Juego sucio: Empieza el partido Capítulo 17 #3
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Capítulo 17 #3

«Somos como una enfermedad. Infectamos todo lo que tocamos».

Aparté ese pensamiento, porque no era cierto.

Yo no era como mi padre. Su oscuridad no me había tocado. No era culpa mía.

Vince solo estaba comportándose como un imbécil. Al contrario de lo que siempre había creído, era capaz de ello.

—Vete a la mierda —le dije desde lo más profundo de mi corazón antes de llegar a mi puerta y cerrarla tras de mí. El portazo que di sobresaltó a Sam .

—Pero bueno, ¿es que te has vuelto loca? —Sacó la cabeza de debajo de la almohada, el somier crujió cuando se giró hacia mí. A juzgar por la palidez de su rostro y por las ojeras oscuras, estaba incluso peor que antes.

—Perdona, es solo que… yo… —Empecé a caminar nerviosa por la habitación, farfullando—. ¡Dios mío, le daría una sarta de bofetadas! Es la segunda vez en doce horas que me echa, ¡y ahora encima defiende a Dolly-Dolly !

—Espera, estamos hablando de Vince , ¿verdad? ¿Habéis hablado? ¿Cuándo? ¿Y quién es Dolly-Dolly ? —preguntó Sam con un hilo de voz.

—¡ Madison !

—Oh… —Mi amiga frunció el ceño, como si estuviera uniendo los puntos de un dibujo misterioso—. Ya veo… Por favor, ahora para o me van a entrar ganas de vomitar solo de verte dando tantas vueltas.

Le hice caso y me senté en su cama. La miré, sentí pena por ella. Parecía un zombi.

—Pronto te sentirás mejor, Blake ha ido a comprar paracetamol. —Le aparté unos mechones de la cara ardiendo.

Sam se colocó sobre un costado y soltó un suspiro profundo.

—El karma me está castigando por no haberte hecho caso.

—Si te refieres a las mil advertencias que te hice sobre no beber tanto con Milo , tranquila, no oirás de mi boca un «ya te lo dije».

—Lo acabas de decir.

—Ya lo sé —repliqué con una sonrisa indulgente.

A Sam le entraron ganas de reír, pero esa risa se transformó en una serie de toses que daban miedo.

Cogí la botella de agua de su mesita, la destapé y la ayudé a beber a sorbitos.

Cuando la cerré, vi que Sam tiritaba mientras se acomodaba mejor la almohada bajo la mejilla; la arropé con la manta y me levanté a correr las cortinas.

Miré por la ventana; el viento soplaba con una fuerza inaudita, sacudía las ramas de los árboles, silbaba y envolvía toda la casa.

A pesar de la mañana neblinosa, incluso la luz tenue parecía molestarle.

—Deberías descansar un poco más —le dije cuando regresé a su lado.

—¿Y tú qué vas a hacer?

—No lo sé. Los chicos han planeado una caminata por el bosque; Ethan quiere que vaya con él, pero no voy a dejarte aquí sola.

—Jolín, ese chico no deja pasar ni una oportunidad.

Suspiré, abatida.

—Dice que tenemos que parecer creíbles ante sus amigos, incluso aunque Alyssa no esté.

—Sus amigos, claro… —repitió con sarcasmo—. En cualquier caso, creo que deberías ir con ellos.

Abrí los ojos de par en par.

—¿Te das cuenta de que, si algo saliera mal, lo que iba a ser una simple caminata entre amigos podría convertirse en un velatorio?

—Estoy segura de que no pasará nada de eso.

La miré, atónita.

—Estás muy mal si de verdad piensas eso.

—Sí, estoy mal, pero no tienes alternativa. No quiero que te quedes aquí, acabaría contagiándote. Y tampoco tiene sentido pasar el resto del día aislada en esta casa, dándole vueltas a todo lo que ha salido mal entre ayer y hoy.

Fruncí el ceño.

—¿Qué te hace pensar que me pasaría el día dándole vueltas?

—Te conozco, guapa. —Me sonrió con dulzura.

No repliqué, Sam tenía razón: me pasaría el resto de la mañana dándole vueltas a todo lo que había pasado con Vince y a sus palabras cargadas de veneno.

Me quedé un rato sentada a los pies de la cama de Sam , leyendo los mensajes que llegaban de la redacción mientras ella dormitaba.

Poco después, oí un coche aparcando en el jardín de la propiedad.

Supe que era el de Vince solo por el rugido del motor.

Avisé a Sam para decirle que Blake había vuelto de la farmacia y bajé para recoger las medicinas.

Lo recibí yo sola. No había ni rastro de Ethan , Zac , Nate y Jackson , y Vince y Madison … oh, a la mierda, no quería saber qué estaban haciendo.

Cuando Blake entró, cerró la puerta con un golpe seco del pie. Se quitó la chaqueta gruesa y se estremeció.

—Joder, menudo viento hace.

Vi que llevaba algunas bolsas con ropa.

Me acerqué y vi que no solo había ropa interior: había comprado sudaderas, camisetas térmicas y pantalones.

No me dio tiempo a comentarle nada sobre eso porque se me adelantó.

—Acaban de anunciar una alerta meteorológica en esta zona para los próximos tres días —dijo, y apoyó las bolsas en el suelo—.

Se acerca un temporal fuerte, están cerrando todas las carreteras principales, así que he pensado en traeros ropa de abrigo para que estéis cómodas mientras permanezcáis atrapadas aquí.

Del bolsillo trasero de los vaqueros sacó tres cajas de medicinas y me las lanzó mientras me repetía las indicaciones del farmacéutico. Pero no oí ni una sola palabra.

Estaba en shock por lo que acababa de decir.

¿Alerta meteorológica?

¿Un temporal?

¿Atrapadas aquí?

Temí que fuera a desmayarme.