Capítulo 17
Leila
Me despertó la melodía de llamada de mi teléfono.
Me ardían los ojos por la noche que había pasado en vela. Cuando reuní fuerzas para abrirlos, alargué la mano hacia la mesita y, en la pantalla, encontré una serie de notificaciones del grupo del periódico. Mi ausencia había provocado el caos; todos me preguntaban dónde me había metido.
Me incorporé de golpe en la cama y me aparté los mechones que se me pegaban a la boca. Eran las once pasadas. A mi lado, Sam seguía durmiendo.
Eché un vistazo por la habitación. La esperanza de que lo que había ocurrido el día anterior hubiera sido una pesadilla se resquebrajó en cuanto comprendí que no, que todo era real.
Volví a centrarme en la pantalla del teléfono y escribí a toda prisa un mensaje para disculparme. Aseguré a mis compañeros que al día siguiente me pondría al corriente con el trabajo pendiente.
Había pasado la noche pensando en una solución para volver a Corvallis en el menor tiempo posible; al final, encontré una opción tan banal como perfecta: el autobús.
Pasaba uno cada hora y la parada más cercana estaba a solo diez minutos en coche de la cabaña; podríamos llegar hasta allí sin demasiados problemas, incluso a pie.
Tardaríamos una eternidad en volver, pero al menos huiría de aquella situación absurda.
Mientras tanto, intenté ser útil asignando a todos los redactores una tarea para que la llevaran a cabo. Luego me puse en pie y traté de ordenar mi mente, todavía ofuscada por el sueño y el pánico.
Llamé a Sam para despertarla, pero no reaccionó. Rodeé la cama, me acerqué y lo intenté de nuevo. Nada.
— Sam , despierta —dije con más decisión, mientras la sacudía suavemente por el costado.
Murmuró algo que me pareció un «déjame en paz»; apartó mi mano y se giró para darme la espalda.
—Por favor, Sam , tenemos que irnos. —Volví a rodear la cama. Cuando quise apartarle un mechón que le cubría la cara, me di cuenta de que tenía la frente muy caliente.
Abrí los ojos de par en par.
No.
No, no, no.
No podía ser verdad.
—¡ Sam , estás… ardiendo! Tienes fiebre —exclamé, alterada.
—No tengo fiebre —masculló con los ojos cerrados y el ceño fruncido por la molestia—. Solo necesito un analgésico, luego me sentiré mejor.
—¿Mejor? ¡Podría asar un filete ahí encima de lo caliente que estás!
—Me pasé una mano por el pelo para intentar mantener la calma, pero fue imposible—.
Sam , yo… tengo que volver a casa hoy mismo, tengo clases, debo sacar adelante el periódico…
¡Por no mencionar que no me ducho desde ayer, llevo la ropa sucia y ni siquiera tengo un cepillo de dientes aquí conmigo!
—Estaba nerviosa; empecé a caminar de un lado a otro por la habitación.
—Vale, vale, ya lo he pillado —murmuró—. Ahora me levanto y nos vamos —me tranquilizó. Intentó hacerlo, de verdad, pero estaba tan débil que volvió a desplomarse sobre el colchón—. Muy bien, tal vez no vayamos a marcharnos tan pronto.
La miré con los ojos como platos y la respiración jadeante.
Podía olvidarse de eso.
Sin decir nada, bajé al piso de abajo, donde encontré a los chicos desayunando en el comedor.
Estaban riéndose y charlaban entre ellos con la boca llena.
Nate , Zac y Jackson fueron los primeros en verme, y llamaron la atención de Blake y Vince , que, sentados en los extremos de la mesa, estaban a punto de lanzarse un pedazo de pan.
Cuando Blake interceptó mi mirada, enmudeció.
Vince , en cambio, me observó un instante, pero luego frunció el ceño y apartó la vista.
—Buenos días —dije, lo que también llamó la atención de Ethan , que se giró para observarme. Ignoré la fuerte sensación de incomodidad que sentí y fui directa al grano—. Sam no se encuentra bien, tiene fiebre, necesita paracetamol.
—Buenos días a ti también, princesa —habló Ethan , que me invitó a sentarme a su lado con una sonrisa avispada.
—No tengo hambre, gracias. —Crucé los brazos, impasible—. Solo quiero paracetamol.
—Puedo darte un poco de hierba, si quieres —propuso Zac , que hincó el diente en una loncha de beicon crujiente.
—¡Cállate, Zac ! —lo reprendió Nate .
—Eh, lo decía por decir… Es un buen sustituto —se justificó, luego siguió engullendo su desayuno.
Nate negó con la cabeza y volvió a mirarme.
—Echa un vistazo en ese cajón. —Señaló una alacena a mi espalda—. No te aseguro que encuentres nada, mis abuelos se lo llevaron casi todo.
Le di las gracias y empecé a rebuscar en el cajón. Al cabo de unos segundos, Blake se acercó a mi lado.
—Eh, ¿cómo estás esta mañana? ¿Has podido descansar?
—No tanto como me habría gustado —respondí mientras seguía rebuscando entre blísteres y frascos algo que fuera lo bastante fuerte para dárselo a Sam y a ser posible que no estuviera caducado.
Antes de que Blake contestara, oímos el chirrido de una silla en el suelo. Nos giramos y vimos que Vince se levantaba y se dirigía a la cocina, que estaba junto al comedor, para dejar su plato en el fregadero.
