Juego sucio: Empieza el partido Capítulo 27 #2
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Capítulo 27 #2

—¿Tienes alguna sugerencia? —aventuré.

—No necesitas mis sugerencias. —Su mirada recorrió todo mi cuerpo y me pareció distinguir un destello de aprobación—. Eres capaz de arreglártelas sola.

Tal vez me equivocara, pero ¿eso había sido un cumplido?

Me sorprendió comprobar que era capaz de hacer comentarios amables.

Bebió otro trago de cerveza y empezó a mirar a su alrededor distraídamente.

Yo hice lo mismo: desde donde me encontraba, si estiraba el cuello podía ver la mesa que normalmente ocupaban Vince , Blake y los demás chicos.

Sin embargo, aquella noche estaba vacía.

Pero había visto el coche de Vince , así que tenía que estar por allí en alguna parte.

¿Qué haría si me lo encontraba? ¿Fingiría sorpresa?

¿Lo ignoraría? ¿Le cantaría las cuarenta?

Por Dios, parecían los pensamientos de una acosadora.

En realidad, tampoco es que encontrarlo fuera tan fácil.

El ClubSeven no era pequeño; la enorme pista de baile estaba abarrotada y había otras tres salas más apartadas: la zona VIP, la lounge y la chill-out.

Pensándolo bien, quizá sería mejor no verlo.

El DJ puso una mezcla de Flo Rida que hizo enloquecer a la multitud y me animó a mí también. Me entraron unas ganas alucinantes de bailar. Odié no estar con Sam .

¿ Ethan se prestaría a algo así? Decidí preguntárselo, pero cuando me giré vi que tenía la mirada clavada en un chico que no estaba muy lejos de nosotros, sentado en una mesa con sus amigos. Ese chico también le dirigía miradas curiosas de vez en cuando.

—¿Lo conoces?

Yo no lo había visto nunca y, desde luego, no estudiaba en la OSU. A simple vista, parecía unos años mayor que nosotros.

—¿A quién? — Ethan se volvió de golpe hacia mí; estaba tenso y fruncía el ceño. Parecía un niño al que acababan de pillar robando caramelos.

Eché un vistazo hacia el chico.

—Te he preguntado si lo conoces. Ve a saludarlo si es así, no necesito una niñera —bromeé.

—No sé de quién coño hablas, pero no conozco a nadie en este antro —afirmó con brusquedad. Se acabó la cerveza y se limpió la boca con el dorso de la mano—. Voy al baño. —Sin añadir nada más, se levantó y se marchó.

Me quedé allí, con el vaso medio vacío y el ritmo de la música ahogándolo todo.

No entendía qué acababa de pasar ni por qué se había puesto así.

Me di cuenta de que aquel chico seguía a Ethan con la mirada hasta que desapareció entre la multitud; en ese momento, el desconocido me lanzó una mirada que parecía…

¿de incomodidad?, ¿de vergüenza? No lograba descifrarla, pero aun así le dediqué una sonrisa de circunstancias a modo de saludo.

Luego aparté la vista. «¿Qué demonios estaba pasando? ».

Confundida y con una extraña sensación en el cuerpo que no sabía definir, me bajé del taburete y empecé a moverme entre la gente mientras seguía bebiendo mi cerveza. Aún tenía ganas de bailar; encontraría a alguien con quien divertirme un poco.

Vislumbré los rostros a mi alrededor mientras caminaba despacio entre las personas que me rodeaban y que no dejaban de moverse.

Algunas me rozaban, otras me empujaban. El aire estaba caldeado, cargado de humo y sudor.

Las luces mareaban más que el alcohol. Un chico se acercó a mí e intentó ligar dedicándome una sonrisa que pretendía ser sexy, pero que resultaba más bien inquietante.

Llevaba una cresta al estilo mohicano. Se presentó tendiéndome una mano sudada; preferí ocupar la mía sujetando la pajita. Intentó decirme algo al oído, pero de repente el corazón me dio un vuelco y me quedé paralizada.

A unos metros de mí divisé a Blake , y no estaba solo.

Me vio por encima del hombro de Vince : primero me miró confundido, y luego una especie de sonrisa incierta se abrió paso en su rostro. Me saludó y Vince se giró en mi dirección.

El pánico se apoderó de mí y terminé haciendo la cosa más estúpida que podía hacer.

En un visto y no visto, me agaché en el suelo y me escondí detrás de un amasijo de piernas que saltaban al ritmo de la música.

Cerré los ojos con fuerza y lo primero que pensé fue que era una imbécil por haber reaccionado de aquella forma tan infantil.

Seguro que Vince y Blake creían que era una chica loca, celosa y desequilibrada. Pensándolo bien, no podría culparlos.

Sujeté el vaso de cerveza con fuerza e intenté mirar a mi alrededor; si me escabullía entre las piernas de la gente, tendría una oportunidad para escapar de allí sin problemas.

—Me encantan las chicas lanzadas —gritó el chico que se había acercado a mí mientras se llevaba una mano a la entrepierna de los pantalones, que, por pura coincidencia, se encontraba a la altura de mi cara—. Pero esto es un poco excesivo —se carcajeó como un idiota.

Una mueca de asco me crispó los labios. Levanté la vista hacia él y pensé que los hombres no dejaban de darme asco. Tenía que marcharme de allí, pero no sin antes ajustar cuentas con «el señor Cresta».

