Jugamos a querernos (Jugamos 3) CAPÍTULO 16 #2
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CAPÍTULO 16 #2

—De eso nada, ahora que te localizo no vas a escaquearte.

Ya ha llegado a mis oídos que os lleváis bien.

—El tonito que utiliza consigue que enarque una ceja, aunque no pueda verme—.

¿Algo que contarme al respecto? —inquiere con curiosidad.

La conozco lo suficiente como para saber por dónde van los tiros—.

Te aviso desde ya que, como le rompas el corazón, eres hombre muerto.

Ella cree que lo tiene de piedra y que es puro hielo, pero yo sé que es todo lo contrario.

En las manos correctas es capaz de derretirse por mucho que intente evitarlo a toda costa.

Igual estoy hablando de más, pero te haces a la idea, ¿verdad?

Me encargaré yo misma de acabar contigo si es necesario.

Suelto una sonora carcajada por lo surrealista que es la conversación. Me acaba de amenazar como quien no quiere la cosa. Pero me demuestra, una vez más, la unión tan fuerte y bonita que hay entre ellas. Tienen una gran relación y está claro que se quieren mucho.

—No me gusta lo que insinúas, Tina —digo en un tono más serio—.

No tengo intención de meter la polla donde no toca y mucho menos si eso jodiera a tu prima.

—Escucho una exclamación al otro lado. No pienso disculparme por ser tan directo—.

Sé que hacerlo complicaría la convivencia, así que prefiero ahorrarme los problemas.

Ya está, ya lo he dicho. He confesado esa idea que rondaba por mi mente desde hace días.

—Así que no lo haces no porque no quieras, sino porque crees que es lo más sensato.

Interesante —reflexiona ella en voz alta, riéndose.

Consigue que gruña de pura frustración mientras se divierte a mi costa—.

Pero ese no es el problema, de hecho, métela si ambos queréis.

Solo te digo que, si eso pasa, más te vale que ninguno de los dos acabe jodido.

—Aclárate: ¿quieres que suceda o no? —Ni siquiera sé por qué lo pregunto, ni que necesitara su aprobación—. Porque me mandas señales contradictorias.

No hay quien entienda a Tina. El papel de prima preocupada y violenta no va con ella.

—Eso ya es cosa vuestra, ahí no me meto. Yo solo debía advertirte de las consecuencias que tendrías si Carlota termina mal por tu culpa.

—En ese caso, tranquila —añado al momento—. Te puedo asegurar que eso no sucederá, no pienso cruzar la línea con ella.

Me lo he repetido más de una vez. En especial cuando estamos cenando sentados en el sofá y la observo tan natural, con ese pijama a cuadros y esa sonrisa tímida. Si no me pareciera tan atractiva, me resultaría más sencillo.

—Al parecer no soy la única que se contradice —suelta una pequeña carcajada. Os aseguro que está disfrutando de esto—. Tampoco te reprimas, Alex. Y mucho menos si los dos estáis receptivos.

Resoplo. ¿Acaso sabe si Carlota estaría dispuesta? No entiendo por qué ese simple pensamiento consigue acelerarme el corazón.

—¿Esta conversación también la has tenido con ella?

—Sigo viva, así que ya te puedes imaginar la respuesta. Digamos que Carlota no se muestra tan receptiva a hablar de su vida privada y mucho menos de cosas relacionadas con el amor.

—Algo he podido notar —admito en un hilo de voz. Aunque me reconforta que no sea solo conmigo, sino en general.

—Me encantaría seguir debatiendo largo y tendido sobre esto, pero alguien está aporreando la puerta de mi habitación como si le fuera la vida en ello.

—Justo cuando lo dice me percato de los golpes de fondo—.

Oliver ya debe de estar haciendo de las suyas.

Voy a tener que explicarle de nuevo cómo funciona lo del espacio personal.

—Me aventuraría a decir que estás agobiada. ¿Los peques dan mucha faena?

—Nada comparada con la que da el hermano mayor.

—Necesito el chisme al completo.

—Eso tendrá que esperar. Disfruta de Barcelona, de mi habitación y de mi prima.

Cuelga antes de que pueda despedirme.

Tras un par de segundos mirando la pantalla del móvil y asimilando la conversación que acabamos de tener, entro en el bar, preparado para recibir los comentarios de mi grupo de amigos. Los localizo rápido, en una de las mesas del fondo.

—Ya habíamos olvidado lo impuntual que eres —comenta Paula cuando los empiezo a saludar.

—Habla por ti. Yo sabía que un viernes después de un entreno nos haría esperar. Hay cosas que no cambian. Los dos minutos han terminado siendo más de diez —me recrimina Eloy antes de estrecharme la mano y darme un par de golpes en la espalda. Le devuelvo el gesto.

—Antes de que me sigáis recriminando, dejadme que os diga que la culpa ha sido de Tina —me aventuro a decir.

Necesito aclarar que los minutos de más han sido cosa suya—.

Me ha llamado cuando he llegado y ha considerado que era un buen momento para hacerme un interrogatorio sobre mi convivencia con Carlota.

Y por qué no, también amenazarme entre risas.

Os aseguro que no le ha servido de nada saber que me estabais esperando.

—Déjame decirte que el interrogatorio no ha hecho más que empezar. Toma asiento porque venimos fuertes —anuncia Eloy, consiguiendo que mis ojos se abran de golpe por la sorpresa.

Este giro dramático de la conversación no me lo esperaba. ¿Más preguntas? ¿Por qué?

—Para empezar, nos gustaría saber por qué Carlota no está aquí

Esa es la primera pregunta de muchas y, por supuesto, el tema central de la conversación es mi compañera de piso y nuestra relación. ¿Por qué todo el mundo se empeña en hablar de eso? Al parecer han empezado a montarse sus propias películas, todas relacionadas con el amor.