CAPÍTULO 6
Querer(me)
Cuaderno de Carlota
Nos acostumbramos con facilidad a las cosas.
Sin ir más lejos, yo me acostumbré a escribir por recomendación del psicólogo cuando empecé con las visitas y, a día de hoy, sigo haciéndolo.
A veces me pregunto el motivo por el cual lo hago, pero siempre termino cogiendo el bolígrafo y volcando todo en una hoja en blanco; sin pensar en el motivo, simplemente fluyendo.
Supongo que ya no me imagino sin esta costumbre.
Pero igual que añades nuevas rutinas a tu vida y piensas que serás incapaz de vivir sin ellas, te deshaces de otras que en algún momento también fueron imprescindibles —por supuesto, también es aplicable a las personas—.
He dejado atrás facetas que juré que me acompañarían siempre, e incluso a personas que hubiera deseado que me acompañaran de por vida, es inevitable que el recuerdo de Lucas —sí, todavía hoy— me asalte de vez en cuando.
Como dice mucha gente «evolucionamos», pero si lo preferís, podemos utilizar el término cambiar, mejorar, madurar…, hay múltiples maneras de referirse a ello. Si me preguntáis, me quedo con crecer, porque considero que he crecido en muchos aspectos de mi vida, especialmente en el plano emocional.
En mi día a día no soy consciente de aquellas cosas de las que me deshice.
No es hasta momentos como hoy, que me enfrento a alguno, en este caso a las discotecas y al alcohol, cuando realmente me doy cuenta de que a la Carlota actual ya no le gusta ese estilo de vida.
Soy muy consciente de que es por los recuerdos que me trae, por las asociaciones que hago y porque me transportan a un momento muy exacto que prefiero olvidar.
Por mucho que ya esté superado, no quiero hurgar en esa herida y en lo que provoca.