Juego sucio: Empieza el partido Capítulo 26 #2
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Capítulo 26 #2

Febrero avanzaba con días grises y húmedos que lo único que conseguían era acrecentar mi mal humor.

Había pasado más de una semana desde aquel beso en el ascensor y, durante el viaje de New Haven a Corvallis , fui con mucho cuidado para no cruzarme con la mirada de Vince .

Una vez de vuelta en el campus, solo nos habíamos visto en una ocasión, a la salida de la biblioteca.

Él entraba justo en el momento en que yo salía al terminar una sesión de estudio. Los dos reaccionamos con torpeza, balbuceamos algunas palabras inconexas como «perdona» o «pasa tú primero», «no, tú».

Había sido un encuentro de lo más embarazoso; la tensión se podía cortar con un cuchillo. No era esa clase de tensión de «me gustaría empotrarte contra la pared y devorarte». Era algo más parecido a «mierda, eras la última persona a la que quería ver».

Porque esa era la verdad.

Nos estábamos evitando el uno al otro. Sabía que mi comportamiento no era propio de una persona madura y racional, pero una parte de mí se había convencido de que era Vince quien debía dar el primer paso. Yo ya me había expuesto demasiadas veces.

Vince apenas me prestaba atención. En las pocas ocasiones en que nuestras miradas se encontraban, en sus ojos siempre veía rencor y una ira contenida.

Quería creer que estaba enfadado conmigo porque lo había rechazado y su ego había resultado herido, pero la vocecita de mi cabeza no dejaba de repetir que tal vez, simplemente, el beso que nos habíamos dado no lo había afectado tanto como para buscarme de nuevo.

El lunes siguiente, la redacción estaba sumida en el silencio y medio vacía mientras la luz tenue de la tarde invernal se filtraba por las ventanas.

Seguía dándole vueltas a la situación con Vince cuando llegó un correo electrónico que interrumpió el flujo de mis pensamientos. No me fijé en el remitente, porque fue el asunto lo que captó mi atención: «Invitación para participar en el National College Journalism Contest ».

Abrí el correo enseguida.

Estimada redactora jefa:

Nos complace comunicarle que su redacción ha sido seleccionada para participar en el National College Journalism Contest .

Se trata de una iniciativa que nace con el objetivo de dar visibilidad y apoyo a los medios de comunicación universitarios que contribuyen de forma significativa al panorama informativo de nuestro país.

Cada medio participante recibirá un tema sobre el que trabajar durante las próximas semanas. El artículo que más destaque por su calidad, innovación e impacto mediático tendrá la oportunidad de ser publicado en periódicos de difusión nacional como The Boston Globe , Los Angeles Times y USA Today.

Además, el artículo elegido por el jurado será premiado con una dotación económica que podrá destinarse a la mejora de los dispositivos con los que cuenta el centro.

Para confirmar su interés, le rogamos que responda a este correo en los próximos cinco días.

Quedamos a su disposición y le deseamos mucha suerte en esta aventura.

Un saludo cordial,

Comité organizador del National College Journalism Contest

Leí el correo una segunda vez. No había participado nunca en una competición de este tipo y, desde luego, dirigir un proyecto tan importante sería exigente, sobre todo teniendo en cuenta que la confianza que tenía en mis propias capacidades no pasaba por su mejor momento, pero no podía negarles a mis compañeros una oportunidad como esa.

Si jugábamos bien nuestras cartas, daríamos un salto de calidad considerable.

Así pues, reenvié el correo a todos los redactores y convoqué una reunión urgente.

Media hora más tarde lo habíamos comentado entre todos.

Tras obtener el consenso unánime para el proyecto, respondí al correo para confirmar nuestra participación.

Después de eso, volvimos al trabajo. Permanecí pegada a mi escritorio hasta que el estómago empezó a rugirme; mientras, los demás redactores regresaban a casa poco a poco.

