CAPÍTULO 21 #3
Cuando compartes tanto tiempo junto a otra persona, llegas a conocerla casi tanto como a ti, si esa persona te lo permite, claro.
Hay quien no comparte detalles contigo por mucho tiempo que paséis juntos.
En este caso, Clara me abrió las puertas de su vida y me mostró quién era en realidad, con sus defectos y virtudes.
Congeniamos desde el primer segundo y, conforme más la conocía, más claro tenía que seríamos grandes amigas.
No me equivoqué, a las pruebas me remito, volvió a abrir esas puertas para darme una nueva oportunidad.
Yo también me mostré como soy, hasta que la vida me vino un poco grande y no supe cómo gestionarlo.
—Touché. En ese caso no me iré por las ramas.
Sé que lo que voy a decirte es precipitado, pero llevo días dándole vueltas a la idea y hasta hoy mismo no me he animado a dar el paso.
—Suspira. Empieza a ponerme nerviosa con tanto misterio, pero no doy indicios de ello y la dejo continuar—.
Hemos estado hablando un montón por mensaje y lo vamos combinando con videollamadas que me alegran el día, pero vernos es ir un paso más allá.
Desbloquear el último nivel que nos queda y descubrir si nuestra amistad sigue siendo lo que parece a través de la pantalla.
Por eso mismo todavía no te había dicho que este fin de semana voy a Barcelona con Óscar —confiesa esto último en un hilo de voz.
Mi exclamación por la sorpresa no le debe haber pasado desapercibida—.
Pero necesitaba hacerlo porque si no sabía que no me lo iba a perdonar.
Voy a estar en tu ciudad y he pensado que igual podríamos quedar para tomar un café. ¿Qué me dices?
Me he quedado de piedra, con la boca abierta en mitad de la calle.
Lo último que me esperaba era esta noticia.
Es una bomba. Me emociono al pensar en ello, en la posibilidad de ver de nuevo a Clara en persona después de más de un año y medio.
Tenía muy claro que cuando bajara a Madrid se lo diría y que estaría en sus manos dar el paso o no, pero ahora parece que la decisión está en mi tejado y yo lo tengo muy claro.
—Que me acabas de hacer la chica más feliz del mundo —grito de pura emoción, provocando que suelte una carcajada al otro lado—.
Entiendo tus miedos y que hayas tardado tanto en explicármelo, supongo que necesitabas asegurarte de que nuestra amistad iba en serio.
Me alegro de que me lo hayas dicho, estoy deseando verte en persona.
No la juzgo, hace apenas unas semanas que nos volvemos a hablar. Vernos en persona, como ella ha dicho, es el último paso que nos falta y no es tan sencillo de dar.
—Yo también —admite—. ¿Cómo lo tienes mañana?
El AVE sale en una hora hacia Barcelona y, en cuanto lleguemos, vamos a ver un partido de fútbol.
Nuestro viaje principalmente es para eso, le regalé entradas para ver al Barça contra el Español.
Sí, lo sé. Que Óscar viva en Madrid y sea culé tiene delito, el chiste se cuenta solo.
—Ahora la que ríe soy yo. Me ha quitado las palabras de la boca—.
Pero así es él. Como juegan en el campo del Español, mañana a primera hora haremos un tour por el del Barça. No puede irse sin verlo.
—Mañana me va perfecto, ahora tengo los fines de semana libres, así que cualquier plan es bienvenido. Bueno, salir de fiesta y emborracharme ya no me apasiona, así que, a ser posible, prefiero ese café que has comentado antes.
—Yo también he dejado atrás esa etapa —reconoce—. Me he pasado al bando de palomitas, manta y peli. Bueno, películas o series cuando no hay fútbol.
—Sabia decisión. Cuando puedas, pásame la ubicación del hotel. Yo me encargo de organizarlo todo para mañana. Me hace mucha ilusión verte, Clara.
—A mí también. Mandaré a Óscar a la tienda del Barça y de Lego para que nos deje un rato a solas.
—Por mí no lo hagas, me gustaría conocerlo.
Es cierto que quiero estar a solas con ella, al menos un rato, pero al mismo tiempo no quiero ponerla en ese compromiso. Es un viaje con su novio, lo último que deseo es causarle problemas. Además, puede ser la oportunidad perfecta para que me lo presente.
—Y a mí a tu compañero de piso —suelta con una risita. Ese tono de voz ya me lo conozco—. ¿Añadimos una cena conjunta después del café para las presentaciones oportunas?
¿En qué momento decidí hablarle de Alex?
Si algo tienen en común Clara y mi prima es esa vena cotilla.
El chisme es la gasolina de sus vidas. Está claro que las pocas conversaciones que hemos tenido en las que lo he mencionado han sido suficientes para despertar su interés.
Y eso que no sabe lo del beso de esta mañana.
En el momento en que una de las dos se entere, me acribillarán a preguntas y sacarán sus propias conclusiones. Miedo me da.
La oferta es demasiado tentadora, pero tampoco quiero que Alex malinterprete la situación. ¿No es un poco extraño que le presente a mi amiga de Madrid? ¿No es todavía más raro que hagamos una cena solos los cuatro, en plan parejitas?
—Sabes que no puedo decirte que no. —Aceptaría cualquier plan que me propusiera solo por verla y pasar tiempo juntas—. Por ahora cuenta conmigo, no puedo prometerte que Alex se una a nosotros.
Estoy dándole vueltas a las opciones que tengo y a cómo plantearle el plan —si es que finalmente me animo a hacerlo, claro—, cuando escucho que chasquea la lengua.
—Por lo menos, pregúntaselo. No me hagas creer que lo harás para luego limitarte a decir que no le apetece.
Una pequeña sonrisa aparece en mis labios.
—Al parecer no soy la única que conoce a la otra.
—Soy capaz de escribirle, no me subestimes —me advierte para meter presión—.
Ya lo tengo localizado en Instagram. —Abro la boca tras su confesión, dispuesta a interrumpir, a quejarme más bien, pero ella se me adelanta—.
Tuve que hacerlo cuando me hablaste de él y tardaste tantas horas en pasarme su foto.
¡No puedes dejarme con el chisme a medias!
No, si encima será mi culpa.
—¡Clara! Ni se te ocurra hacerlo. —La veo capaz, al menos antes lo hubiera hecho sin dudarlo—. Terminé pasándote la foto, no era necesaria esa investigación por tu cuenta.
Niego, aunque no pueda verme. Su risa me llega casi como un susurro, pero la escucho.
—Ya está hecho. Nos vemos mañana, Carlota. La doble C volverá a unirse.
Sonrío, había echado de menos ese apodo estúpido.
Su voz desprende ilusión y eso me ablanda el corazón.
Además, nada —ni siquiera esa confesión y amenaza— conseguirá estropear uno de los mejores días de mi vida.
He besado a Alex, he empezado a trabajar en un cole y acabo de enterarme de que mi amiga viene de visita a Barcelona.
Es demasiado bueno para ser real y para que me esté pasando a mí.
—Vamos hablando, amiga —termino por decir, dándome por vencida—. Que sepas que te quierodio demasiado —añado antes de que cuelgue.
Su carcajada es lo último que escucho antes de que finalice la llamada.
Mañana voy a ver a Clara y a conocer a su novio.
Estoy demasiado feliz porque no es algo que imaginara que fuera a pasar en un futuro próximo, no cuando hace tan poco que nos volvemos a hablar.
Ahora solo tengo que pensar en cómo abordar la situación con Alex para que no sea tan extraño como me lo parece.