Jugamos a querernos (Jugamos 3) CAPÍTULO 9 #2
26%

CAPÍTULO 9 #2

—En eso coincidimos. —Enarca una ceja y me mira con curiosidad, como queriendo saber más—.

Lo digo por mí, no por ti —me apresuro a añadir—.

Quiero decir, yo tampoco esperaba terminar viviendo en Barcelona con Martina.

Lo que empezó como algo temporal se ha alargado más de lo que imaginaba y lo cierto es que seguirá siendo así.

Ya sabes cómo está el panorama en esta ciudad: independizarse parece algo irreal.

Y vale, reconozco que nunca pensé que terminarías instalado en este apartamento.

Entre mis planes no entraba esto. —Nos señalo a ambos, aunque era evidente que me refería a nosotros.

He vuelto a hacerlo, lo de hablar más de la cuenta y acelerada.

—Puedes relajarte, Carlota. —Alex apoya una de sus manos en mi hombro.

Cuando lo hace, suelto todo el aire que había en mis pulmones—.

No tienes que estar tensa conmigo. Lo último que quiero es incomodarte.

Me gustaría que fueras tú y pudieras estar tranquila.

—Agacho la cabeza, avergonzada por la situación.

Mis nervios han sido tan evidentes que hasta él se ha dado cuenta de mi incomodidad—.

Imagino que también te ha pillado desprevenida esta nueva situación.

Ambos sabemos que no es la ideal para ninguno, pero es nuestra nueva realidad.

¿Y sabes qué? Sé que nos llevaremos bien y que incluso nos llegaremos a divertir estos meses.

En un futuro esta anécdota será graciosa, créeme.

—La seguridad con la que habla hace que baraje esa opción.

¿Y si termino estando a gusto con él? Por muy irreal que pueda parecer, quiero que se cumpla. Es lo mejor que nos podría pasar para nuestra convivencia.

—Me gustaría hacerlo —confieso en un hilo de voz mientras esbozo una ligera sonrisa—. Lo cierto es que si mi prima nos lo hubiera dicho con más antelación… —Niego—. Martina y su cabeza loca suelen pasar por alto las cosas más importantes.

—Así es ella, pero de nada sirve lamentarnos.

Asiento dándole la razón. Por muchas vueltas que le dé, no puedo cambiar el pasado, ya está hecho. Solo me queda apechugar con el presente y el futuro.

—Te dejo instalarte tranquilo. Tu habitación es la de la tercera puerta.

—Ahora, desde donde está, solo tiene dos opciones: caminar hacia el pasillo que le indico con la mano o hacia la cocina y el comedor, solo necesitamos dar un par de pasos para entrar, ya que da al recibidor.

Es lo que tiene que a Martina le gustara tanto el concepto de «todo abierto»—.

Justo al lado tienes el baño que compartimos y la puerta del final del pasillo es donde Martina deja volar su imaginación cuando no está en el taller.

Si quieres seguir vivo cuando vuelva, no entres sin su permiso.

Tiene un radar para saber si alguien ha invadido su privacidad.

Sí, esa habitación es más íntima que su cuarto —añado al ver su desconcierto.

Me encojo de hombros, yo tampoco lo entiendo del todo—.

Si te parece, cuando termines hablamos un rato.

No puedo irme a dormir sin comentarte un tema bastante importante para mí.

Pronunciar esas palabras no ha sido fácil, así que no me quiero imaginar lo que supondrá decir lo otro: la loca idea que ideé ayer cuando me enteré de que debía compartir piso con un casi desconocido.

¿Será buena idea seguir con el plan inicial?

No le he comentado nada al respecto a mi prima porque ya sabía cuál sería su contestación.

«Luego dirás que no eres rarita». Casi puedo escuchar su voz diciéndolo.

—En ese caso dejo la maleta y salgo. No quiero que estés aquí perdiendo el tiempo. De esta manera podrás irte a descansar cuanto antes. Mañana tienes turno de mañana, ¿verdad? —Asiento sorprendida—. Tina me lo comentó —añade rascándose la nuca.

—Mis horarios están en el calendario que hay colgado en la nevera.

Suelo actualizarlo si hay algún cambio y voy añadiendo los turnos de las semanas en cuanto los sé.

Agradecería que hicieras lo mismo. Pero no me adelanto, ahora te explico todo con detalles.

No quiero agobiarte antes de tiempo. Ve a tu habitación, te espero en el sofá.

Asiente y acto seguido empieza a andar. Mis pies no reaccionan hasta que lo ven entrar en el cuarto.

Mentiría si dijera que mi mirada no ha seguido sus pasos por el pasillo y esta vez le he prestado demasiada atención a su cuerpo, en especial a su culo.

Si Chris Evans tiene el mejor culo de América, Alex podría tener el título al mejor de España y os aseguro que no estoy exagerando.

Se nota que hace deporte a diario. Me doy cabezazos mentales por estar pensando eso y por haberme fijado en él de ese modo.

¿No era que no quería saber nada de chicos?

Mi cuerpo parece no tener la misma opinión.

Aunque lo cierto es que no es que no quiera saber de ellos, sino que no quiero hacerlo en el ámbito amoroso por el miedo del que os hablaba antes.

Enamorarme o sentir por otra persona no entra en mis planes ahora mismo.