Jugamos a querernos (Jugamos 3) CAPÍTULO 18
55%

CAPÍTULO 18

Querer(me)

Cuaderno de Carlota

El miedo todavía me acompaña. Por muchas sesiones que haya hecho, las preguntas siguen bombardeando mi mente.

Los «¿y si…?» no me abandonan, creo que nunca lo harán.

Quizás no debería darle tantas vueltas, lo sé, pero a veces es inevitable que lo haga.

Forman parte de mí, de esta nueva Carlota que estoy construyendo.

El amor. Esa gran incógnita que me aterroriza e ilusiona a partes iguales.

Por mucho que me dijera en su momento que mi corazón estaba cerrado a ello, en el fondo siempre he albergado la esperanza de saber querer bien y que me quieran.

Lo primero es lo que más me aterra, dado que mi experiencia y pasado me dicen que no estoy preparada para abrirme de ese modo y darme la oportunidad de querer.

¿Acaso sé lo que significa esa palabra? Martina está convencida de que sí, mi madre todavía más y hasta mi psicólogo me lo dejó claro.

Si me preguntáis a mí, tengo mis dudas porque temo no estar a la altura, obsesionarme en vez de amar y repetir los mismos patrones que hace años.

Puede que no tenga sentido que lo piense, me he demostrado innumerables veces que no soy la misma, pero esa vocecilla en mi interior consigue susurrarme mis miedos.

Borrarla es misión imposible, pero de mí depende hacerle caso o ignorarla.

Solo yo decido la importancia que debo darle y me encantaría decir que es ninguna, pero todavía no puedo hacerlo.

Sigo trabajando en irla silenciando y pasarla por alto.

Sé a qué se debe estar reflexionando sobre el amor y el miedo que me da este.

Suele ocurrirme cuando un chico llama lo suficiente mi atención como para hacerme replantear todo.

Negar que es justo lo que me está ocurriendo sería engañarme a mí misma, algo que no puedo hacer por mucho que quiera.

¿Es necesario que escriba su nombre y apellido aquí?

Igual con decir que sus ojos marrones, su pelo negro alborotado, su hoyuelo en la mejilla derecha, sus camisetas de manga corta y sus tatuajes están revolucionando todo mi ser es suficiente.

A veces culpo a la convivencia de ser la culpable y estar volviendo locas a mis hormonas.

Puede que, si no estuviéramos tantas horas juntos y bajo el mismo techo, no hubiera despertado este sentimiento en mí.

El roce hace el cariño, según dicen. Y yo lo estoy comprobando de primera mano junto a Alejandro Rivas —tanto tú como yo sabíamos que tenía que mencionar su nombre—, aunque si leyera esto, frunciría el ceño al ver que no lo he llamado Alex.