles, hicimos el check-in en el hotel, dimos un paseo por el club y más tarde realizamos un entreno ligero de una hora.
Nuestro objetivo era adaptarnos a la pista, conocer el ritmo de la bola y revisar el bote al salir del cristal.
Soy partidario de no entrenar fuerte el primer día, sino de conocer al detalle la pista en la que jugaremos.
Como el ranking de Nil y Marc es bastante bueno, entramos directamente en el cuadro principal.
Eso nos permitió dedicar el jueves a un entrenamiento de hora y media junto a un trabajo táctico.
Nos pasamos la tarde viendo partidos de posibles rivales, ya que hay parejas que deben jugar la previa para poder clasificarse.
Aprovechamos para hacer un análisis de los jugadores que venían de la fase previa.
Este trabajo recayó sobre mí, es una de mis funciones principales como entrenador.
Ayer jugamos el primer partido, era el único del día y el primero para nosotros, ganar implicaba pasar a octavos.
Nos asignaron la última franja horaria y nos cruzamos con una de las parejas que pudimos observar el día anterior.
Jugamos con ventaja porque conocíamos su juego.
Conocer a los rivales te permite ir un paso por delante, aunque no necesariamente se traduce en ganar.
Hicieron un gran partido —en especial en el segundo set—, a la altura de lo esperado.
Con errores al principio que hicieron que tardaran en conectar, pero recuperando esa sintonía que tienen cuando están juntos dentro de la pista.
Uno de sus puntos fuertes es que saben reconducir la situación y escuchar los consejos cuando salen al banquillo.
Espero que eso no cambie porque es imprescindible para mejorar y terminar ganando.
Esta mañana de sábado hemos jugado los octavos, de nuevo ganar suponía pasar de ronda y estaban mentalizados en conseguirlo.
El nivel de este partido ha sido elevado.
Ha estado tan ajustado que han tenido que disputar el tercer set.
La calma de Marc, en esta ocasión, se ha contrarrestado con la impulsividad de Nil.
Algo que hasta ahora solo había demostrado en los entrenamientos.
Los errores que ha cometido le han jugado una mala pasada a nivel mental.
Si los rivales consiguen sacarte del partido, estás muerto.
Tu fortaleza es clave y la actitud que demuestras, todavía más.
No puedes mostrar debilidad porque entonces lo aprovechan y te comen.
En los partidos de competición no hay piedad.
La frustración debe disimularse para que no estés en el punto de mira.
Debemos seguir trabajando en eso con Nil.
Por suerte, Marc ha controlado a las mil maravillas la situación y ha reconducido a su compañero.
Forman un gran tándem, ahí dentro se compenetran a la perfección y hoy se ha demostrado.
Todavía tenemos por delante un día duro porque los cuartos son esta misma tarde, más concretamente en menos de media hora.
Nosotros jugamos los primeros y de este partido vuelve a depender algo tan importante como clasificarse para la semifinal de mañana domingo.
Lograrlo sería increíble, una gran manera de empezar en estos torneos.
Los nervios son palpables en el ambiente.
Les he dado espacio y los he dejado tranquilos para no agobiarlos antes del partido.
Estos minutos previos son cruciales, yo acostumbro a dejar distancia y que sean ellos los que conversen sin presión.
Además, ya les he dado un discurso motivador y volveré a hacerlo cuando estén a punto de entrar en la pista.
Aprovecho estos minutos para pensar en Carlota.
Sigue anclada en mi mente. Desde la noche que pasamos juntos, todavía más, algo que pensaba que era imposible.
Si cierro los ojos, soy capaz de recrear con todo lujo de detalles lo que compartimos.
He fantaseado con ella, no me escondo. Y el tiempo que llevamos separados solo me ha hecho ver que los sentimientos hacia ella son todavía más fuertes de lo que creía.
Le escribo cada pocas horas con cualquier excusa, solo por el placer de mantener una conversación.
Quiero que empecemos una y sea interminable, que llegue el momento en que su chat siempre esté en primera posición y sea imposible encontrar cuándo empezamos a hablar por la cantidad de mensajes que hayamos intercambiado.
Carlota ya forma parte de mi vida y pensar en que eso pueda cambiar me aterra.
Puedo asegurar que esto es amor porque nunca antes había experimentado algo así por otra persona.
Me ha permitido conocerla y yo he permitido que me conozca.
Me he mostrado tal cual soy y eso ha terminado con nosotros enredados entre las sábanas.
