Capítulo 15 #3
Sam intentó acercarse a la casa, pero vi que le dolía el estómago y volvía a apoyarse contra el coche, con las manos en las rodillas. Por ese motivo, fui hacia el lugar desde donde llegaban los gritos, seguida de Madison .
Detrás de la cabaña, el terreno descendía una decena de metros de forma gradual. Proseguimos por la pendiente hasta que llegamos junto al río. En la orilla opuesta, vimos dos coches aparcados y, a lo lejos, un grupo de chicos a punto de saltar desde la pared más alta de una cascada.
En cuanto me di cuenta de quiénes eran, casi se me cae la mandíbula al suelo.
Vince , Jackson , Blake y Zac estaban de pie sobre un espolón. Nate y Ethan , empapados de la cabeza a los pies, subían por un sendero rocoso para volver con ellos.
Me giré hacia Madison y la fulminé con la mirada.
¿Era una broma?
—Necesitaba que me trajeras, no lo habrías hecho si te hubiera dicho la verdad —se justificó sin mirarme a la cara, como la cobarde que era—. Tenía que verlo antes de que hiciera una tontería.
Me reí, una risa de pura burla, luego negué con la cabeza y levanté las manos.
—Yo me marcho, búscate a otro conductor para volver.
Antes de dar la espalda al río, vi a Vince lanzarse al agua con un grito lleno de adrenalina. El corazón se me disparó en el pecho mientras sus amigos lo animaban con gritos y silbidos goliardescos.
El instinto hizo que corriera hasta la orilla del río; llamé la atención de los chicos, que me miraron confusos mientras yo solo sentía la imperiosa necesidad de darle una sarta de guantazos por haber puesto en peligro su propia vida con ese salto.
En el mejor de los casos, pillaría una pulmonía.
En el peor, podría romperse todos los huesos del cuerpo.
Desde luego, no era la primera vez que los chicos se divertían desafiando a la suerte; al contrario, era su pasatiempo favorito después de las mujeres.
Pero presenciar semejante temeridad en directo me enfureció.
Cuando Vince salió a la superficie, con el pelo disparado en todas direcciones, se dispuso a nadar hasta la orilla, pero Blake , con un gesto de la cabeza, le hizo ver que ya no estaban solos y lo invitó a girarse en nuestra dirección.
En cuanto se percató de nuestra presencia, su expresión se ensombreció. Vince clavó la mirada en mí con una furia que me golpeó de lleno en el pecho.
No quería que estuviera allí.
Y yo no pensaba quedarme ni un segundo más. Me di la vuelta y me alejé.
Me sentía frustrada, herida e impotente.
Había conseguido que me odiara la única persona en el mundo incapaz de guardar rencor.
Y todo por culpa de aquel maldito beso que había visto entre Ethan y yo.
—Nos vamos —le ordené a Sam cuando la alcancé frente a la cabaña.
—¿Nos vamos? —preguntó, confundida—. ¿Y el hermano de Madison ?
—No hay ningún hermano, solo una niñata paranoica con manía de control —le expliqué a toda prisa mientras me subía al coche.
—¿De qué habl…? —Antes de que Sam pudiera sentarse en el coche, vi que se llevaba una mano a la boca, se inclinaba hacia delante y devolvía sobre el sendero todo lo que había bebido la noche anterior. Las arcadas fueron tan violentas que cayó de rodillas.
—¡Dios mío, Sam ! —Corrí hacia ella y le sostuve el pelo. Saqué unos pañuelos del bolsillo de la chaqueta y le ofrecí unos cuantos. Madison caminó hacia nosotras con una mueca de asco y nos preguntó si necesitábamos un poco de agua. Me limité a asentir sin siquiera mirarla.
Sacó una botellita de una de sus bolsas del maletero y yo le humedecí las mejillas y la frente a Sam .
—¿Estás un poco mejor? —le pregunté mientras le acariciaba la espalda cuando las arcadas parecieron cesar. Por desgracia, no tardaron en volver a hacer acto de presencia, esta vez más fuertes que antes.
Seguía agachada junto a Sam cuando el rugido de motores de gran cilindrada me advirtió de la llegada de dos coches, que se detuvieron detrás del mío levantando polvo y grava.
