Capítulo 16 #2
Los aplausos y los silbidos los hicieron reaccionar. Al separarse, acarició con su pulgar esa boca que se le había resistido y la miró con esa hambre que había saciado tantas noches, una y otra vez.
—Para la próxima vez recordaré no mencionar nada que ponga en duda tu hombría, parece que sí tenías que dejar claro que hay un guerrero ahí dentro.
—En realidad, querida Yasnaia, no es porque hayas comentado que bailo antes de cada partido, es porque has insinuado que no soy capaz de rendir… en el campo de juego.
—Bueno, nos ha quedado claro. A todos. ¿Alguien del público tiene alguna pregunta?
No solía hacerlo, pero necesitaba intervención divina, tenía que recurrir al mismo juego sucio que él. Así que dejaría que fuesen los asistentes a plató quienes lo bombardearan. Ella necesitaba, como agua de mayo, serenarse y lograr que su corazón volviera a un ritmo normal.
—Hola, buenas noches. Tengo una pregunta para el señor Evans, ¿solo ha venido por trabajo? Porque acaba de hacernos ver que puede haber otra razón.
Los espectadores estallaron en aplausos, silbidos y risas. Lógico, ¿cómo se le había ocurrido besarla en directo?
—Como muchos sabréis, la senorita Lira y yo tenemos un pasado. No fue hace mucho que me dejó sin palabras en una conferencia de prensa que dio la vuelta al mundo. Así que, supongo, esta es mi venganza.
Daniel la miró y sonrió. Yas intentaba mantener el tipo como podía. ¿Venganza? Si quería declararle la guerra, estaba bien. Aceptaría el guante.
—Es cierto que nos conocimos y que le puse en un apuro. Todavía recuerdo aquella haka, me impresionó casi tanto como cuando estuve entrevistando a los Lions y pudimos ver a todo el equipo con sus kilts . Tenían todos unas piernas muy atractivas.
Yas sonrió con maldad, sabía que había tocado el punto débil de Daniel, estaba segura de que su animosidad no se había diluido en el tiempo.
Y, para culminar, desde realización colocaron en la gran pantalla de fondo imágenes de los Lions en su visita a plató y dejaron para el final, una de Buchanan junto a ella en actitud muy cariñosa.
Yas miró a Daniel y lo vio. Ese momento en el que sus ojos se enturbiaron, anunciando la tormenta que estaba a punto de estallar.
— Senorita Lira, si lo que quiere es verme las pantorrillas, solo tiene que pedirlo.
Y acto seguido se levantó del sillón y se bajó los pantalones hasta los tobillos, mostrando sus fuertes piernas y…
y Yas tragó saliva y estaba segura de que el resto de féminas también.
En ese momento pensó en la pobre limpiadora…
aunque por otro lado se iba a ahorrar el agua del cubo de la fregona…
—¿Alguna pregunta más? —Yasnaia miraba entre el público, tenía que capear la tormenta como pudiera—. Por allí, la chica de la tercera fila.
La azafata caminó hasta el lugar que le indicaba la presentadora y le ofreció el micrófono a la joven. Era bonita, con unas gafas redondeadas que le daban un aspecto inocente.
—Bu… buenas noches —balbuceó—, señor Evans. Me preguntaba que… me preguntaba qué tengo que hacer para conseguir un beso de esos…
El espacio se llenó de silbidos, grititos y risas.
Daniel se subía los pantalones en ese momento y se detuvo al escuchar su petición.
Sonrió y, ¡maldito fuera! Seguía causando estragos en ella.
Las mujeres de la sala gritaron y muchas se llevaron la mano al pecho, a la boca y otras incluso a la cabeza.
Yasnaia no podía dejar ver que todo eso la afectaba, pero así era.
Se preguntaba qué haría Evans o cómo reaccionaría cuando se dio cuenta de que se encaminaba hacia la chica joven que no dejaba de respirar agitada mientras repetía una y otra vez: «Ay, Dios mío. Viene hacia aquí. Ay, Dios mío. Viene hacia aquí».
Daniel se acercó a la chica colándose por entre los asientos con mucha agilidad. De repente todos en plató se quedaron en silencio. No se escuchaba nada más que la respiración agitada de la mujer que, expectante como el resto, aguardaba por lo que sucedería a continuación.
Daniel le sonrió y por un momento Yas creyó que a la joven le iba a dar un desmayo, después tomó su mano y la besó con cortesía.
Como un caballero. La joven no dejaba de mirar su mano y al hombre besándosela, luego miraba al público sin creer lo que sucedía y cuando Daniel levantó la cara y la miró sonriendo, la joven, en un estallido inesperado de desvergüenza, lo agarró por el cuello y le plantó un beso en la boca.
Todo se le fue de las manos. Las demás mujeres intentaron agarrarlo, tocarle, le gritaban… lo normal. Es que era lógico que, si se dejaba a un hombre así solo, entre tanta mujer…
Yas se levantó para impedir que saliera herido, pero luego sonrió y decidió que iba a dejarlo apañárselas solo. No en vano había ido allí a fastidiarla, así que ese era el precio.
—Y, hasta aquí, este programa de «Entrevista a…
», hoy con la inesperada visita sorpresa del capitán Daniel Evans que nos ha visitado desde nuestras antípodas y nos ha dado una gran noticia en exclusiva: será el entrenador de uno de los equipos de rugby españoles.
Y, sin más, entre el griterío que se ha formado en plató, nos despedimos hasta la próxima. Ciao!
La emisión se cortó y los guardias de seguridad entraron para salvar a Evans del que solo se veían las manos de las mujeres que tenía a su alrededor. Riendo a carcajada limpia se retiró a su camerino. Al final, había ganado la batalla y, ¡Dios!, qué bien sabía.