Juego Sucio (Tercer Tiempo 1) Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

Los aplausos de los demás periodistas la trajeron de nuevo a la realidad, en esa en la que un hombre como ese no se complicaba la vida con nadie que no fuera una actriz o una modelo famosa.

En la larga mesa se sentaron el entrenador, el jugador con el que había tenido ese encontronazo y una joven muy atractiva que supuso que sería la responsable de prensa del equipo.

Se había duchado, no cabía la menor duda; llevaba el pelo revuelto y húmedo y parecía relajado.

La sonrisa con la que recibió los aplausos de los allí presentes era franca.

De esas de verdad. Y le pareció más guapo aún. ¿Era posible? Al parecer, sí.

Las preguntas de los compañeros se sucedieron una tras otra, entre risas y bromas. Todos estaban felices por el gran partido que se había disputado y no había lugar para las preguntas trampas ni para reproches.

—La señorita del fondo de la sala, ¿no tiene ninguna pregunta que quiera hacer?

Su voz tronó entre todas las demás y Yasnaia estuvo a punto de sufrir un infarto. ¿Por qué la había tomado con ella? ¿Por qué le hablaba en español? ¿No se daba cuenta de que así era más llamativo todavía?

—La verdad… la verdad es que sí. ¿Cómo es que el capitán de un equipo como los All Blacks habla… chapurrea mi lengua?

— Please, slowly …

Yasnaia sonrió y lo miró con sorna.

—¿Cómo es que habla español? —Simplificó la frase para que la comprendiera mejor.

—Oh, sí, un poco —puntualizó acompañando las palabras con un gesto de sus dedos—. Porque me gustan… las mujeres espaniolas . Como tú.

Yas no pudo evitar el rubor que bañó su rostro. Todos la miraban con fijeza, como si no hubiese existido hasta ese momento en el que el número diez la había señalado. Incluso la mujer que los acompañaba, le dedicó una mirada curiosa.

Yasnaia sabía que todos esperaban que dijera algo, pero ¿qué coño querían que dijera? No tenía ni la más remota idea de qué decir a alguien como él en un lugar como ese.

—España está a veinte mil kilómetros —dijo tan solo para que las miradas regresaran al capitán y la dejaran de observar a ella como si fuera un animal en un zoológico.

—No importa, tengo amm… —se detuvo buscando la palabra que, por lo que parecía, no encontraba— a lot of money . —Se decidió por usar las palabras en su idioma al no hallar las equivalentes en español—. Para poder vuelar. Hay… plane —explicó sin dejar de sonreír.

¿Acaso no le importaba lo que los demás pensaran? ¿Por qué la avergonzaba frente a todos? ¿Era una forma de vengarse porque había rechazado su invitación?

—Tengo otra pregunta, capitán —dijo sintiendo cómo la ira crecía en su interior.

Si pensaba que la iba a achantar, estaba equivocado.

Muy equivocado—. En rugby , al contrario que en otros deportes, los números indican la posición en la que juega el hombre que lo lleva.

Siempre se ha dicho que los números diez son los guapos e inteligentes del equipo, eso me hace preguntarme por qué le han asignado ese número a usted…

Podía ver la cara de asombro de la traductora que no dejaba de explicarle qué había querido decir a él y al resto de los presentes.

No podía quedarse a escuchar la respuesta, su sangre le había vuelto a jugar una mala pasada y había hablado más de la cuenta, por lo que en ese momento se sentía avergonzada.

Y, sin más, se levantó, cogió sus cosas y se marchó de esa gran sala que de repente se había vuelto extremadamente pequeña.

Le costaba respirar, podía escuchar los cuchicheos y los clics de las cámaras al disparar. Le estaban tomando fotos. Ella no era nadie. Y quería seguir así. Caminaba a toda prisa por el pasillo cuando otros pasos, que se escuchaban acelerados, la alcanzaron.

Al volverse se encontró con la joven que acompañaba a Daniel Evans en la mesa. ¿Qué quería?

—Espere, señorita… Lira, ¿verdad?

—Sí, soy yo.

—Esta noche hay una fiesta exclusiva para celebrar la victoria. Está invitada. Aquí tiene la invitación. Llegue puntual.

—¿Perdón? —dijo con asombro. ¿Qué era todo eso?

—Hay una fiesta esta noche. Con cena incluida. Ahí tiene la dirección. No puede, ¿ entiende ?, no puede faltar. El señor Daniel Evans ha pedido que esté.

—No voy a asistir. No tengo nada que ver con todo esto. Solo estoy…

—Sé por qué está aquí. Tenemos información de cada uno de los periodistas que acuden. Y sé que no le gustará a su jefe que deje de asistir a un acontecimiento tan exclusivo y conocido, precisamente, porque muy pocos están invitados. Así que le enviaremos un coche a buscarla a su hotel…

—¿Cómo saben dónde me hospedo? —No pudo evitar preguntar con sorpresa.

La mujer cabeceó y alzó una ceja de forma que no dejaba lugar a dudas; pensaba que era una ignorante. Por lo menos. Era como si no tuviera claro por qué tenía que dar explicaciones sobre algo tan obvio.

—Lo sé todo de todos, señorita Lira. No falte. Vaya de etiqueta.

—No he traído nada de etiqueta. Además, ¿qué quiere decir de etiqueta ?

La mujer hizo algunas anotaciones en la tableta que llevaba y parpadeó varias veces. Por un instante, Yas creyó escuchar que murmuraba algo así como: «no sabe la suerte que tiene».

Y, sin más, desapareció por el largo pasillo, desierto después del partido, dejando tras de ella tan solo el eco de unos tacones que se alejaban.