Jugamos a querernos (Jugamos 3) CAPÍTULO 22 #2
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CAPÍTULO 22 #2

Coloco mi mano en su mejilla y ella pone la suya justo encima de la mía, acariciándome.

Si alguno debería preguntarle al otro de dónde ha salido, ese debería haber sido yo, porque no es normal lo que me produce un simple roce de nuestras pieles.

Me gusta. Me gusta lo suficiente como para que mi corazón me dé una sacudida cada vez que recortamos la distancia.

—Sería tan fácil volver a besarte —susurra a escasos centímetros de mis labios.

Estamos tan cerca que podría ponerme a contar sus pecas. No son muchas, pero sí las suficientes como para entretenerte y perderte en ellas.

—Hazlo.

Creo que la desesperación y la urgencia son evidentes en mi voz.

—¿A dónde nos llevaría eso?

—¿Acaso importa?

Veo la duda asomar en su mirada. Temo la decisión que pueda tomar.

Casi soy capaz de escuchar los engranajes de su cerebro funcionando a toda velocidad, por eso mismo, decido tomar la iniciativa.

No podría con un rechazo, no de ella. Así que doy un salto al vacío con la esperanza de que me ofrezca sus alas.

Nuestros labios se rozan como si fuera una caricia.

Tanteo el terreno, esperando su aprobación antes de profundizar.

Sigo con la mano en su mejilla y cuando me la aprieta con más fuerza, me lo tomo como una señal.

Mi mano va de manera automática a su cintura, ganándome un leve gemido por su parte.

Ese sonido consigue revolucionarme por completo y ponérmela dura.

Mi lengua busca la suya. No hay desesperación, sino paciencia.

Me permito saborearla, recrearme en cada roce, en la manera en la que se entrelazan nuestras lenguas y se nos acompasa la respiración.

Es muy diferente al de esta mañana, pero es igual de placentero.

No tengo prisa, solo disfruto del momento y de ella.

Cuando nos separamos, solo quiero volver a entrar en contacto con sus labios y su cuerpo.

Carlota es adictiva y mi cuerpo me pide más.

No he tenido suficiente, han sido apenas unos segundos, como un pequeño paréntesis en la conversación que estábamos manteniendo.

Al parecer, no soy el único que busca el contacto porque nuestras frentes siguen unidas, ninguno de los dos quiere romper este momento.

Todavía mis manos siguen ancladas a ella, sé que el frío se apoderará de mí en cuanto me separe, por eso alargo el momento todo lo que puedo.

Su respiración entrecortada se mezcla con la mía.

—Ahora que el ambiente está más relajado y no hay tensión, tengo una propuesta para ti.

Mi corazón se salta un latido al escucharla. Admito que ya empiezo a fantasear con ella en mi cama, perdida entre las sábanas. Aunque algo me dice que la propuesta no va por ahí.

—Aceptaría cualquier cosa si tú me lo pides.

Igual me estoy pasando de intenso, pero las palabras se precipitan solas de mi boca. No puedo controlarlo, no cuando siento su calor en mis manos. Se muerde el labio inferior. Debería estar prohibido ser tan sexy al hacer eso. No ayuda a frenar las ganas que tengo de ella.

—¿Incluso cenar conmigo, una amiga mía de Madrid y su novio mañana?

Ha dado un paso hacia atrás solo para poder mirarme mejor al formular la pregunta.

Me descoloca la propuesta, pero al mismo tiempo hace que unos nervios extraños se apoderen de mí.

Esa cena significa entrelazar todavía más nuestras vidas y eso provoca un cosquilleo en mi interior. Quiero hacerlo, claro que sí.

—No estás obligado a venir, ni mucho menos —continúa hablando ella al ver que no digo nada, pero ni siquiera me ha dado tiempo a hacerlo.

Se ha puesto nerviosa y por eso mismo está a punto de soltar una verborrea.

La conozco. Además, juguetea con los dedos de sus manos y ya no me mira—.

Sé que es una propuesta disparatada, pero Clara, mi amiga de Madrid con la que he vuelto a hablarme hace unas semanas, me acaba de avisar hoy de que viene a Barcelona en un viaje exprés.

En un principio solo íbamos a quedar las dos para tomar algo, pero me hace ilusión conocer a su novio.

