Capítulo 26 #3
Quizá tiempo atrás, pero las cosas habían cambiado.
Aun así, darme cuenta de que el idiota de Vince no solo se había lavado la conciencia poniéndome en peligro, sino que además se iría a bailar como si nada con la chica que planeaba en secreto mi muerte hizo que todos los nervios de mi cuerpo se tensaran.
—No, no iré con vosotros —me limité a decir. No supe intuir si la pequeña arruga que se le formó en la comisura de la boca era de alivio o de decepción, pero tampoco le di mucha importancia.
Las saludé a todas sin demasiado entusiasmo y fui a sentarme a la mesa libre.
Como si el día no hubiera sido ya lo bastante desastroso, al cabo de unos minutos mi soledad se vio interrumpida por la llegada de Ethan .
Durante la última semana, desde que habíamos vuelto a Corvallis tras el partido fuera de casa, nos habíamos limitado a seguir nuestro ridículo guion: de vez en cuando aparecíamos juntos por los pasillos, en la cafetería o en alguna de las salas comunes del Memorial Union .
No habíamos vuelto a mencionar nuestra discusión en la azotea del hotel; ninguno de los dos había pedido disculpas y tampoco habíamos vuelto a discutir.
A ojos de los demás, quizá parecíamos una pareja poco unida, pero lo importante era que nos vieran juntos, sobre todo ahora que Vince debía de haberle contado a Madison lo que había pasado entre nosotros.
—¿Hasta tu compañera de piso te ha dejado sola? —se burló mientras soltaba su bolsa de deporte en el suelo.
Por el rabillo del ojo miré hacia la mesa de Madison y vi que algunos jugadores del equipo tomaban asiento. Me contuve para no suspirar aliviada cuando comprobé que Vince no se había sentado a su lado, sino entre Blake y Zac .
Volví a concentrarme en mi plato e ignoré el comentario venenoso de Ethan . Los lunes Sam siempre cenaba en su casa; su padre tenía el día libre y toda la familia aprovechaba la ocasión para cenar juntos. Aunque Sam no adoraba ese plan, yo envidiaba un poquito ese pequeño ritual familiar.
—Me gustaría comer en paz —corté.
—¿Y quién te lo impide? —Se sentó frente a mí como si nada.
—¿No es evidente? —Él siguió ignorándome y se echó mostaza y kétchup en el bocadillo. Lo observé durante unos segundos; luego crucé los brazos sobre el pecho y me apoyé en el respaldo de la silla.
—Déjame adivinar: has venido aquí para pedirme que esta noche vaya contigo al ClubSeven , ¿verdad?
Ethan arqueó una ceja.
—¿Qué? No. Paso de ir a ese sitio lleno de inadaptados.
—Ah… —Aliviada, sentí que la tensión abandonaba mi rostro—. Sé que irán algunos chicos del equipo.
—¿Y? —Dio un mordisco a la hamburguesa—. Cuanto menos tiempo pase con ellos, mejor para mí.
—Creía que el objetivo de esto… —enderecé la espalda y me incliné hacia él por encima de la mesa— era hacer creíble nuestra «relación» también ante sus ojos.
—Estoy aquí sentado, ¿no? Además, no tendría sentido ir. Alyssa no va a ese local. —Se limpió la boca con una servilleta y dio un sorbo de agua. Lo observé sin decir nada, tratando de analizar aquella vaga sensación de frustración que crecía dentro de mí y que no lograba explicarme.
¿Por qué me sentía como si acabaran de privarme de algo que ni siquiera sabía que quería?
—Deja de mirarme de esa forma, es inquietante —protestó Ethan , que seguía engullendo su cena.
¿Por qué? ¿Cómo lo estaba mirando? No entendía qué me pasaba.
Volví a concentrarme en mi plato, pero de repente me sentía inquieta. No paraba de agitar las piernas bajo la mesa y tamborileaba con los dedos sobre la superficie sin parar.
—Quiero ir —solté de repente, lo que me sorprendió incluso a mí misma.
La expresión de Ethan traicionó su asombro solo por un instante, porque se recompuso en tiempo récord.
—Haz lo que quieras, Leila , no soy tu novio de verdad. No es asunto mío.
—No, quiero decir que… —suspiré y fruncí los labios porque no era capaz de admitir la verdad— Sam ya tiene planes esta noche y no tengo a nadie más con quien ir.
Ethan dejó de masticar y me observó durante un instante con una ceja arqueada.
—¿Me estás pidiendo que vaya contigo?
«Sí» .
Quizá.
Dios, jamás lo diría en voz alta.
Ethan esperaba una respuesta; luego, miró por encima del hombro en dirección a la mesa de Vince . Una sonrisa astuta se formó en sus labios en cuanto se giró para mirarme de nuevo. Se recostó en el respaldo de la silla y entrelazó las manos sobre su abdomen.
—Esta historia empieza a ponerse interesante.
Suspiré frustrada y me removí nerviosa en la silla.
—Quiero aclarar una cosa que tiene que ver con él y conmigo, solo eso —me limité a decir.
Ethan se lo pensó unos segundos y después negó con la cabeza, divertido. Cogió una servilleta y se limpió las manos.
—De acuerdo, pasaré a buscarte a las nueve. No me hagas esperar; de lo contrario, será mejor que te busques a otro con quien dar celos a nuestro apuesto querido capitán.
Se levantó, cogió su bolsa de deporte y se marchó sin añadir nada más, dejando la bandeja sucia en la mesa, mientras a mí me invadía la aterradora certeza de que acababa de meterme en otro lío.