CAPÍTULO 16
El rendimiento de Marc y Nil no es el mismo los lunes que los viernes, se nota que están cansados después de toda la semana, pero aun así intento exprimirlos al máximo; y ahora mucho más porque tenemos el Cupra FIP Tour a la vuelta de la esquina.
Es el circuito internacional organizado por la Federación Internacional de Pádel (FIP) y funciona como acceso al gran circuito profesional, el Premier Pádel Tour.
Para llegar a nuestro objetivo debemos destacar por encima de los demás.
Como tienen suficientes puntos y son conocidos en los circuitos nacionales, ha llegado el momento de expandirse e ir un paso más allá.
Por eso, el primer FIP Promotion que van a jugar es en Roma, dentro de dos semanas.
Las inscripciones suelen abrirse unas semanas antes y me he encargado de que tengan un hueco.
En esta clase de torneos la presión real empieza a estar presente.
Además, es su primer viaje juntos como proyecto profesional.
Conforme vayan sumando puntos, podrán acceder a los FIP de más categoría.
Es una carrera de fondo, no pueden pretender llegar por todo lo alto —aunque los veo capaces—, el trabajo y la constancia son fundamentales.
Esto último es algo que me encargo de que entiendan en este cierre de semana. Los viernes también sirven para eso.
—Nuestro objetivo es llegar a la final y ganarla —insiste Nil, pasándose la mano por el pelo.
Un gesto que hace cuando está nervioso, también dentro de la pista.
Sigue autoexigiéndose demasiado, algo que debemos seguir trabajando con la psicóloga deportiva—.
Es el momento para que hablen de nuestra dupla perfecta.
En España ya empiezan a hacerlo, por algo nos han bautizado como las jóvenes promesas catalanas de este deporte.
—También ha ayudado que no dejes de repetirlo cuando se te presenta la oportunidad. Creo que nos han adjudicado ese apodo por pesados.
Contengo la risa ante la dinámica de estos dos, siempre es así; una especie de tira y afloja la mar de divertido. No puedo quejarme, con ellos estoy entretenido.
—¿Puedes decirle algo? —pregunta Nil, visiblemente molesto. Incluso se ha cruzado de brazos. Empieza a perder la poca paciencia que tiene.
—Me sorprende lo bien que os entendéis dentro de la pista cuando fuera os tiraríais de los pelos si tuvierais la oportunidad.
He perdido la cuenta de las veces que les he dicho algo similar.
—No ayudas, Alejandro.
—¿Ahora utilizas mi nombre completo? —Enarco una ceja, incrédulo—. ¿Eres mi madre regañándome?
Marc no puede contener más la risa y termina soltando una carcajada.
Después de varios años siendo entrenador, he llegado a la conclusión de que mostrarme cercano es lo que consigue que estemos más unidos.
Con ellos me está funcionando. Necesitan verme como uno más, no como alguien lejano e inalcanzable.
No estoy aquí solo para mandarles, sino para ser su amigo.
Por eso les sigo el rollo, utilizo vocabulario similar y me uno a sus bromas internas.
Somos un equipo y esto es lo que consigue que haya cohesión entre nosotros.
—No se lo tengas en cuenta. Cuando se acerca una competición importante, tiende a ponerse más nervioso e histérico de lo normal.
Algo que no ayuda a su carácter ya de por sí bastante peculiar.
Digamos que está más susceptible a todo y con las garras afiladas, dispuesto a lanzarse a la yugular de cualquiera.
Si las miradas mataran, Marc en estos momentos ya estaría bajo tierra.
—Eso es porque parece que soy el único que se toma esto en serio. —Resopla mientras empieza a recoger con rabia todas las cosas que había dejado fuera de la bolsa. Por supuesto, estaban ordenadas justo al lado.
Chasqueo la lengua, contrariado. Hay cosas y comentarios que no puedo permitir. Existen ciertos límites y no pueden sobrepasarlos, por muy rabiosos que estén.
—No te equivoques, Nil. —Pongo una mano en su hombro, en un intento de relajarlo—.
Puede que seas el único que lo exterioriza, pero te aseguro que para Marc todo esto también es importante.
Es vuestro sueño, estáis juntos en esto.
Os necesitáis para cumplirlo y tenéis la suerte de haberos encontrado y luchar de la mano por lo mismo.
Controla tus comentarios, tienes suerte de que Marc sea así, otro te podría haber mandado a la mierda por mucho menos.
Se le desencaja la mandíbula al escucharme. Directo podría ser mi segundo apellido. Pero necesito que sepan lo afortunados que son. Por eso no me ando por las ramas y soy muy claro. Debe callarse ciertas cosas o su compañero terminará hasta la polla de él, lo digo por experiencia.
