Capítulo 33 #2
—Adivina quién soy. —La voz melosa de Madison llegó a un soplo de mi oído. Sentí sus labios en el cuello, donde me dio un beso pegajoso por culpa de todo aquel brillo labial que siempre se ponía—. ¿Me has echado de menos?
«Mierda».
Había olvidado por completo que, como cada miércoles por la noche, Madison cenaría en el comedor porque tenía una reunión del consejo de estudiantes, un grupo al que se había apuntado para «hacer del campus un lugar mejor».
— Mads —dije con frialdad. Una frialdad que ella no percibió, porque se sentó sobre mi regazo y me rodeó el cuello.
—Has acertado —susurró antes de besarme, esta vez en los labios, y colar la lengua en mi boca, lo que me pilló por sorpresa.
Sabía que le debía una disculpa por haberla dejado sola con Blake y su amiga en el ClubSeven dos días antes.
Y por no haber respondido a sus mensajes.
Y por no haberla llamado ni siquiera cuando volví a Corvallis .
Sí, había acumulado unos cuantos motivos por los que disculparme, pero en aquel momento solo pensaba en lo mucho que me molestaba tenerla cerca.
El contacto físico con ella me había provocado una repulsión que me encogió el estómago.
En cuanto llevé las manos a sus caderas para apartarla, Sam se aclaró la voz sin ningún disimulo para recordarnos su presencia.
Madison me ofreció una mirada críptica que era una mezcla entre enfado y perplejidad: nunca había esquivado sus besos.
En lugar de preguntarme el motivo, se giró hacia Sam .
—Hola, perdona, no quería darte la espalda.
—No tengo un problema con tu espalda, sino con vuestras lenguas entrelazadas, porque me afectan a la digestión —replicó ella, resentida.
Aproveché la ocasión para deslizar a Madison de mis piernas e invitarla a tomar asiento a mi lado, en lugar de encima de mí.
Cedió, pero era evidente que el gesto no le gustó.
Yo mismo me sorprendí ante mi reacción porque, a pesar de que era una chica caprichosa y un poco invasiva, desde el punto de vista físico siempre me había sentido muy atraído por ella.
—¿Estás bien? —me preguntó—. No hemos vuelto a hablar desde la otra noche en el ClubSeven . Blake me ha explicado que tuviste problemas con tus padres, pero no me enteré de mucho.
—Tuve que ir a Olympia por una emergencia, perdona si me marché de aquella manera. —Le ofrecí una respuesta vaga y seguí cenando, mejor dicho, removiendo el arroz en el plato.
—¿Y ahora todo bien?
—Creo que sí —mentí bajo la mirada enigmática de Sam , que negó con la cabeza y volvió a concentrarse en su cena.
—Oh, genial —suspiró Madison de forma teatral—.
Porque ya estoy muy estresada con la organización de la Noche de Cine de San Valentín, y no me habría sentido capaz de lidiar con más tragedias.
O sea, es que no tenéis ni idea de lo difícil que es conseguir poner de acuerdo a un grupo de estudiantes.
—Sus ojos se posaron rápidamente en Sam antes de volver a centrarse en mí—.
En el comité nos hemos pasado la última semana discutiendo sobre qué película vamos a proyectar.
Estamos en San Valentín, tiene que ser una peli romántica, pero casi todos votaban por una de acción.
Con ese panorama, al final decidimos hacer caso a todo el mundo y haremos una proyección doble.
—Guau, qué interesante —intervino Sam con una ironía que Madison no captó.
—Sí, lo sé, ya veréis, estará muy bien. Hemos preparado el proyector en el auditorio. Habrá mantas para todo el mundo, mucho pica-pica, bebidas y palomitas. —Me miró y me guiñó un ojo—. He reservado los mejores sitios para nosotros dos.
No pensaba ir.
Y mucho menos con ella.
Me rasqué la nuca y me aclaré la voz.
—La verdad es que no estoy seguro de que pueda ir.
—¿Qué? —Se removió nerviosa en la silla—. No puedes faltar. Soy la organizadora del evento, haría el ridículo si me presentara sola en San Valentín. Además, tus amigos estarán allí.
Me quedé mirándola fijamente.
—¿En serio?
Asintió.
—Bueno, no todos, pero sí la mayoría. Las personas que participen recibirán un crédito extra porque la asignatura de Comunicación ha optado por incluir el evento en sus actividades culturales del semestre. Solo habrá que firmar en la hoja de registro de asistencia en la entrada.
Oh, ahora lo entendía todo.
Madison echó un vistazo a una mesa que estaba en el centro del comedor, donde se estaba celebrando la reunión del consejo de estudiantes, y exclamó:
—¡Ahí están, ya han llegado! Perdonad, tengo que dejaros, necesitamos definir los últimos detalles.
—Me apoyó una mano en la rodilla y me ofreció una sonrisa dulce—.
Me alegro de que la emergencia en tu casa se haya solucionado.
—Me dio otro beso en los labios, esta vez más casto, y añadió—: No desaparezcas.
Luego vuelvo. —A continuación, se puso en pie y se fue a toda prisa con su grupo. Sam y yo nos quedamos solos.
—Dios mío, la empatía de tu chica es sorprendente, Vince . Diría que es tan delicada como un puñetazo en la cara —farfulló Sam cuando Madison ya estaba lo bastante lejos como para no oírla.
Su comentario me arrancó una sonrisa, pero la verdad era que no me habría esperado una reacción distinta por parte de Madison . No me apetecía explicarle lo que me preocupaba realmente; tampoco quería que fuera ella quien me comprendiera y estuviera a mi lado para apoyarme.
Ni siquiera yo sabía lo que quería de ella, desde luego, nada que implicara una conexión emotiva real.
—La empatía no es una de sus mejores cualidades —confirmé, y bebí un trago de agua.
—¿Acaso tiene alguna cualidad? — Sam bufó y se limpió la boca con una servilleta—.
Es superficial, creída y… está como una cabra.
¿O es que necesitas que te refresque la memoria con lo que pasó con las llaves del coche de Leila ?
— Sam permaneció en silencio unos segundos y añadió—: No le importa lo que te pase ni cómo estés realmente. En serio, no sé cómo lo haces.
—¿El qué?
Me lanzó una mirada elocuente.
—Tirártela.
No sabía qué responder.
No me esperaba en absoluto mantener con ella el mismo tipo de conversación que habría podido tener con Blake .
—¿Tenemos que hablar del tema?
Su expresión asqueada era casi de risa.
—¡No! Pero ¿en serio quieres que me trague que no has encontrado a nadie mejor?
—No se trata de encontrar a alguien mejor.
—Entonces, ¿de qué se trata?
Clavé la vista en el fondo de mi vaso un instante, jugueteando con el borde. Podría haber sido evasivo, despacharla con algún comentario ingenioso o cambiar de tema. Pero ella estaba allí, esperando una respuesta. Por algún motivo, me apetecía ser sincero.