He descubierto sus manías y solo tengo ganas de saber más, parece que nunca voy a tener suficiente de mi pelirroja.
Referirme a ella de esa forma hace que una sonrisa de idiota enamorado se dibuje en mis labios.
Sin darle muchas vueltas, inicio una videollamada, incapaz de contener las ganas de volver a verla. Una parte de mí quiere irse de Roma solo para encontrarme con ella y su pijama de cuadros en el piso.
—¿No tienes suficiente con hablar por mensaje? —pregunta ella sonriente al aceptar la llamada.
Me ofrece un primer plano de su rostro y me quedo hipnotizado con ella. Sus pecas, a través de la pantalla, son casi imperceptibles, pero yo sé que están ahí, coloreando sus mejillas.
—Cualquiera diría que no te alegras de verme —reacciono, tardando unos segundos de más—. Hola a ti también y esas cosas.
—Hola, listillo. Me alegra escucharte —confiesa entre risas.
La veo feliz, alegre, radiante. ¿Es posible que esté todavía más guapa que la última vez que la vi?
—¿Y verme? —pregunto juguetón.
¿Sabéis cuando hay un tonteo excesivo entre dos personas en el que los nervios y la ilusión por hablar son evidentes? Pues así estamos nosotros en todo momento. Ninguno de los dos puede disimularlo. La sonrisa tonta se impregna en nuestros rostros y no desaparece en toda la conversación.
—¿Te alegra a ti? —inquiere enarcando una ceja, divertida.
—Por eso te he llamado —confieso sin vergüenza, hace tiempo que la perdí al estar con ella—, además de ser una llamada meramente informativa para decir que estamos a punto de jugar los cuartos, claro.
—¡Madre mía! —eleva bastante la voz—. Eso es una gran noticia. Te dije que ibais a llegar a lo más alto.
—No, eso lo dije yo y tú apoyaste mi idea.
Frunce el ceño, consiguiendo que su cara se transforme en una mueca divertida que la hace ver adorable. De acuerdo, no soy objetivo. Me gusta tanto que ya la miro de manera especial.
—Bueno, la cosa es que creo en vosotros y punto.
Suelto una pequeña carcajada y ella termina haciendo lo mismo. Ser el causante de su risa me llena el pecho de orgullo.
—Puedes confesar que me echas de menos y el piso es más aburrido sin mi presencia —comento cambiando de tema.
—¿Esta es tu manera de decirme que te pasa justo eso?
—Podría ser —digo, en un intento por hacerme el interesante.
No aparta la mirada de la pantalla. Se muerde el labio inferior y mis ojos van a parar a ese punto exacto. Desearía tenerla delante para acortar la distancia y ser yo quien muerde su labio. Solo pienso en volver a besarla.
—Igual me he acostumbrado a tu presencia y puede, solo puede, que te eche un poquito de menos.
Hace un gesto con el dedo índice y el pulgar para indicar ese «poquito».
—¡Lo sabía! —exclamo victorioso—. Ambos estamos igual.
¿Sabes? El miércoles hará un mes que empezó nuestra convivencia.
No hagas planes, tengo una sorpresa para ti —anuncio, pillándola desprevenida.
Sus ojos se abren de golpe—. Un detalle para celebrar el día que nos conocimos mejor, porque de nuestro primer encuentro ya hace más tiempo, no creas que me he olvidado.
—Chocarme en mitad de Barcelona con ella fue una señal del destino.
La vida quería decirme algo—. Soy un desastre guardando secretos que me hacen ilusión, pelirroja.
—Ahora no voy a poder dejar de pensar en qué has podido preparar.
—Esa era la idea, que no pudieras dejar de pensar en mí. —Le guiño un ojo, ganándome su sonrisa.
—Para eso no hacía falta que hicieras nada —confiesa en un hilo de voz.
Agacha la cabeza por los nervios y la vergüenza que le produce haber dicho eso.
—Carlota, deja de acelerarme el corazón —exijo.
—Es lo que te mereces por haberme descolocado por completo.
—Me encantaría alargar la conversación, pero Marc y Nil acabarán conmigo si no me presento en la pista —digo al mirar la hora.
Quedan menos de diez minutos para que empiecen los cuartos—.
Disfruta de los pocos días de soledad que te quedan en el piso.
A la que te des cuenta, vuelvo a estar ahí con la música a todo volumen y mis cosas desperdigadas para sacarte de tus casillas.
