Jugamos a querernos (Jugamos 3) CAPÍTULO 2
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CAPÍTULO 2

Dicen que hay trenes que solo pasan una vez en la vida, por suerte, soy experto en no perderlos y subirme a tiempo.

Hace un año cogí el primero. Me llevó directo a Arabia Saudí, donde he estado una temporada entera como entrenador de pádel internacional.

Este deporte me acompaña desde que tengo uso de razón.

Empezó como una afición más que solía practicar alguna tarde entre semana, al salir del colegio; pero con el paso del tiempo tuve claro que quería dedicarme a ello.

Aspiraba a ser jugador profesional, como todo aquel que practica un deporte cuando es pequeño, pero con los años, las puertas que antes estaban abiertas empezaron a cerrarse.

Se me daba bien —se me sigue dando de puta madre, de hecho—, pero quizás no lo suficiente como para ser una joven promesa y recibir una oportunidad, ese «estar en el lugar y el momento adecuados» necesario para destacar.

No tuve ese golpe de suerte que tienen muchos profesionales, por eso con veinte años decidí empezar mi carrera como entrenador, paralelamente a las competiciones en las que seguía participando.

De alguna manera encontré mi sitio porque desde entonces he dedicado mi vida profesional a la enseñanza y desarrollo del pádel.

He logrado combinar mi pasión con la formación de jugadores de todos los niveles.

Por eso, hace un año, cuando me sirvieron aquella oportunidad en bandeja, me lancé sin pensar en nada más.

El pádel mueve mi mundo, lo tengo claro.

No soy de los que desperdician oportunidades, sino de los que se aferran a ellas con uñas y dientes. Darlo todo es lo único que sé hacer, por eso he vuelto a sacarme el billete de tren en esta ocasión, para no perderlo, subirme e ir directo a la nueva oportunidad laboral que me han presentado.

Lo de Arabia Saudí tenía fecha de caducidad, lo supe antes de aceptar.

De ahí que no me entristeciera tanto despedirme de todo.

Creo que ese detalle hizo que fuera más sencillo aceptar la nueva oferta.

Sobre el papel es muy buena y soy consciente de que, si esto sale bien, puede catapultar mi carrera como entrenador todavía más, aunque esa no sea mi única labor.

No es la primera vez que ejerceré de director deportivo, ya tengo experiencia en varios clubes, aunque ninguno se asemeja al ProSet BCN.

Es un club de referencia en Barcelona y, al parecer, atraviesa un momento de reestructuración interna.

Es aquí donde aparezco yo. Necesitaban a alguien con experiencia real, prestigio internacional y capacidad de liderazgo, cualidades que cumplo demasiado bien.

En un principio también será algo temporal, entre cuatro y seis meses, aunque ya han dejado caer la posibilidad de renovar si hay sintonía.

Esta parte de la oferta no es la que me ha hecho aceptar de inmediato, al final, reorganizar la escuela, coordinar a otros entrenadores, marcar una nueva línea metodológica y preparar al club para la nueva temporada son cosas que ofrecen en cualquier sitio y, a decir verdad, no son mi verdadera vocación.

El plato fuerte de ProSet BCN es la letra pequeña, la oportunidad de entrenar a dos jóvenes promesas, a dos chicos con proyección internacional.

Puedo llevarlos a tener esa pizca de suerte, acompañarlos en el trayecto y hacer que estén en el momento y el lugar exactos porque debo prepararlos para entrar en el circuito profesional.

Esa sí que es mi verdadera motivación, por eso mismo encaminé mi vida a ser entrenador.

El objetivo es que la pareja llegue consolidada al Premier Pádel, pero antes de llegar a lo que aspiran todos los jugadores de este deporte, a la élite, es necesario ir dando pequeños pasos que nos llevan a ello.

Me he informado al respecto; Nil Ferrer y Marc Vidal ya destacan en campeonatos catalanes y nacionales, se han hecho con la victoria en el Campeonato de Cataluña de Menores y llegaron muy lejos en el de España.

Tenemos bastante hecho, pero es ahora cuando empieza la carrera de fondo: sumar puntos en el ranking.

Para conseguirlo, tendremos que participar en torneos federados absolutos, torneos nacionales profesionales y en el Cupra FIP Tour, organizado por la Federación Internacional de Pádel.

Y si todo sale según mis cálculos, tendremos un hueco en las previas del gran circuito.

Esa será la verdadera prueba de fuego porque entrar en el cuadro final es un reto, pero el club confía en su potencial como pareja.