—Esto también es mi vida —comenta serio—. A estas alturas no deberías dudarlo, bro. Te lo demuestro en cada entreno y partido. Quiero estar aquí. Ambos estamos implicados en esto. Si no ganamos el circuito de Roma, seguiremos intentándolo.
Su compañero asiente, revolviéndose el pelo.
—Lo sé, lo siento —termina por decir a los pocos segundos—. Como tú muy bien has dicho, los nervios pueden conmigo y hacen que esté más insoportable de lo normal. Sabes que no quería decir eso.
—Tienes suerte de que sepa cómo eres y te quiera.
—Oye, que yo también aguanto lo tuyo.
Ambos se ríen y yo me limito a observarlos con una sonrisa. Siguen conversando, pero pierdo el hilo cuando mi móvil empieza a sonar. En cuanto veo que es Eloy y la hora, sé cómo se va a desarrollar la conversación. Cojo la llamada, preparado para la reprimenda. Si es que me lo merezco.
—Oye, colega, ¿vienes a cenar o no? Te estamos esperando.
Hace quince minutos que debería estar en el bar. Escucho las voces del resto de mis amigos a través del teléfono. Estoy jodido.
Con un gesto de mano y un movimiento de cabeza me despido de los chicos que todavía siguen recogiendo y hablando. Ahora irán a la ducha, cosa que debería hacer yo también, pero como me retrase más, me matan. Así que salgo disparado sin mirar atrás.
—Acabo de salir del club, ya sabes que…
—Ahórrate las disculpas y justificaciones cutres, baratas y de pacotilla —me corta antes de que pueda hacer justo eso—, sabes que conmigo no funcionan. Llegas tarde, más te vale volar si quieres seguir perteneciendo al grupo.
Resoplo, pero al segundo sonrío.
—Si me distraes, no puedo caminar rápido —me quejo, acelerando el paso—. Por cierto, ¿dónde hemos quedado?
—Espero, por tu bien, que te estés quedando conmigo.
Eloy está al borde de la histeria, justo lo que quería conseguir al hacerle esa pregunta. No falla. De hecho, me sorprende que haya tardado tanto en llamarme. Conociéndolo, me esperaba que fuera mucho antes, aunque seguro que si miro los mensajes tengo unos cuantos.
—Llego en dos minutos.
—Ya sabía yo que teníamos que quedar cerca de tu trabajo por cosas como esta.
—No sé de qué te quejas si ya me conoces.
La puntualidad no es mi fuerte, mucho menos si antes del plan tengo que hacer algo y ese algo está relacionado con el pádel. Pierdo la noción del tiempo cuando se trata de trabajo.
—Veo que ni los años consiguen pulir ciertas costumbres.
—Qué cosas más bonitas me dices.
Cuelgo antes de que pueda darme una respuesta, algo de lo que estoy convencido que lo cabreará más.
Necesito comprobar que voy en la dirección correcta.
Mi intuición me dice que sí, pero no está de más asegurarme.
Celebro no haberme equivocado. Es cuestión de segundos que me plante delante de la puerta.
Al leer el letrero a lo lejos, casi me pongo a correr.
Todo lo que no he hecho antes en el entreno —hoy mi papel se ha limitado más a observar—, lo estoy haciendo ahora.
Por suerte, tengo buen fondo y no llego con la lengua fuera por el cansancio.
Mi móvil vuelve a sonar. Mi amigo es un impaciente de manual.
Descuelgo sin pensármelo, aunque vaya a verlo en unos pocos segundos.
—Eloy, estoy entrando por la puerta. Por mucho que me llames, no llegaré antes.
—Veo que sigues vivo y llegando tarde, como de costumbre. —La voz no es la de Eloy, pero no necesito mirar el nombre para saber que es Tina. Escucho su risa al otro lado—. Ya empezaba a preocuparme al no tener noticias tuyas. Pensaba que mi prima se había deshecho de ti.
Ahora el que ríe soy yo.
Me paro justo delante de la puerta del bar para atender como se merece la llamada de Tina. Sobra decir que no estaba entrando cuando lo he dicho antes, pero sí que estaba muy cerca. Una verdad a medias que me proporcionaba tiempo.
—Soy un hueso duro de roer, no es tan fácil acabar conmigo. Además, Carlota y yo empezamos a entendernos. Pero te lo explicaré en otro momento porque, como has podido averiguar, nuestros amigos me están esperando.
Soy bastante consciente de la pequeña sonrisa que se ha dibujado en mi rostro al mencionar su nombre.
Dicen que el roce hace el cariño y yo tengo que corroborarlo porque en casi dos semanas ha pasado de ser una completa desconocida a ser algo así como una amiga.
Los últimos días hemos compartido bastantes horas juntos, en especial cenas que se han alargado porque ninguno de los dos parece tener sueño cuando llega la hora de dormir.
La conversación fluye sola y me siento yo en todo momento.