En cuanto reuní el valor para ponerme en pie, distinguí entre la multitud los rostros de Vince y Blake . Venían hacia mí, caminaban deprisa. Joder. Blake me estrangularía si descubría que había ido al ClubSeven con Ethan .

Miré al señor Cresta y le sonreí.

—Me encantan los hombres refinados. Lástima que cada vez queden menos. —Di un último sorbo a mi cerveza de raíz y el resto acabó en su cara.

—¡¿Qué coño haces?! —gritó él mientras intentaba secarse con las manos. Tuve la impresión de que estaba a punto de darme un empuj ón, pero Vince le puso una mano en el hombro y lo apartó de mí.

—¿Qué le has hecho? —lo acusó, alzando la voz por encima de las vibraciones de la música.

—¡Esta imbécil me ha tirado la bebida en toda la cara! —lamentó el tipo, que me fulminó con la mirada.

Vince me observó durante unos segundos. Su mirada fue tan demoledora que un escalofrío me recorrió la espalda. Blake los separó, se acercó al oído del señor Cresta y le dijo algo que lo convenció de marcharse.

Movida por el instinto, aproveché la oportunidad y yo también salí corriendo antes de que Vince y Blake se dieran cuenta.

Me escabullí entre los cuerpos que bailaban, haciendo zigzag.

Cuando unos segundos después miré hacia atrás, vi que me perseguían, pero había conseguido poner cierta distancia de por medio.

Continué avanzando todo lo rápido que pude mientras evaluaba las alternativas que tenía a mi disposición: si pedía un Uber, tendrían tiempo de sobra para alcanzarme y pedirme explicaciones.

Las colas de los baños eran demasiado largas, así que encerrarme allí tampoco era una opción.

Ethan jamás me ayudaría, más bien todo lo contrario.

Me giré una vez más. Las luces estroboscópicas lo confundían todo, pero estaba casi segura de que los había despistado.

Suspiré y me llevé una mano a la frente.

Al diablo, aquella situación era surrealista.

Vi el cartel de «Salida» unos metros más adelante y decidí que me marcharía, con o sin Ethan .

Anduve un poco más, pero, en cuanto me metí en el corto pasillo que conducía al guardarropa, sentí que una mano me sujetaba por el brazo y otra se posaba en mi cintura.

Me arrastraron detrás de una columna de carga y, antes de que pudiera volverme para descubrir quién me había acorralado, mi espalda chocó contra el cemento.

Me quedé sin aliento. No por el impacto, sino por la forma en que los ojos de Vince me clavaron en el sitio.

—¿Vas a alguna parte? —Empleó un tono de voz bajo que reverberó por todo mi ser.

—Me marcho —balbuceé, con el corazón martilleando en mi pecho—. Me voy.

—¿Tan pronto? —Se acercó todavía más; su cuerpo era imponente.

Mi mirada descendió hasta el punto donde su mano me rodeaba la cintura y después la volví a subir lentamente a su rostro.

Llevaba el cuello de la camisa azul desabrochado y las mangas remangadas hasta los codos.

El pelo le caía sobre los ojos de una forma que me provocaba una extraña presión en el estómago.

—No hay nada por lo que merezca la pena quedarse.

Una expresión de falsa decepción apareció en su rostro mientras se llevaba una mano al corazón para fingir una punzada de dolor.

—Joder, qué cruel eres.

Me estaba haciendo la difícil, cierto, pero solo porque su presencia ponía a prueba mi lucidez y no podía permitirme volver a ceder.

En especial, no me lo podía permitir cuando él estaba acompañado por otra chica. Una chica que lo estaría buscando con toda probabilidad. Y pensar que yo solita me había metido en aquella situación, convencida de que venir al ClubSeven era una buena idea… Qué ingenua.

Pero Vince también parecía incómodo: levantó la vista un instante y lanzó una mirada furtiva a su alrededor antes de volver a estudiarme.

—Si yo fuera tú, no la haría esperar demasiado —se me escapó, cortante, antes de apartar la mirada e intentar liberarme de su agarre.

Él, sin embargo, me retuvo donde estaba: se cernía sobre mí y anuló cualquier atisbo de distancia. Apoyé las palmas de las manos contra la columna y sostuve su mirada tormentosa.

—¿Lo dices en serio? —exclamó; por cómo frunció el ceño comprendí que mi comentario no le había gustado en absoluto—. Primero me besas, luego te arrepientes. Me ignoras durante días. Vienes aquí, pero en cuanto me ves sales corriendo. Y ahora… ¿te pones celosa?

Aquello me dolió y reaccioné a la defensiva.

—No se trata de celos.

Estaba mintiendo descaradamente.

No era tan estúpida como para pensar que Vince iba a mantenerse alejado de las chicas después de nuestro beso, pero saber que estaba con Madison despertaba en mí emociones demasiado intensas como para manejarlas de la forma correcta: tenía celos, claro que sí, pero también sentía una sensación de rivalidad y rabia.

—Entonces ¿de qué se trata? —Mantuvo un tono bajo, pero firme.

—No puedo creer que se lo hayas dicho. —Intenté apartarlo aunque solo fuera un poco con un ligero empujón en el pecho, porque apenas podía respirar tan cerca de él, pero no sirvió de nada. Era como una estatua de mármol.

—¿Dicho el qué?