—Igual es buen momento para confesar que no estoy en Barcelona, sino en Madrid —suelta como si nada, aunque es incapaz de sostenerme la mirada al decirlo.
Esta nueva información me pilla por sorpresa. ¿En qué momento se ha ido a Madrid? Imagino que tuvo que ser ayer después de trabajar porque no ha tenido fiesta para poder irse antes.
—Y estás en Madrid porque… —dejo la frase en el aire para que sea ella quien la termine.
—Porque soy especialista en huir cuando algo se complica —termina por decir—. No quiero entretenerte. A modo de resumen te diré que necesitaba tomar distancia para aclarar mis ideas y mi única vía de escape era la capital.
Mi cabeza funciona a toda velocidad intentando encontrar una explicación a lo que acaba de decir.
Soy consciente de que me ha dado poca información, pero algún motivo tendrá para haberlo hecho.
Sé que Madrid no es su lugar favorito, que huyó de ahí para venirse a Barcelona, así que ahora debe haber ocurrido algo que le ha hecho tomar esa decisión.
Una voz en mi interior me pregunta si puedo ser el culpable de eso.
¿Igual lo que ha pasado entre nosotros tiene algo que ver?
Yo mismo dije que tomar distancia con este viaje era lo que necesitaba para hacer justo eso: aclarar mis sentimientos.
—¿Lo has conseguido? —me intereso—. Lo de aclarar esas ideas quiero decir —añado para que no haya lugar a dudas.
—Creo que sí, estoy empezando a abrazar mis sentimientos y a dejar de ponerme trabas yo sola.
La sonrisa que me dedica es sincera y le llega a los ojos, que brillan de manera especial. Me contagio de ese gesto. Es algo automático: si ella sonríe, mis labios se curvan hacia arriba.
—Así me gusta, estoy deseando conocer todos los detalles.
—Eso tendrá que esperar porque tenéis un partido que ganar. Más te vale informarme al acabar —dice ella contundente, casi amenazándome.
—Me aseguraré de anunciarte que hemos pasado a la semifinal.
—No espero menos de vosotros.
En cuanto nos despedimos, salgo disparado hacia la pista de pádel.
Permanezco en un segundo plano menos de un minuto, el tiempo que tardo en ver entrar a Marc y a Nil por uno de los laterales.
Esa es mi señal para hacer acto de presencia y caminar hacia las sillas donde están colocando sus cosas.
Hay gente en las gradas que aplaude al ver a los jugadores.
No está petado, este torneo no es equiparable a uno profesional de alto nivel, pero tiene público, algo que siempre consigue subir la moral.
Me cuesta horrores quitarme a Carlota de la cabeza y en especial lo último que me ha dicho. La idea de que está relacionado conmigo no desaparece. Aunque debo reconocer que, si es así, su último comentario ha sido bastante positivo. Puede que estos pocos días separados nos hayan ido bien a ambos.
—Estamos a tres partidos de conseguir la victoria, pero antes de pensar en alzarnos con el título debemos centrarnos en el partido de ahora —comento y me aseguro de cumplir eso último: concentrarme en el juego.
Ambos asienten, siguiendo muy atentos mis palabras—.
Será un partido reñido porque el nivel va aumentando con cada partido ganado.
Aun así, estoy convencido de que podéis ganar.
Nil, recuerda lo que hemos hablado esta mañana: disimula tu frustración tanto como puedas para no ser un blanco fácil.
—Vuelve a asentir y da tres golpes con su mano izquierda a la pala—.
Todos cometemos errores. Los puntos solo se ganan de dos formas: un error del rival o una gran jugada nuestra.
Marc, no descuides tu paralelo porque el jugador que tienes enfrente hace buenos puntos ahí.
Demostrad que juntos sois invencibles, es una orden.
—Vamos a destrozarlos —asegura Nil, tan entusiasmado como siempre.
—Dar lo mejor de nosotros es nuestra única opción —añade Marc.
—¡Esa es la actitud!
Les doy un golpe a cada uno en el hombro antes de que se levanten y choquemos nuestras manos.
Cuando entran a la pista, Nil da dos golpes con la pala a la red, un gesto que hace siempre a modo de superstición.
Intercambian una mirada antes de darse un abrazo —de esos con palmadas en la espalda— y ponerse en sus posiciones para empezar a pelotear.
Ya han calentado antes de entrar, pero ahora terminan de ponerse a punto.
Van a disfrutar de este partido. Creo y confío en ellos para que pasen de ronda.
Está en sus manos ganarse un hueco en la semifinal.