Jugamos a querernos (Jugamos 3) CAPÍTULO 3 #2
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CAPÍTULO 3 #2

Claro que lo sé. Las escapadas constantes los fines de semana a diferentes ciudades del mundo y la habitación del fondo llena de cuadros, pintura y objetos varios dan fe de ello.

Mi prima decidió dedicarse al mundo del arte, concretamente a la pintura.

Ha sido algo que le ha llamado la atención desde que es una cría.

Solía llevar un bloc de dibujo allá donde iba.

Los lápices y ese cuaderno eran una extensión de ella.

Por eso a nadie le sorprendió que quisiera estudiar Bellas Artes y dedicarse a pintar.

La realidad es que ahora mismo puede perseguir su sueño porque la economía de sus padres se lo permite; si no, probablemente debería compaginarlo con otro trabajo.

Y aunque en casa tiene esa habitación, tiene un pequeño taller en el Born donde se pasa la mayor parte del día.

Os podéis hacer una idea de la cantidad de dinero que tienen mis tíos.

A veces está sola, pero otras tantas tiene compañía.

Especialmente otros artistas o «compañeros de profesión» como ella misma dice, la mayoría de los cuales hicieron la misma carrera y se conocen desde entonces.

—¿Y esta vez está relacionada con irte de au pair? —pregunto sorprendida—. No encuentro la relación —admito. De hecho, me descoloca bastante porque no la estoy visualizando cuidando a un niño.

Mi prima se levanta de un salto del sofá y empieza a sonreír más que el gato de Alicia en el País de las Maravillas. La ilusión que desprende su mirada me advierte del discurso que se viene. Va a sacar su parte intensa.

—En un principio puede parecer que no la tiene, pero créeme cuando te digo que tiene todo el sentido del mundo, al menos para mí.

—Se mueve de arriba a abajo por el comedor.

Me limito a seguirla con la mirada—. Piénsalo de este modo, irme de au pair a otro país significa salir de mi zona de confort durante una pequeña temporada, algo mucho más largo que una simple escapada de tres días, y a eso debemos sumarle que los niños suelen ver el mundo desde otra perspectiva.

Tienen un punto de vista diferente, algo de lo que puedo contagiarme para mis nuevas obras.

Vamos, mi objetivo es reconectar con esa niña interior que tengo dentro gracias a ellos.

Cuanto más lo pienso, más claro tengo que es la decisión correcta.

Una aventura en toda regla cargada de estímulos que me harán crear algo único.

Siento un cosquilleo en los dedos solo de pensarlo, y sabes que eso se traduce en ganas de crear.

Llevarle la contraria no es una opción que baraje, mucho menos cuando tiene ese brillo en el rostro.

Está feliz y yo solo puedo alegrarme por ella.

A veces no logro entenderla, supongo que se debe a tener pasiones tan diferentes, pero sé que ama lo que hace tanto como yo enseñar, aunque todavía no haya ejercido como tal.

—Visto de ese modo, es una gran oportunidad para dejar volar tu creatividad —digo lo que sé que necesita y quiere escuchar—. Si es lo que necesitas, adelante, sabes que cuentas con mi apoyo. Por una vez en la vida vamos a tener algo en común: los niños.

—Sabía que lo entenderías. —Hace un bailecito ridículo de pura felicidad antes de lanzarse a mis brazos. La recibo encantada. Apoyarnos es algo que siempre hemos hecho y sé que continuaremos haciéndolo—. Lo mejor de todo es que ya lo tengo todo cerrado, prima. Me voy la semana que viene a Australia

—¿¡Qué!? ¿¡Cómo!? —alzo demasiado la voz de pura sorpresa.

Creo que acabo de cortocircuitar.

Estoy alucinando. ¿He escuchado bien?

—El contrato es de tres meses —sigue explicando, ignorando mi intervención—. Me han dicho que existe la opción de alargarlo en el futuro, pero ya les he dicho que mi idea es volver a Barcelona pasado ese tiempo, aunque nunca se sabe.

—Pero a ver… —insisto. Me quedo en mitad de la frase porque no sé cómo seguir. Me he quedado sin palabras.

—Sé que es precipitado, pero estas cosas son así.

Hace un tiempo que me apunté a una web, para ser más exacta, lo hice el mismo día en el que te comenté la idea.

Ya sabes que a mí me gusta hacer las cosas a lo loco.

—Asiento, es una buena manera de definirlo—.

Desde entonces he hecho alguna que otra entrevista con posibles familias, pero nada, no lo veía claro.

Incluso barajé la opción de darme por vencida, pero todo cambió ayer.

—Al mencionarlo se le vuelve a iluminar la mirada—.

Encajé con una pareja majísima de Australia.

La verdad es que son bastante jóvenes y tienen puestos importantes en empresas de allí, por eso necesitan una canguro a tiempo completo.

Fueron encantadores y me entendí de maravilla tanto con ellos como con sus dos hijos en la videollamada de presentación.

Como ambas partes lo tuvimos claro, podríamos decir que fue conexión instantánea, empezamos con el papeleo.

La conclusión y lo más importante es que esta mañana me han confirmado que el puesto es mío y el lunes que viene ya estaré en mi nuevo hogar, en la otra punta del mundo.

¿Qué te parece? Estás más callada de lo normal.

—Tuerce el gesto al mirarme, como si intentara leerme la mente.

Reacciono por esa última frase, hasta ese momento estaba con la mandíbula desencajada. Esta opción no entraba entre mis planes.

—Estoy intentando asimilar todo lo que me estás diciendo, Martina —admito, sin dejar de pensar en lo que supone este cambio—.

Procesar esta información no es sencillo.

La verdad es que no sé ni por dónde empezar.

