Capítulo 20 #2
Las cámaras empezaron a tomar instantáneas de ella escoltada por los dos grandes hombres hasta el interior del teatro en el que se llevaría a cabo la gala.
Una vez dentro los soltó a los dos y se dirigió a su asiento, iba a tener mala suerte durante toda la noche, estaba claro.
Le quedó cristalino cuando se sentó en su asiento asignado y, de nuevo, estuvo flanqueada por ellos.
No podía ser coincidencia, ¿o sí? Se sentó sin pensar en nada más que no rozar la mano de ninguno; los dos habían puesto sus respectivas manos en su reposabrazos.
Iba a ser incómodo, sin duda. Además, entendía la postura de Daniel, ¿pero qué demonios le pasaba a Kenneth?
La ceremonia comenzó con un monólogo sobre la igualdad, el cómico era la nueva estrella de los programas de variedades y les hizo reír mucho.
Tanto que el ambiente se relajó, aunque sus guardaespaldas no entendieron algunas de las cosas que se decían, su nivel de español no era tan amplio como para entender las metáforas y algunas ironías.
Y, antes de darse cuenta, llegó la hora de los premios. Sus acompañantes desaparecieron sin decir nada, y supuso que iban a ser los encargados de entregar alguno de los premios.
Llegó la hora del premio a mejor presentadora revelación.
Allí estaba Daniel, presentando a los candidatos, y allí estaba su imagen.
Tenían que haber escogido una tomada de su blog sobre su aventura por Nueva Zelanda, una en la que estaba acompañada por él, aunque habían tenido la cortesía de eliminarlo de la imagen.
Eso le hizo sentir una leve presión en el estómago y se concentró en los otros dos candidatos: eran dos jóvenes presentadores, uno de los informativos del fin de semana y el otro de un programa de variedades.
Eran fuertes candidatos. Y eran dos contra una, así que perdió enseguida las esperanzas de poder ganar.
Por eso cuando Daniel la nombró como ganadora, se quedó clavada en el sitio sin poder ponerse de pie. Estaba tan emocionada que pensó que iba a estallar allí y llenarlo todo de pequeñas piedras de cristal y purpurina.
Se agarró con fuerza a los reposabrazos y se puso de pie, caminó con decisión a pesar de que temblaba de arriba abajo y subió los escalones que separan la sala del escenario, recogiéndose el largo vestido para no pisarlo.
Una vez en el escenario, sonrió y se acercó a Daniel que la esperaba con la estatuilla y una sonrisa increíble en su rostro.
Y, en ese momento, se dio cuenta de que no caminaba para nada más ni nadie más que para él.
Al estar a su lado, la miró y acercó su boca a su mejilla en la que dejó un suave y sensual beso que prometía otros mucho más intensos, luego, la felicitó en voz baja junto a su oreja, lo que hizo que el vello de su nuca se erizara.
Daniel se alejó y quedó sola frente a un montón de caras desconocidas y apenas unas pocas conocidas.
—Buenas noches. —Carraspeó—. La verdad es que, aunque suena a lo mismo de siempre, no me esperaba hacerme con el premio.
El premio era estar nominada junto a mis compañeros, a los que felicito de corazón, porque estar nominados significa que se valora nuestro trabajo, nuestro esfuerzo, nuestra pasión…
y para mí era ya un regalo. Ahora estoy sin palabras, tan solo quiero dar las gracias a todos y, en especial, a mi equipo.
Todos los que están tras las cámaras y que, aunque no sean la imagen del mismo, lo hacen posible. ¡Muchas gracias a todos!
Terminó el discurso y, todavía emocionada, abandonó el escenario acompañada de Daniel. Había terminado su misión que era entregarle su premio, así que la escoltó a sus asientos.
—No dudes ni un segundo que te lo mereces —dijo al estar sentados.
Yas giró la cara para mirarlo. La dejó sin aliento. Siempre que la miraba así tenía ese efecto sobre ella. La miraba como si le perteneciera, y tal vez era así… quizá no tenía otra alternativa que rendirse a él.
—Lo complicas todo al mirarme así —soltó.
—¿Cómo te miro, pakeha?
—Como si fuera tuya.
—Todavía no lo eres, pero lo serás. No te quepa la menor duda .
Yas desvió la vista sin tener claro qué podía responder a esa declaración de guerra en toda regla y continuó mirando la entrega de premios, evitando que los roces de su mano la afectaran.
Llegó el turno del premio a mejor programa deportivo y cuando Kenneth subió a dar el premio y anunció los candidatos Yas sonrió. Era de risa, ¿un premio al que estaba nominada lo daba Daniel y el otro Kenneth? Si la pinchaban en ese momento, no sangraba. Lo tenía claro.
Kenneth anunció a los nominados y, de nuevo, Yas se quedó sin habla cuando se dio cuenta de que su programa, porque el formato había sido idea de ella, se había hecho con el galardón.
Sintió cómo la gente aplaudía, cómo Daniel apretaba su mano con fuerza y se la besaba, pero no era consciente en realidad de nada de lo que sucedía.
Era como… como si estuviera dentro de un sueño.
—Yasnaia , te están esperando. Sube, enhorabuena.
Escuchar su voz, emocionada, la hizo reaccionar y giró la mirada para encontrarse con la suya.
Se quedó sin aliento, solo tenía en mente una cosa y no era subir a recoger el premio, sino dejarse caer sobre su pecho.
En ese momento, era feliz y no le importaba nada de lo que había ocurrido en el pasado.
Yasnaia se levantó y caminó con paso tembloroso hasta el escenario, de nuevo recogía un premio y otra vez se lo daba una persona que era importante para ella. Que lo había sido esos meses.
Kenneth la abrazó con más fuerza y durante más tiempo del debido, tanto que empezó a sentirse incómoda.
Se separó de su férreo abrazo y se colocó frente al atril, mirando a todos los asistentes.
En ese momento echó de menos a los miembros del equipo, no merecía recoger ese premio ella sola…
Aunque la idea hubiera sido suya, todos lo habían convertido en una realidad.
—Vaya… estoy muy emocionada —empezó con voz trémula—, la verdad es que solo me había atrevido a soñar, de lejos, con la posibilidad de irme a casa esta noche con los dos premios y…
echo de menos a mi equipo. A todos los que semana tras semana me ayudan a hacer mi sueño realidad.
Porque así empezó todo, un sueño que se gestó en el viaje más importante que he hecho nunca.
Mi viaje a Nueva Zelanda, un viaje que me cambió y que fue el culpable de esta maravillosa locura.
Ese viaje en el que tuve la alocada idea de subir algunos vídeos en directo de las maravillas que podían ver los que se aventuraran a atravesar medio mundo y…
la que me dio la fama. Tanta como para que se fijaran en mí y aceptaran dar vida a una idea que rondaba por mi cabeza. A todos, gracias.
Los aplausos apagaron sus sollozos y mientras bajaba por la escalera que separaba el escenario de la zona de butacas, iba limpiándose las lágrimas.
No podía evitarlo, estaba emocionada, pero no solo por los premios, sino por los recuerdos que habían despertado.
Su viaje a Nueva Zelanda no solo le había dado fama, sino también le había regalado conocer el amor.
Y ahora, ahora lo tenía sentado a su lado y no podía estar segura de que tuviera la fuerza necesaria para seguir rechazándolo por más tiempo ya que en lo único que podía pensar era en fundirse en un intenso abrazo con él.