Me alejé de ella al venir a Barcelona y ahora quiero recuperar nuestra amistad.

Óscar es importante para ella y me encantaría que nos lleváramos bien, siento que se lo debo después de todo.

Y claro, justo cuando le he comentado eso, la idea de hacer algo los tres juntos, ha propuesto que te unas a nosotros para cenar.

Culpa mía por haberle hablado de ti en más de una ocasión.

Que te haya mencionado ha despertado su interés, porque hace mucho tiempo que no hablo de ningún chico y ya está sacando sus propias conclusiones, igual que Martina y…

—Relájate, pelirroja —interrumpo su discurso con una amplia sonrisa en los labios.

Me gusta todavía más si eso es posible. Una de mis manos va a parar a las suyas y la otra a su barbilla, para obligarla a que deje de mirar al suelo y me mire a los ojos—.

No tienes por qué ponerte nerviosa, es solo una propuesta y no necesito explicación alguna.

Aunque admito que descubrir que has estado hablando de mí con tu amiga y tu prima me gusta.

Hace que sea menos raro que yo también hable de ti con mis amigos.

—Abre demasiado los ojos por mi confesión—.

Mañana estoy libre para cenar, así que acepto, pero con una condición, claro.

—¿Vas a pedirme algo a cambio de acompañarme?

—No puedo desaprovechar la oportunidad.

Sonrío todavía más. Mi mente ha ideado un plan infalible.

—Sabes que puedo ir sin ti, ¿verdad? —Se cruza de brazos.

—Poder, puedes, pero si me lo has preguntado es porque quieres que te acompañe. Empiezo a conocerte, pelirroja. Al parecer, ambos queremos pasar más tiempo juntos y no solo dentro del piso. —Hablo con demasiada seguridad, pero es que lo siento así.

—Dispara entonces, a ver si llegamos a un acuerdo.

Sonrío, confío en poder salirme con la mía y conseguirlo. Intenta parecer impasible, pero sé que la curiosidad puede con ella y que es capaz de dar su brazo a torcer. Lo presiento.

—Prueba el pádel, solo un entreno conmigo —ruego—. Te aseguro que descubrirás que no es horrible y querrás repetir.

Una sonrisa se dibuja en sus labios.

—Eres insistente, listillo. No vas a rendirte con lo del pádel hasta que acepte, ¿verdad?

—Quiero abrirte las puertas de mi mundo y, como bien sabes, mi vida es ese deporte. Solo te pido una oportunidad. Vamos, Carlota, no te cuesta nada —insisto al ver que duda—. Será divertido.

Suspira.

—Que conste que acepto solo para hacerte feliz.

—Suficiente para mí. —La pillo desprevenida al darle un sonoro beso en la mejilla y consigo que suelte una carcajada—. Te aseguro que no te arrepentirás. Tendrás al mejor entrenador solo para ti. No todas tienen esa suerte.

Enarca una ceja, divertida.

—Se supone que debes darme razones para motivarme a ir, no para que quiera huir.

Me gusta ella y su sentido del humor, creo que se me nota. Me he acostumbrado tanto que no me imagino sin mantener este tipo de conversaciones.

—No te hagas la dura, pelirroja. Sé que estás loquita por mí, aunque intentes ocultarlo.

—Te recuerdo que el que me ha besado dos veces has sido tú.

—Dos no se besan si uno no quiere —contesto canturreando.

—¿Qué tenemos, cinco años? Solo te ha faltado sacarme la lengua.

Me río, es inevitable hacerlo cuando estoy con ella. Hago justo lo que ha dicho: sacar la lengua. Carlota vuelve a reír y me regala ese sonido tan maravilloso al que me he vuelto adicto. Es mucho más especial cuando yo soy el responsable de que ocurra.

—¿Te apetece explicarme la historia con tu amiga? —Cambio de tema de manera radical—. Has dicho que se llama Clara, ¿verdad? —Asiente.

—Te advierto que puede que no entiendas la decisión que tomé, hay momentos en los que ni yo misma lo hago, pero no puedo cambiar el pasado, solo intentar mejorar mi presente y futuro.

Ahora el que asiente soy yo, animándola a hablar. Antes, durante su discurso, he notado que tenía la necesidad de desahogarse sobre ese tema. Y, al parecer, no me equivoco porque empieza a hablar sin parar.