Juego sucio: Empieza el partido Capítulo 32 #3
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Capítulo 32 #3

Confirmé su suposición con un gesto de la cabeza.

—De lo contrario, se aseguraría de echarme de la redacción, de la residencia y de la universidad —dije, recordando sus amenazas.

Vince se quedó atónito y contrajo los músculos de la mandíbula.

Aproveché ese instante de silencio para continuar—.

Cuando le dije que no tenía dinero para comprarle una consola tan cara, me propuso un trato.

La expresión de Vince se endureció.

—¿Un trato?

Tragué saliva y asentí.

—Pagaría los daños fingiendo que era su novia en público, solo el tiempo necesario para que su ex, una tal Alyssa , aceptara que lo suyo había terminado.

Ahora la rabia ardía en sus ojos.

—¿Es una broma?

Negué con la cabeza mientras sentía que el ritmo de mi corazón se aceleraba.

—No me obligó a hacer nada que no quisiera —precisé—. Bueno, excepto fingir en público.

Se incorporó de golpe y se pasó una mano por el pelo. Los dedos le temblaban mientras miraba a su alrededor.

—¿Por qué permitiste que te pusiera en esta situación? ¿Por qué no me lo contaste antes? —me acusó. Parecía más dolido que enfadado. Y la decepción en su voz me golpeó como una bofetada.

Tragué saliva y aparté la mirada.

—Porque no sabía qué más hacer. Tú y yo llevábamos un año sin hablarnos.

No podía vomitarte un problema como este y esperar que lo resolvieras.

Mi hermano tenía que mantenerse al margen.

No tenía tanto dinero. Créeme, lo habría mandado a la mierda si no me hubiera amenazado con echarme del campus.

Además, solo era una maldita consola. ¡Todavía no entiendo por qué se lo tomó tan a pecho!

Vince se frotó la cara con una mano, como si aquello pudiera disipar la preocupación. Luego se detuvo de golpe con los ojos clavados en el asfalto y la respiración pesada.

—¿Quién demonios es Alyssa ?

—No lo sé, una chica a la que le cuesta aceptar que lo suyo se acabó, creo.

Por su expresión, parecía perdido, casi confundido.

—Pero ¿qué estás diciendo? Ethan no sale con ninguna chica desde… —Se quedó pensando, intentando recordar, y luego negó con la cabeza—. Desde hace muchísimo tiempo.

Fruncí el ceño.

—¿Qué? No, él… me dijo que…

—Te contó una estupidez —me interrumpió con brusquedad y enmudecí.

Reflexioné un segundo y me di cuenta de que… Dios mío, tenía razón.

Desde que había aceptado aquel estúpido acuerdo, nunca había visto a ninguna chica persiguiéndolo. Además, Ethan siempre se había mostrado evasivo cuando le había preguntado qué aspecto tenía Alyssa , solo para reconocerla por si nos la encontrábamos por los pasillos del campus.

Pero si no existía ninguna Alyssa , entonces ¿por qué…?

Cerré los ojos y comprendí que había sido una idiota.

No me lo podía creer.

Me había utilizado.

Había utilizado aquella estúpida consola para hacerme chantaje y obligarme a formar parte de su juego contra Vince .

Y yo se lo había permitido.

Cuando abrí los ojos de nuevo, me sentía fatal.

Vince volvió a inclinarse para ponerse a mi altura y yo ni siquiera tuve valor para mirarlo a la cara.

—No me gusta la idea de que te hayas visto envuelta en una situación como esta —me dijo—. Pero lo solucionaremos. No puede poner en peligro tu carrera académica, no está en situación de poder hacerlo.

—Pero su padre sí —murmuré. Solo entonces Vince pareció comprender hasta el fondo la magnitud del chantaje de Ethan .

—¿Eso te dijo?

Asentí. Él se frotó la frente y suspiró.

—No va a pasar. Encontraremos una solución.

—¿Encontraremos? —murmuré, sorprendida ante el hecho de que tuviera la intención de ayudarme a pesar de todo.

—Sí, encontraremos —repitió. Apoyó una mano sobre mi rodilla y acarició el tejido de las medias.

—¿Y cómo? Esa consola cuesta un ojo de la cara.

—¿Cuánto puede costar una consola?

—Treinta y cinco mil dólares —dije en voz baja, avergonzada—. Más o menos.

—¿Trein… treinta y cinco… qué? —exclamó, aturdido—. Qué coño, ¿es que estaba recubierta de diamantes Swarovski?

A pesar de la tensión que notaba en todo el cuerpo, una sonrisa se dibujó en mis labios.

—No, al parecer tenía una tecnología de última generación o algo así. No lo sé, no entiendo nada de esas cosas.

Vince bajó la cabeza y se pellizcó el puente de la nariz.

—Tu hermano no puede enterarse.

—Lo sé, sería un problemón.

Levantó la vista y asintió. Estaba muy serio.

Me observé las uñas pintadas de color burdeos y empecé a retorcerme los dedos sin darme cuenta.

—Perdona si te he hecho daño, yo… solo quería resolver el problema sin involucrar a nadie. No sabía qué más hacer.

Vince permaneció en silencio un instante y luego deslizó una mano hasta la base de mi cuello para obligarme a mirarlo. Me derretí ante aquel contacto cálido y reconfortante.

Cuando alcé la vista, me encontré atrapada en sus ojos, llenos de un sentimiento que no lograba descifrar. Por un momento, pensé que quería decirme algo. Tal vez incluso «hacer» algo como… besarme, me convencí al ver cómo me miraba los labios.

Pero no lo hizo.

Me acarició la mejilla con el pulgar y tan solo me dijo:

—Te llevo a casa.