Aquella noche, a pesar de que ya estaba tensa por el proyecto que teníamos por delante, decidí quedarme en el campus. Cogí el bolso y me fui a la cafetería.

El comedor era un hervidero, en parte por el jaleo que armaban los equipos deportivos que lo abarrotaban: los jugadores de fútbol siempre eran los más escandalosos, incapaces de mantener una conversación entre ellos con un volumen de voz normal.

Me puse a hacer cola. Cuando llegó mi turno, coloqué los platos en la bandeja y miré alrededor en busca de una mesa libre. Por suerte, había una al fondo del comedor que se estaba quedando vacía justo en ese momento.

Me apresuré a llegar antes de que alguien más se me adelantara. Me di cuenta demasiado tarde de que tendría que pasar junto a Madison y sus amigas.

Esperaba que no me vieran, pero la voz de Madison resonó en mis oídos en cuanto estuve a su lado.

—¡Lola! ¡Qué alegría verte! ¿Qué haces aquí?

« No lo sé, ¿qué podría hacer en el comedor de nuestro campus con una bandeja llena de comida entre las manos?».

—Controlar la calidad de la comida. Ya sabes cómo funciona esto: alguien tiene que hacerlo —respondí con ironía, aunque no estaba segura de que Madison pudiera captar el sarcasmo—.

Y, por favor, me llamo Leila —la corregí con educación mientras sus amigas se cubrían la boca con las manos, entre risitas.

Dios mío, no soportaba aquellos comportamientos típicos de una adolescente.

—Claro, ya sé que te llamas Leila . — Madison me apoyó una mano en el brazo con gesto amistoso—. Pero creo que Lola es más bonito, te pega. —Me dedicó una sonrisa aparentemente cordial, pero en su expresión percibí algo pasivo-agresivo que me puso en alerta.

¿Tal vez Vince le había contado lo que había pasado entre nosotros dos?

Había besado a su novio, o lo que fuera, por no hablar de que antes de eso, mientras ella dormía, nos habíamos colocado en mitad de la noche y por poco no habíamos acabado foll…

—¿Por qué no te sientas con nosotras? —El tono agudo de su voz borró la imagen que estaba visualizando de Vince y de mí enredados—. La cafetería siempre está llena a estas horas. —A juzgar por las miradas que le lanzaron sus amigas, la propuesta les había sorprendido más a ellas que a mí.

—Te lo agradezco, pero acaba de quedarse libre una mesa allí al fondo. —Señalé con la bandeja hacia la mesa que seguía vacía, rezando para que nadie la ocupara.

—No puedo permitir que cenes sola en ese rincón apartado. Insisto. —Parpadeó varias veces mientras daba un sorbo a su vaso de agua mirándome a los ojos.

Madre mía. Lo sabía.

No estaba segura de «qué» sabía, pero sabía «algo».

Probablemente estaba desplegando toda aquella amabilidad solo para amargarme la cena y vengarse.

Uf, no podía creer que Vince me hubiera arrojado a los pies de aquella psicópata.

Él y su maldita sinceridad.

—No te preocupes, me gusta estar sola —respondí con convicción—. Además, será mejor que vaya o alguien me quitará el sitio.

Solo entonces Madison suspiró y cedió ante su insistencia.

—Vale, como quieras, pero si cambias de idea, no lo dudes y ven con nosotras. —Asentí y me dispuse a marcharme—. Ah, por cierto, ¿tú también irás esta noche? —añadió.

La miré, desconcertada.

—¿Esta noche?

—Sí, al ClubSeven . Yo iré con Vince y Blake con Daphne . —Señaló a la chica pelirroja que había frente a ella—. Creía que, como formas parte del grupo, también te habrían invitado. —Hizo gala una vez más de aquel aleteo de pestañas, seguido de la sonrisa demasiado angelical impresa en su rostro.

Yo no formaba parte de ningún grupo.