Jugamos a querernos (Jugamos 3) CAPÍTULO 12
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CAPÍTULO 12

Querer(me)

Cuaderno de Carlota

A veces atreverse a dar el primer paso puede cambiarlo todo. Al igual que admitir tus errores y pedir perdón. No es fácil, pero sí que es necesario si quieres que las cosas sean diferentes y mejoren.

En mi caso, aunque haya tardado bastante en hacerlo —años para ser más exacta—, estoy orgullosa de haberme armado de valor y haber dejado todos los miedos e inseguridades de lado para intentar reconstruir una amistad que en su día fue de las cosas más importantes que tenía.

No pretendo que todo vuelva a ser como antes en un abrir y cerrar de ojos, sé que desearlo sería algo irreal, solo quiero que, con el tiempo, nuestra relación vuelva a afianzarse y poder contar con ella en mis mejores y peores momentos.

Esto último no supe hacerlo, pero estoy dispuesta a intentarlo y no apartar a las personas que me quieren cuando peor estoy.

Encerrarme en mí misma fue la vía fácil, al igual que lo fue escapar de todo y huir de Madrid.

Pero erré al darle la espalda a Clara, ahora lo veo con claridad.

La dejé atrás y me despedí de ella del mismo modo que hice con todo lo que había en la capital —menos de mi madre, que es la única persona que conservo de aquella época—.

Cortar de raíz toda mi vida no fue la decisión más acertada, pero he necesitado tiempo y algún que otro golpe de realidad para descubrirlo.

Tenía que ser consecuente con mis acciones y lo estoy siendo, pero también puedo intentar enmendarlas, que es justo lo que he hecho al mandarle ese mensaje a mi amiga después de tanto tiempo separadas.

Perdí la cuenta de las veces que borré y volví a escribir ese texto en las notas del móvil.

Nada parecía suficientemente bueno como para una primera toma de contacto.

Releí y eliminé cientos de veces hasta que terminé abriendo mi corazón en canal.

Lo que se tradujo en un buen párrafo que tenía el «leer más».

Con el corazón en un puño y las lágrimas rodando por mis mejillas, di el primer paso: envié ese mensaje a un chat vacío, sin muchas esperanzas, pero al mismo tiempo con demasiadas.

Al menos tenía la certeza de que ese seguía siendo su número y no me había bloqueado porque aparecía la foto de perfil.

En ella estaba Clara, sonriente como de costumbre y más guapa que antes, algo que no sé si es posible.

El caso es que la pelota quedó en su tejado y, contra lo que me dictaba el miedo, ha respondido.

Aunque me ha hecho esperar y sufrir desde entonces, pero es lo mínimo que me merezco, ¿no?

No puedo dejar de leer su mensaje. A este paso terminaré memorizándolo, pero es que es demasiado bueno para ser real.

Por un momento he pensado que no me lo merezco, pero he descartado esa idea al momento.

Basta de compadecerse y de la autocompasión.

No tengo que seguir castigándome, joder.

Me he perdonado y, al parecer, ella también.

Mi corazón ha dado un vuelco al leerlo. Al principio se ha mostrado fría y con cierta rabia, cosa que no me ha sorprendido.

Al final no es plato de buen gusto que alguien aparezca y desaparezca de tu vida cuando a esa persona le plazca.

Pero supongo que todas mis explicaciones han conseguido ablandarla un poco y, por qué no, también el cariño que me tuvo ha ayudado a que su mensaje haya terminado siendo positivo.

Me pondría a dar saltos de alegría... si no fuera porque la coordinación nunca ha sido lo mío.

Soy muy consciente de que volver a ser amigas requerirá tiempo, pero el primer paso está dado.

Ya he hecho lo más difícil, ahora solo queda ver cómo avanza la situación.

Aunque algo me dice que no tardaremos en ser nosotras, lo he podido intuir por los mensajes que nos hemos intercambiado después.

He sentido que no ha pasado el tiempo, algo inexplicable.