CAPÍTULO 8 #2
Mi comentario consigue hacerla reír. Había olvidado cómo sonaba su risa en directo, mucho mejor que a través de una pantalla.
—Mi recomendación es el Pancake Salado —comenta con entusiasmo, cambiando de tema y centrándose en la carta que ha escaneado gracias al QR que hay enganchado en la mesa.
Lo de que te la traigan en físico parece que sea cosa de la prehistoria—.
Ojo, porque los Turkish Eggs tienen una pinta estupenda.
—Se emociona ella sola mientras va leyendo.
Me limito a mirar el móvil por encima de su hombro—.
¿Qué opinamos del chili? Porque si no os lleváis bien el picante y tú, mejor descartamos esta opción y pasamos al Flamingo Croissant. ¿Qué me dices?
—¿Quieres que compartamos? —propongo. Provocando que sus ojos se abran por la sorpresa y se le dibuje una enorme sonrisa—. Así podemos probar dos cosas, como estabas tan indecisa…
—Excelente decisión. Aunque, claro, la combinación ideal sería algo salado para empezar y terminar con algo dulce. Pero el dulce no es lo tuyo, entonces no sería demasiado justo.
—No le des tantas vueltas a las cosas, Tina —intervengo antes de que siga divagando—.
Pedimos un pancake salado y lo segundo es cosa tuya.
Todo lo que elijas me parece bien, incluso si es dulce.
—Me apresuro a añadir eso último, adelantándome a su comentario.
Estoy convencido de que estaba a punto de interrumpirme justo para eso.
—Si es que te tengo que querer.
Me abraza y acto seguido me da un sonoro beso en la mejilla.
Tina es energía. Es un gran terremoto destinado a poner tu vida patas arriba de la mejor manera posible.
Por eso es mi amiga. Supe que nos llevaríamos bien desde el primer segundo en el que la conocí.
La pillé llevándose un par de botellas de una fiesta universitaria para montar la suya propia.
Se quejaba de la música y del aburrimiento que estaba siendo.
Tenía toda la razón del mundo, por eso decidí irme con ella a su pequeña reunión de amigos privada.
Os aseguro que la música fue insuperable, al igual que la compañía.
Esa noche hice nuevas amistades que derivaron en el grupo de amigos que todavía conservo a día de hoy.
—No te puedes quejar, eso seguro.
Le hago una señal al camarero para que se acerque a tomarnos nota. Eso consigue que Martina tenga que tomar una decisión cuanto antes sobre lo que va a pedir. Termina decantándose por los pancakes de fruta de temporada acompañados de nata y sirope de agave.
—Ahora sí que podemos hablar de lo importante —anuncia cuando volvemos a estar solos—.
Creo que, con la emoción por reencontrarnos, tu vuelta a Barcelona, el nuevo puesto como entrenador, mi trabajo en Australia y todo el tema del piso, se me olvidó comentarte un pequeño detalle.
Sabes que todo ha sido muy inesperado y precipitado, por eso es normal que algo se haya podido pasar por alto.
¿Soy yo o se está disculpando por adelantado? Tengo la sensación de que intenta justificarse antes de soltar una gran bomba.
Agacha la cabeza y centra su mirada en sus manos entrelazadas. Puedo ver cómo juguetea con los dedos, un movimiento que evidencia que está nerviosa y que no sabe cómo continuar con la conversación.
—No me asustes, Tina.
Quiero mantener los nervios a raya. No adelantarme a los acontecimientos antes de tiempo. Siento un cosquilleo extraño recorriéndome el cuerpo y cómo el pulso se me ha acelerado.
—¿Te acuerdas de que en un principio pensaste que ibas a compartir piso conmigo?
—Asiento con cautela, temiendo el motivo por el cual ha mencionado esto.
Cuando me lo propuso y hasta el momento en el que lo acepté es lo que tenía en mente—.
Era lo más lógico —continúa ella—, pero luego te hablé de mi marcha inminente para trabajar de au pair durante tres meses y omití el detalle de que no tendrás el piso para ti solo.
No es que lo hiciera a conciencia, sino que no volvimos a hablar del tema y creo que lo diste por sentado, algo lógico también, pero mi prima Carlota vive conmigo y seguirá siendo así.
—Se acelera al hablar para intentar suavizar la noticia.
Se me desencaja la mandíbula al escucharla.
¿He oído bien?—. Sé que debería habértelo dicho y puede que con esta nueva información en tu poder no quieras mi habitación.
