CAPÍTULO 23 #2
—Y tus intentos de esquivar las conversaciones que no te interesan, igual de cutres y penosos.
—Eso ha dolido. —Me llevo una mano al pecho, en fingida indignación.
—No pienso disculparme.
Nuestras carcajadas vuelven a escucharse al mismo tiempo. Me preparo mentalmente para explicar lo que he vivido con Alex. Muy en el fondo sé que desahogarme al decirlo en voz alta me ayudará, igual que escribir mis sentimientos en la libreta.
—Supongo que no te vas a dar por vencida y que, por mucho que me queje, tengo ganas de explicárselo a alguien.
Aunque hacerlo sea admitir que está pasando algo entre nosotros —confieso armándome de valor.
Eso último lo digo con la boca un poco más pequeña—.
Podríamos decir que la convivencia ha hecho que lo empiece a ver de una forma especial y diferente, cosa que no me ocurría desde que conocí a Lucas.
Lo cierto es que no tienen nada en común y no me hacen sentir lo mismo —me apresuro a añadir, como si necesitara dejarlo claro—.
No es que los compare, pero inconscientemente alguna vez ha pasado.
Esto no estaba planeado, al contrario: tenía muy claro que debía alejarme de los chicos por miedo a no ser suficiente y no saber querer.
Pero apareció Alex en el piso y puso mi vida del revés.
Me muerdo el labio inferior, algo avergonzada por esa última confesión. Aunque, al mismo tiempo, un calor reconfortante se instala en mi cuerpo al pensar en él.
—Lo de Lucas te rompió, ¿verdad? —se aventura a decir. Puedo entrever el miedo y las ganas al mismo tiempo que tiene de hablar sobre este tema.
Me encojo de hombros. No es tan fácil de explicar.
—Me terminé rompiendo yo sola. —Me muerdo el interior de las mejillas para contener las emociones que golpean mi interior—.
Creí amarlo, Clara. Pensaba que me había enamorado de él y que todo era válido para conseguir su cariño.
Me terminé obsesionando de una manera que no se la deseo ni recomiendo a nadie.
Hice el ridículo, me arrastré, mostré una imagen que hoy no me representa y todo para intentar tenerlo, bueno, retenerlo a mi lado.
Ya no sé si lo hice por amor o porque la idea de que me rechazara me parecía impensable.
Estaba claro que él no sentía nada por mí y aun así ahí estaba yo.
Revivir esa etapa me remueve todo por dentro. Siento enfado, desesperación, alivio, rencor…, una mezcla extraña que ni siquiera sé cómo explicar. Y por supuesto, todo eso lo siento hacia mí misma.
—Supongo que al principio sí lo hacía. —Su mano coge la mía por encima de la mesa—.
Pero luego cada uno quería cosas diferentes y no supiste aceptar un no como respuesta.
Está claro que no supiste gestionar de manera correcta la situación, pero también te digo que él tampoco.
No es que te defienda porque seas mi amiga, que un poco también, sino porque creo que ambos podríais haberlo hecho mejor.
Incluso yo podría haber hecho más por ti.
Niego. Eso sí que no. Yo misma me encerré en mi mundo y me negué a que mi entorno me ayudara. No pueden brindarte ese apoyo si tú no les haces saber que lo necesitas. Yo sola me metí en ese agujero, aunque para salir necesité ayuda de mi madre y del psicólogo. Y luego, por supuesto, de Martina.
—No te lo permití. No fue una situación fácil para mí, no supe gestionarlo ni ponerle solución hasta que fue demasiado grande y quizás un poco tarde.
Desde entonces las inseguridades y los miedos han aumentado, en especial uno: la capacidad de querer —digo abriendo mi corazón por completo—.
No sé si puedo enamorarme de manera correcta, no sé si estoy preparada para querer a alguien como se merece o si…
—Que tengas todos esos miedos me deja muy claro que sí, Carlota, eres muy capaz —me interrumpe ella, regalándome una sonrisa al mismo tiempo—.