Eso marcará la diferencia. Debemos ponernos a trabajar cuanto antes, no pienso desperdiciar la oportunidad de llevarlos a lo más alto.

La teoría está muy clara, ahora solo necesito conocerlos en persona para reafirmar todo.

Cruzo los dedos para que haya química entre nosotros, si no, no tenemos nada que hacer.

La relación que forjemos será la clave para avanzar de la mano, la confianza es un pilar fundamental que iremos construyendo con el paso de los días.

Todos aquellos que han entrenado conmigo han salido satisfechos, al fin y al cabo, tenemos los mismos objetivos.

—Es todo un honor tenerte en nuestro equipo, Alejandro.

—Javier Cruz, mi nuevo jefe y dueño del club, me estrecha la mano con firmeza nada más verme.

Es la primera toma de contacto que tenemos en persona.

Se trata de un hombre de mediana edad con un porte bastante serio—.

Gracias por aceptar el puesto con tanta rapidez.

Imagino que recibes muchas ofertas, así que gracias por escogernos.

Como bien sabes, el director deportivo de un club es clave en el proceso y nos enorgullece tener al mejor en ProSet BCN.

Como te expliqué, queremos hacer un cambio radical.

Alarga un poco más el discurso, reiterando lo que ya adelantamos en nuestra primera llamada. Asiento cada pocas palabras para que sepa que le presto atención. Aunque sé muy bien en qué consiste el puesto y todo lo que debo hacer. He estudiado el contrato al dedillo.

—Gracias a vosotros por la confianza depositada en mí para este puesto. Tengo muchas ideas que creo que harán que ProSet BCN se convierta en ese club que tienes en mente. —Estoy convencido de que juntos podemos hacer grandes cosas—. Y, por favor, llámame Alex.

Odio que me llamen Alejandro. Vale, quizás la palabra «odiar» sea un tanto exagerada, pero no me gusta.

La única que utiliza ese nombre es mi madre e incluso a ella a veces se le escapa el diminutivo.

Me he acostumbrado a ser Alex, lo prefiero mil veces, por eso siempre me presento directamente así.

Y en ocasiones como esta, me esfuerzo por dejar claro lo que prefiero.

—Si te parece, te enseño las instalaciones, aunque creo que me comentaste que ya las conoces.

Asiento dándole la razón. Me sorprende que se acuerde de ese detalle y no de que debe llamarme Alex.

Sigo sus pasos bien de cerca, intentando acostumbrarme a todo lo que hay a mi alrededor porque se convertirá en mi segunda casa. El sonido de la pelota impactando contra la pala de los jugadores es hasta relajante. Mi día a día se podría resumir en ese ruido.

—He jugado algún que otro partido aquí y he acompañado a algunos de mis chicos en torneos. Es lo que tiene ser el club indoor más grande de Barcelona. Todo aquel que juegue al pádel ha estado alguna vez aquí.

La cara de orgullo y satisfacción que deja entrever Javier al escuchar esto último es la misma que se vería reflejada en cualquier empresario al alabar sus logros.

He omitido añadir «y se lo puede permitir» en mitad de la frase. Pero seguro que es muy consciente de ese detalle. Alquilar una pista aquí no es nada barato, aparte de ser el más grande, también es el más caro por todo lo que ofrece. Casi podríamos decir que es puro lujo.

ProSet BCN está situado en la Dreta de l’Eixample, entre Passeig de Gràcia y Glòries.

Tiene dieciséis pistas, una zona de alto rendimiento, un gimnasio propio, gradas pequeñas para torneos, oficinas acristaladas y una cafetería moderna.

Os hacéis una idea, ¿verdad? Podríamos definirlo en cuatro palabras: enorme, moderno, caro y referente.

Sin olvidar la parte intimidante, que es algo de lo que quiere deshacerse.

—Espero que te sientas como en casa porque a partir de hoy pasarás muchas horas aquí metido —dice, sin dejar de sonreír, cuando terminamos la visita.

Nos ha llevado un rato verlo todo por la magnitud del lugar.

Cuesta creer que antiguamente fuera una nave industrial.

No he indagado más respecto al tema, pero es cierto que, aunque ahora toda esta zona sea residencial, hace años hubo talleres, almacenes, imprentas y fábricas.

Viendo su fachada, jamás imaginarías lo que esconde su interior.

—Tengo ganas de empezar —admito, no me gusta estar sin hacer nada, necesito sentirme productivo—. Y sobre todo de conocer a las dos jóvenes promesas. No será fácil llegar a lo más alto, pero nada es imposible.