—Me mira con los ojos abiertos, muy pendiente de mi reacción.

Cojo aire y lo suelto con fuerza—. ¡Madre mía!

Me alegro mucho por ti. Si es lo que quieres, has hecho lo correcto aceptando.

Es un gran paso y puede proporcionarte toda esa creatividad que necesitas, aunque no sé si tendrás mucho tiempo para fluir y dejarte llevar con el arte.

Irte de au pair es casi un trabajo a tiempo completo, imagino que debe suponer una gran implicación por tu parte.

¿Has pensado cómo vas a transportar tus cuadros y las pinturas?

Quizás lo más sensato sea que compres todo el material allí.

Mi mente no deja de formularse preguntas, opto por preocuparme por ella en vez de hacerlo por mí. Creo que me asusta saber qué implicación tiene para mí esta decisión.

—La idea es empaparme de todo y, al volver, plasmarlo en el taller. No puedo cargar con las obras de arriba abajo, aunque no es mala idea comprar allí algunas cosas, lo más básico, por si acaso.

—Volverás a aquellos tiempos en los que el bloc de dibujo y los lápices de colores te acompañaban allí donde ibas.

—Creo que es algo que nunca he dejado de hacer, aunque últimamente los lienzos eran mi ojito derecho.

—Has ido evolucionando sin dejar atrás quién eres.

—Qué bonito, rarita.

Después de un largo abrazo, nos separamos.

Tengo que armarme de valor para formular la pregunta que no deja de rondar mis pensamientos desde que he descubierto esta nueva noticia.

Si mi prima se va tres meses, ¿qué pasa conmigo?

Un escalofrío me recorre de pies a cabeza.

Es como si un abismo se abriera bajo mis pies, dispuesto a engullirme.

Cuento hasta diez, como si de esa manera, al llegar al final, fuera a soltarlo. No lo hago. Respiro hondo. Debo hacerlo. Carraspeo.

—¿Y yo…? —empiezo, pero no encuentro las palabras, la vergüenza está pudiendo conmigo. Mi prima tuerce el gesto, esperando que continúe—. Ya sabes… —Frunce el ceño mientras hago aspavientos con las manos. Es evidente que no me entiende, solo servirá ser directa—. ¿Tengo que irme?

Contengo la respiración.

—¿Por qué?

—Te vas tres meses fuera —explico, aunque para mí es demasiado evidente el motivo.

Por la mirada que me dedica, entreveo que para ella no—.

El piso es tuyo y no sé si lo más correcto sería que yo también me fuera.

Ya sabes, una cosa es compartirlo contigo si estás y otra muy diferente quedarme si te vas.

—¿Quieres irte? —Ahora la sorprendida es ella, incluso parece estarlo más que yo al enterarme de su marcha.

—No —contesto al segundo. No lo dudo.

—¿Entonces?

—Había pensado que igual era lo que tú querías.

Suelta una carcajada que retumba en el salón.

Para mí no era tan descabellado pensar de ese modo, ¿vale? Seguro que en mi situación más de una persona hubiera supuesto lo mismo. Solo de visualizarme haciendo las maletas para volver a Madrid me costaba respirar.

—Y luego te quejas cuando te digo rarita.

—Niega mientras pone los ojos en blanco.

Me rodea los hombros para atraerme hacia ella—.

Son tres meses de nada, eso pasa volando.

Puedes quedarte en el piso, rectifico, debes quedarte aquí porque toda tu vida está en Barcelona.

¿Tengo que recordarte que estás apuntada en la bolsa de Cataluña?

Creía que a estas alturas ya tenías claro que el piso es de las dos.

Jamás se me ocurriría echarte, aunque yo no estuviera.

Sabes que esta es tu casa, así que más te vale esperar a que vuelva, rarita.

Me emociono.

¿Cómo no voy a hacerlo cuando me demuestra lo mucho que me quiere?

Martina es de esas personas que no necesita decirlo en voz alta porque cada gesto que hace lo deja entrever.

A mí, sin embargo, me cuesta decirlo y demostrarlo.

Podré soltar más de tres «te quierodio» al día, pero el «te quiero» a secas, se queda atascado en mi garganta.

—Te quierodio demasiado, zorra. —¿Veis? Lo que os decía—. Admito que me han entrado todos los miedos al saber que te vas en una semana y, aunque pueda quedarme aquí, no será lo mismo sin ti. Nunca he vivido sola, pero creo que estoy preparada.

Siempre he convivido con alguien. Primero fue mi madre y luego llegó Martina.

Puede que me enfrente a esta nueva etapa de mi vida con algo de incertidumbre, pero al mismo tiempo las ganas están presentes.

Tendré tiempo para conectar conmigo misma y poner en práctica lo que me ha dicho mi prima: probar nuevas aficiones e intentarlo con antiguas.

Si tuviera que decantarme por algunas, sería por las primeras.

—Siempre hay una primera vez para todo, aunque… —deja la frase en el aire. Lo hace de repente, como si se hubiera arrepentido de haber añadido esa conjunción.

—¿Aunque qué? —insisto, en un intento por sonsacarle información.

—Nada, olvídalo. —Intenta restarle importancia acompañándolo con un movimiento de mano—. No voy a hablar de más cuando no hay nada confirmado. Lo único que me importa ahora es nuestra misión: aprovechar esta semana juntas al máximo.

—Tendremos que celebrar la noticia, ¿no?

—Pensaba que no ibas a proponérmelo, pero te adelanto que ya lo tengo todo organizado para este viernes.

—No te vengas muy arriba.

—No prometo nada.

La sonrisa maliciosa que me dedica no augura nada bueno. Conociéndola, no sé de qué me sorprendo. Seguro que ese plan incluye la palabra fiesta.