—Me han dicho que anoche hablasteis —murmuró Blake en voz baja.
Solté una risa seca.
—No lo definiría exactamente como «hablar».
—¿Y cómo lo definirías?
Lo miré sin pestañear.
—Hacer el capullo, así lo definiría.
Blake resopló como si le restara importancia.
—Solo está nervioso.
—Lo estamos todos —admití y retomé la búsqueda entre los medicamentos.
—Está pasando por una mala racha. Su padre se casa con la niñera de Sierra, los patrocinadores lo presionan, han suspendido las visitas con su madre y ahora… tú e Ethan bajo el mismo techo. En fin, es mucho que digerir, incluso para alguien como él, ¿no crees?
Por un momento dejé de rebuscar en el cajón.
¿Habían suspendido las visitas con su madre?
Aquella noticia me descolocó más que la inminente boda de su padre.
Ser consciente de cuántas cosas habían cambiado en su vida durante mi ausencia me dolió profundamente.
—¿Sabes qué, Blake ? No tengo tiempo para estas historias, todos tenemos nuestros problemas.
Yo, en este momento, necesito que Sam pueda levantarse y volver a casa.
— Blake me miró unos segundos sin decir nada, quizá sorprendido por mi reacción brusca—.
¡Joder, aquí no hay nada! —estallé y cerré el cajón en un impulso cargado de frustración.
—Tranquila, Ley, hay una farmacia no muy lejos de aquí, podemos conseguir los medicamentos sin problema —sugirió, y me apoyó una mano en el hombro—. También puedo pasar por Walmart y te buscaré algo de ropa interior nueva, así puedes darte una ducha caliente.
Era amable.
Eso me hizo sentir peor.
Suspiré agotada y lo miré .
—Perdona, es que estoy…
—Nerviosa —concluyó él con una sonrisa afectuosa.
Le ofrecí una sonrisa débil y asentí.
Blake fue al recibidor, cogió su chaqueta de cuero del colgador y las llaves del Camaro del bolsillo del abrigo de Vince .
—¿Qué haces? —le preguntó él desde el umbral de la cocina con una nota de pánico en la voz.
Quería a su coche más que a su propia vida.
Solo Blake y mi hermano habían tenido el honor de conducirlo en el pasado.
—Voy a buscar medicinas y una muda de ropa para las chicas.
—Puedo ir yo —se ofreció Vince .
—No, voy yo —afirmó Blake —. Tú tienes algo que resolver en la planta de arriba —lo reprendió antes de abrir la puerta y marcharse.
—Sí, capitán, ve con tu novia —añadió Ethan , que masticaba un trozo de pan tostado con la boca abierta y el codo apoyado en el respaldo de la silla—. La has dejado sola en la habitación, no es muy bonito.
Vince lo fulminó con la mirada y dejó en la encimera de la cocina el trapo con el que se estaba secando las manos.
—Todavía me pregunto cómo averiguó dónde estaba —dijo sin apartar la mirada de Ethan .
Él se encogió de hombros y negó con la cabeza.
—No lo sé, la gente habla.
Vince no insistió; se dirigió a las escaleras para subir al piso de arriba siguiendo el consejo de Blake .
Cuando pasó junto a mí, por un momento me pregunté si se arrepentía de las palabras que me había dicho la noche anterior o si seguía convencido de todo lo que había afirmado.
Sacudí la cabeza para apartar mis reflexiones. Cuando Vince se hubo alejado, yo también me dirigí hacia las escaleras para ir con Sam , aunque la voz de Nate me detuvo.
—Siéntate con nosotros y come algo, hoy Jacky se lo ha currado un montón. —Me fijé en la cantidad de comida que había en la mesa y le sonreí a Jackson .
—Gracias, pero prefiero ir a ver cómo está Sam .
—Entonces llévale algo. —Cogió un plato vacío y lo llenó con un poco de todo.
—Qué considerado —se burló Ethan antes de beber un poco de zumo.
—Debería servirte de ejemplo —replicó Nate , cortante.
La tensión en aquella cabaña se podía cortar con un cuchillo.
—Ya soy lo bastante considerado. — Ethan se levantó de la silla y se acercó a mí.
El instinto me llevó a ponerme rígida. Un irrefrenable deseo de salir corriendo de allí, una sensación que empezaba a resultarme familiar, se abrió paso en mi interior.
Ethan me levantó la barbilla con un dedo y me besó—.
Considerado lo necesario, ¿no te parece?
Me obligué a asentir mientras él me ofrecía una sonrisa complacida. Luego entrelazó su mano con la mía para que fuera con él al piso de arriba. Me pilló por sorpresa, subí las escaleras sin mediar palabra. No tenía ni idea de qué había urdido.
Una vez estuvimos solos en el pasillo, frente a la puerta de su habitación, me separé de él.
—No hacía falta que me acompañaras, sabía llegar yo sola.
—Tenemos que hablar. —Me agarró del brazo y me metió en su habitación antes de cerrar la puerta a mi espalda.
—¿Qué demonios haces? —protesté zafándome de su agarre.
—Retomar la conversación que dejaste a medias ayer. Si tu amiga se encuentra mal, significa que no volveréis a Corvallis muy pronto, lo cual, si lo piensas, no es ninguna tragedia. —Caminó arriba y abajo por la habitación, con una mano en la barbilla y el semblante concentrado.
— Blake ha ido a buscar medicinas; en cuanto Sam se encuentre mejor, nos iremos —dejé claro.