Todavía no habíamos hablado de ellos en profundidad y no me podía ir sin mencionarlos. Son el motivo principal por el cual estoy aquí, mi gran motivación.

—Nil y Marc te dejarán sin palabras, te lo aseguro.

Desde el club apostamos plenamente por ellos y por eso una de tus misiones principales aquí es acompañarlos.

Los tres juntos podéis hacer un gran trabajo y llegar al Premier Pádel Tour.

—Admiro la seguridad con la que habla y agradezco que tengamos los mismos objetivos.

Es necesario que todos rememos hacia el mismo sitio—.

Tendrás tiempo de conocerlos, pero te adelanto que Nil es pura disciplina, mientras que Marc es impulsivo y un «cabra loca».

Él mismo se define de ese modo. Esos dos años de diferencia se notan y, aunque sus personalidades son muy diferentes, dentro de la pista se entienden como nadie.

Cuando los veas en acción, verás de lo que hablo.

—¿Cuándo tendremos el primer encuentro?

Siento un cosquilleo por todo el cuerpo debido a la emoción. Es un gran reto que cojo con muchas ganas e ilusión, seguro que Javier se ha podido dar cuenta, el entusiasmo en mi voz es evidente.

—Mañana mismo —contesta de inmediato—. Como te comenté, entrenan cinco días a la semana. Estamos hablando de un nivel alto y exigente, como si ya fueran profesionales. Te pasé los entrenamientos y el horario que han estado haciendo hasta ahora, ¿verdad?

Asiento, tengo toda la documentación. De hecho, ya he empezado a hacer de las mías.

—Sí, y con tu permiso ajustaré ciertas cosas. Mantendremos el horario porque entiendo que es el que mejor les va a los chicos por tema clases y estudios. —Javier asiente, tal y como me imaginaba.

—Te lo agradezco. Por todo lo demás, son todo tuyos. Lleva a cabo lo que creas que es mejor para ellos, tienes carta blanca en ese aspecto. Destinarás muchas horas a los chicos, especialmente las tardes —vuelve a recordarme.

—Cuento con ello. Las mañanas serán íntegras para la parte de director deportivo del club.

Por la sonrisa que me dedica sé que he dicho exactamente lo que quería escuchar.

—Se nota que hablo con un profesional —comenta riéndose.

Tras despedirnos, abandono las instalaciones. Hoy era el primer encuentro con Javier para conocernos, la verdadera prueba de fuego es mañana porque empiezo a trabajar de verdad.

Solo con pensar en ir a mi casa ahora y tener que volver mañana a primera hora, me deprimo un poco.

No porque no quiera empezar, he dejado claro que deseo esto, sino por la pereza que me genera el viaje en tren.

Parece que he retrocedido en el tiempo y vuelvo a estar en el primer año de universidad, cuando los viajes entre Tarragona y Barcelona eran diarios.

Bueno, debería ser más concreto y decir entre Calafell, mi pueblo, y la gran ciudad.

Según Internet, es poco más de una hora de trayecto, pero todos sabemos cómo funciona Renfe. No somos grandes amigos.

Mis padres se alegraron de que volviera a casa después de un año fuera, por supuesto, y aunque yo también; sé que es inviable vivir con ellos en esta nueva etapa de mi vida.

No solo por la distancia que tengo hasta el trabajo, sino también porque me he acostumbrado a la soledad y la independencia que supone vivir solo.

He podido comprobar lo que es y ahora no me imagino volviendo a compartir techo con ellos.

Por eso mismo, estoy buscando un piso de alquiler en pleno centro de Barcelona —comprar ni siquiera es una opción viable—.

Lo ideal sería ir caminando al club, pero los precios son prohibitivos, no olvidemos que está en pleno centro, y es algo que no puedo permitirme si quiero sobrevivir cada mes.

También soy consciente de que vivir solo es una fantasía que lo más seguro es que tampoco pueda costearme en una ciudad como Barcelona.

Sigo buscando, aunque las opciones decentes se van acabando porque vuelan al poco de estar activas.

Una vieja amiga, al enterarse de la situación, se ha empeñado en ayudarme, pero no sé si puedo aceptarlo, es demasiado.

Vale que nos conocemos desde hace tiempo, pero lo que me acaba de ofrecer es un regalo.

Es cierto que cumpliría con todos los requisitos salvo uno, compartir piso, pero ya había aceptado que eso pasaría.

Así que, visto lo visto, sería de idiotas decir que no, ¿verdad?