No te pongas piedras en el camino tú misma, permítete sentir y descubrir el amor sin preocuparte por si saldrá bien o no, es el riesgo que se tiene al enamorarse.
—Creo que todas esas dudas también han aumentado al conocer a Alex —admito con la vista en mis manos.
Ahora mismo no soy capaz de mirarla por la vergüenza que siento—.
No me esperaba nada de lo que ha ocurrido.
Nuestra convivencia es demasiado sencilla.
Es tan fácil todo cuando estoy con él que me olvido de esas preocupaciones, simplemente me dejo llevar.
Pero es luego, en la intimidad, cuando esos demonios me bombardean.
Aunque pienso con demasiada frecuencia que sería tan sencillo quererlo.
Las palabras se precipitan solas de mi boca, no soy consciente de lo que he dicho hasta que me escucho y veo cómo a Clara se le desencaja la mandíbula.
—Igual es porque puede que ya hayas empezado a hacerlo —añade con cuidado.
Le doy vueltas a esa idea. ¿Puede tener razón? ¿Estoy empezando a sentir más por Alex?
—Esos besos no han ayudado, eso desde luego —suelto la bomba de manera disimulada, aunque al fin y al cabo es una noticia inesperada y eso hace que Clara chille.
Literal, acaba de chillar momentáneamente. Ha conseguido que las personas que hay a nuestro alrededor se giren hacia nosotras y mis mejillas se tiñan de rojo por ser la protagonista de esta escena. La estrangularía por ser tan impulsiva, siempre con amor, claro.
—¿Perdón? —Su tono de voz es más agudo de lo normal—. ¿En qué momento ibas a contarme esto? Menos mal que he venido a Barcelona. Esta noticia era necesaria explicarla en persona. Quiero saberlo todo. Has dicho besos, en plural, no te pienses que no me he dado cuenta de ese detalle.
Me río, no sé qué más hacer. Yo misma me he metido en este lío, pero es que en el fondo quería hacerlo, soltarlo y comentarlo con alguien porque llevarlo en secreto empezaba a quemarme en la garganta. Martina me matará si descubre que no ha sido la primera en enterarse.
Me aclaro la garganta dispuesta a hablar con todo lujo de detalles. Clara deja caer su mejilla en su mano, demostrándome que tengo toda su atención.
Empiezo por el principio y disfruto de ver las reacciones de mi amiga. Lo que yo decía, parece que volvemos a ser aquellas dos adolescentes que hablaban hasta las tantas de su interés amoroso. Me alegra haber recuperado esto también; a mi confidente.
—Una última pregunta que se me ha quedado colgada sobre el tema de Lucas —comenta después de que hayamos divagado un buen rato—. ¿Volviste a saber algo de él? —Niego.
—Nada desde que me vine a Barcelona. Tengo que decirte que a estas alturas me es indiferente —digo bastante segura. A veces, cuanto más lo dices, más real se vuelve—. Es más, creo que, si me lo encontrara, mi cuerpo no reaccionaría. —O al menos, eso es lo que quiero pensar—. ¿Tú lo has visto?
Desconozco el motivo que me lleva a formular la pregunta, pero ahí está. Clara asiente.
—Al cuarteto al completo de vez en cuando. Si ya eran inseparables antes, desde que empezaron a salir, todavía más. No tenemos relación alguna, pero si nos cruzamos, intercambiamos un par de frases, pura cortesía.
No necesita mencionar sus nombres para que sepa que hace referencia a Lucas, Natalia, Sara y Matías. La primera chica es la novia de Lucas, la segunda es amiga de ella y el otro chico es el mejor amigo de él y hermano de Natalia. Vamos, que todo queda en familia.
—En el fondo me alegro por ellos, por todos. —Miro la hora en el reloj y, al hacerlo, me inclino hacia delante esbozando una sonrisa—. ¿Estás lista para la cena?
Con la tontería han pasado un par de horas. El pobre Óscar sigue pululando por Barcelona a la deriva. Le ha ido enviando fotos de las calles y de cosas que se ha ido comprando a modo turista.
—Creo que esa pregunta debería hacértela yo, amiga.