Juego sucio: Empieza el partido Capítulo 21 #2
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Capítulo 21 #2

Cuando llegamos arriba, iba tan mal que estuve a punto de abrir la puerta equivocada.

—¡Eh, no, esa es la habitación de Blake ! —susurró Vince , que me sujetó la muñeca justo a tiempo. Al llegar frente a mi puerta, el sonido de mis risas aún resonaba entre las paredes.

Un ruido procedente de una de las habitaciones nos dejó paralizados. Vince me puso una mano sobre la boca.

—Baja la voz o despertaremos a los demás.

—¿Tienes miedo de que Dolly-Dolly nos oiga? —lo provoqué a la vez que apoyaba la espalda en el marco de mi puerta.

Él arqueó una ceja, confuso.

—¿ Dolly-Dolly ?

Hice un gesto con la cabeza para señalar la habitación a su espalda.

—Tu novia.

Vi que contenía una risa.

—No es mi novia, ya te lo he dicho.

—Cierto. —Me separé de la puerta, me acerqué a su oído y le rodeé el cuello con los brazos—. Solo te la tiras —murmuré.

Vince afiló la mirada y ladeó la cabeza para observarme con atención bajo el molesto brillo de la luz de emergencia. Sus manos se deslizaron por mis caderas, y acercó la boca a mi oído.

—Ese que te tiras tú, en cambio, duerme en la habitación al fondo del pasillo. ¿Hacemos una orgía? —Su aliento cálido me estremeció.

Elevé la comisura de la boca y empecé a caminar hacia atrás para entrar en mi cuarto, trayéndolo conmigo.

—Prefiero la exclusividad.

—Entonces has elegido a la persona equivocada. ¿No sabes que no es precisamente famoso por su monogamia? —Parecía muy calmado, pero me percaté de que tenía la respiración más agitada.

—Hasta ahora no me ha decepcionado —repliqué, punzante.

No sabía cómo habíamos pasado de reír como unos locos a desafiarnos de ese modo. Solo que me encantaba la reacción de su cuerpo ante mis mentiras y que quería ir más allá.

—No lo creía posible, pero es bueno conmigo. —Retrocedí más ya dentro de la habitación—. Dulce de día y exigente de noche.

Sus ojos me atravesaron.

—Ya basta.

—¿Qué te pasa? —Parpadeé fingiendo una inocencia que no era propia de mí.

—No quiero oírte hablar de eso.

—¿No quieres oír hablar de mi novio?

— Leila . —Inspiró hondo y sus dedos se hundieron en mis caderas—. Ya basta, ¿vale?

Había vuelto a llamarme Leila , lo que significaba que se estaba poniendo nervioso.

Un punto para mí.

—Pareces un poco celoso, Rise —lo provoqué.

Resopló.

—¿De él? Nunca.

Sonreí y di otro paso atrás, cada vez más cerca de la cama.

—En la piscina lo parecías.

—¿Ah, sí? —El tono de su voz era desafiante—. ¿Mientras él te besaba y tú me mirabas a mí?

Solté una risita baja que parecía más un bufido.

—¿Te gustó?

—¿Y a ti?

Sin darme cuenta, pisé una zapatilla que Sam habría dejado en medio de la habitación, y tropecé hacia atrás. En un gesto instintivo, me agarré a la sudadera de Vince y lo arrastré conmigo. Aterrizamos en mi cama con un golpe suave. Su cuerpo firme presionado contra el mío me incendió la piel.

—Mierda, perdona. —Sentí que se tensaba.

Puso las manos a los lados de mi cabeza e intentó incorporarse.

Sin embargo, agarré la placa que llevaba al cuello y lo atraje de nuevo hacia mí.

Nuestras narices se tocaron y nuestras bocas se rozaron.

El aire a nuestro alrededor se volvió abrasador, igual que su mirada al recorrer mi rostro, que me clavaba en el colchón.

—Me gustó muchísimo —susurré, con los labios muy cerca de los suyos.

Incluso en la oscuridad de la habitación vislumbré la chispa de excitación que brilló en sus ojos mientras su boca se curvaba con malicia.

—No deberías haber dicho eso.

Sonreí, sardónica. Apreté su sudadera con más fuerza y doblé una rodilla junto a su cadera. Lo tenía atrapado involuntariamente sobre mí, una sensación de calor me recorrió por dentro y me hizo temblar.

—Para. —Me puso una mano en el muslo, supuse que para apartarlo, pero yo solo pensé en la sensación de sus dedos presionados sobre la tela de mis pantalones.

En lugar de hacerle caso, también doblé la otra pierna.

—Ley… —Quería advertirme, lo sabía, pero pronunció mi nombre en un suspiro jadeante que traicionaba sus intenciones.

Sus ojos se cerraron, vi que su nuez se movía con dificultad en el cuello. Empecé a notar algo que presionaba contra mí. Ser consciente del efecto que despertaba en él me estremeció, tuve que luchar contra el impulso de seguir provoc ándolo.

Una batalla perdida.

Necesitaba desesperadamente aliviar el dolor y la tensión que también crecían en mí, así que empecé a moverme bajo su cuerpo, elevando las caderas despacio y fundiendo mi respiración con la suya.

Sus ojos me atravesaron en la oscuridad.

En ellos leí la necesidad desesperada de ceder a un impulso primario, pero también la certeza de que nunca podría cruzar esa línea.

Para él, se había convertido en una cuestión de honor.

Con un gruñido, apoyó la cabeza en mi hombro e inspiró hondo.

—No puedo, Ley. —Volvió a mirarme—. Por favor, no me odies más de lo que ya lo haces —suplicó a la vez que me rechazaba otra vez.

Lo miré parpadeando, aturdida por las sensaciones que había experimentado hasta ese momento, mientras la prueba tangible de su excitación presionaba contra la parte baja de mi vientre.

No sabía cómo había sido capaz de encontrar la fuerza para detenerse.

Yo no habría podido.

En el silencio de la habitación, solo oía la lluvia golpeando cada vez más suave contra la ventana cerrada y la respiración agitada de Vince .

Estaba tenso y frustrado. Me dio un beso en la frente, me acarició la mejilla y se apartó.

Bajó de la cama y se alejó. Me dejó sola, envuelta en esa sensación de frío, vergüenza y abandono que me había prometido no volver a sentir nunca más.