Lo entiendo, pero no me gustaría que desperdiciaras la oportunidad de vivir en pleno centro de Barcelona por tener que compartir piso con mi prima.
Ha sido un error de comunicación, pero ya estabas mentalizado para hacerlo conmigo.
Resoplo.
Esta nueva información me ha pillado por sorpresa.
Decir que no me lo esperaba se queda corto.
Ni siquiera sé cómo reaccionar ante esta situación inesperada.
¿Qué debo hacer ahora? Ya estaba mentalizado para esta nueva etapa de mi vida, sin embargo, esto no es un detalle insignificante, no; esto lo cambia todo y ella lo sabe.
Su cara de arrepentimiento me lo deja claro.
Sabe que ha metido la pata, aunque quiero creer que no ha sido intencionado, solo un descuido, porque Tina no sacaría nada ideando esto.
Ordeno las ideas, después de esta revelación tengo mucho qué decir, aunque no sé bien cómo sentirme al respecto.
—Una cosa es convivir contigo, que te conozco desde hace años, y otra muy diferente hacerlo con tu prima, a la que solo he visto dos veces —apunto una obviedad.
La idea de vivir con Tina no era tan descabellada, pero hacerlo con Carlota sí que lo es.
No debo de ser el único que lo piensa—. ¿Estás segura de que es buena idea?
¿Crees que puede salir bien? Tú nos conoces a ambos y…
—Yo mismo dejo la frase a medias para preguntar algo todavía más importante—.
¿Qué opina ella al respecto? Quiero creer que se lo has comentado y ha tenido tiempo para digerir la nueva situación.
No como yo, que apenas tengo veinticuatro horas para hacerme a la idea. En caso de que acepte, claro.
Una parte de mí ya sabe que voy a seguir con el plan. Voy a mudarme a Barcelona, ya sea viviendo solo o compartiendo piso con Carlota.
Tina me aparta la mirada, es incapaz de sostenérmela en este momento, lo que no indica nada bueno.
—Acabo de hacerlo —dice casi en un susurro—, de ahí que me haya dado cuenta de que tú no sabías nada y haya venido corriendo a explicarte la situación.
Mirando la parte positiva, estáis en igualdad de condiciones.
—Enarco una ceja mientras la miro, sin poder creer que haya dicho eso, ella se encoge de hombros—.
La noticia es nueva para ambos. Solo os tenéis que hacer a la idea.
Carlota está en proceso, espero que tú también.
—Mierda, Tina, era un detalle importante.
—No te preocupes, está todo bajo control.
—Sonríe para relajarme. Spoiler: no lo consigue—.
El plan sigue adelante, solo debes aceptar que mi prima estará también en el piso.
Te digo lo mismo que le he dicho a ella; apenas coincidiréis.
Pasas más tiempo en el club que en casa y ella trabaja como dependienta, ya sabes cómo son esos turnos, así que como mucho os veréis una hora al día; y a veces ni eso.
—Muy segura estás tú —dejo caer, sin terminar de creérmelo.
—Os conozco lo suficiente a ambos como para poder afirmarlo.
—Entonces, ¿estás segura de que esta convivencia puede salir bien?
Sonríe todavía más ante mi pregunta. Acabo de confirmarle lo que ella quería oír: que sigo alquilando la habitación, por mucho que haya habido un giro dramático de los acontecimientos.
—Apostaría todo lo que tengo a que os entenderéis a la perfección. Siempre y cuando te adaptes a ciertas peculiaridades de mi prima. Pero tranquilo, seguro que ella te lo explicará mucho mejor que yo.
—Lo de asustar a la gente se te da de maravilla.
—Es una de mis tantas cualidades.
Intento sonsacarle la máxima información posible sobre Carlota. Tina parece divertida por la situación y la charla. Insiste en no decirme demasiado para que sea yo mismo quien conozca a su prima. Una pequeña parte de mí quiere hacerlo, aunque sea una completa locura.
Tengo que hacerme a la idea de que mañana empieza de verdad esta nueva etapa de mi vida, pero que es ligeramente diferente a lo que tenía en mente hace apenas unas horas.
No puedo quejarme demasiado porque sigue siendo una gran oportunidad para mí.
Me centro en que podré ir andando al trabajo y omito lo que me aterra de verdad, la convivencia con una desconocida.
Cruzo los dedos para que salga bien y nos entendamos.