De un deportivo rojo brillante salió Ethan . Del Camaro negro de Vince bajaron los demás. Aunque llevaban ropa, seguían empapados.
—¿Qué demonios pasa aquí? —preguntó Blake , que se acercó a nosotras.
—¿Cómo habéis llegado? —añadió Nate .
Por sus expresiones intuí que no se alegraban de vernos. No podía culparlos: en el fondo, les acabábamos de arruinar la fiesta.
El único que parecía encontrar la situación divertida era Ethan , que se sentó en los escalones de la cabaña y, con una sonrisa ladeada, empezó a disfrutar del espectáculo mordisqueando un trozo de regaliz.
—Preguntádselo a ella. —Señalé a Madison , que tenía los brazos cruzados y la boca apretada en una fina línea.
Vince fue directo hacia ella. Aunque se apartaron un poco, los oí discutir acaloradamente: Vince le exigía saber cómo se le había ocurrido aparecer sin avisar. Y ella respondió que quería aclarar las cosas.
Los demás entraron en la casa, con los labios amoratados por el frío, murmurando que les habíamos arruinado la diversión. Bueno, no tenían ni idea de lo mucho que habría querido teletransportarme a cualquier otro lugar.
Blake también entró, pero volvió enseguida con nosotras y trajo un cubo y un rollo de papel absorbente. Sam le hizo un gesto para que se marchara.
—Déjate ayudar —la reprendió él.
—Preferiría ahogarme en mi propio vómito —dijo mi amiga.
Blake me miró exasperado, pero se hizo a un lado.
—No podéis quedaros aquí —dijo al final.
—Tranquilo, no tenemos la intención de hacerlo —aclaré, le arrebaté el rollo de papel y ayudé a Sam a limpiarse la boca.
—Tranquilo, guapo, le estás hablando a mi chica —intervino Ethan , que aprovechó aquella situación horrible en su beneficio—.
Cuando Sam deje de vomitar, podrán volver a casa —concluyó, y se acercó a mí.
Le lancé una mirada de soslayo; seguía agachada sobre la tierra húmeda.
Él no se dio por aludido—: Entiendo que me echaras de menos, pero conducir hasta aquí solo para verme ha sido un poco arriesgado, ¿no te parece?
No tuve tiempo de soltarle una bordería porque un chillido agudo rasgó el aire. Todos nos giramos en la dirección de la que procedía.
—¡Llevas dos días ignorándome! —Era Madison . La respuesta de Vince apenas se escuchó. Solo alcancé a oír un «Te estás pasando» y «No tengo nada más que decirte aparte de lo que ya sabes».
Madison no parecía de la misma opinión.
—No me marcho de aquí hasta que me des las respuestas que busco.
En ese momento, vi que Vince negaba con la cabeza y se marchaba de allí para volver a entrar en la cabaña.
—¡No me des la espalda! —le gritó ella.
—¡Todo este teatro es ridículo, Mads ! —replicó Vince , igual de enfadado—. Cuando decidas volver a comportarte como una persona normal, quizá podamos hablar. Hasta ese momento, por lo que a mí respecta, puedes irte a casa.
Madison se quedó boquiabierta al ver que Vince se marchaba sin miramientos. Miró a su alrededor con nerviosismo y dijo:
—Bien, ¡tú lo has querido!
A partir de ahí, todo sucedió demasiado rápido como para reaccionar a tiempo.
Madison se dirigió a mi coche, hasta el lado del conductor, sacó las llaves que había dejado en el salpicadero y se adueñó de ellas.
— Madison , ¿qué vas a hacer…? —murmuré. Solté a Sam y me incorporé.
Vi que caminaba hacia la parte trasera de la cabaña, en dirección al río, y la sangre se me heló.
No iría a…
—¡ Madison ! —la llamé con un grito mientras empezaba a sentir los latidos de mi corazón acelerarse, y corrí tras ella.
Mi chillido llamó la atención de Vince , que nos alcanzó en la pendiente, pero Madison no se detuvo. Avanzaba con decisión.
Vi que se acercaba a la orilla del río con mis llaves en la mano.
—¡ Madison , no te atrevas! —grité fuera de mí. Corrí todo lo rápido que pude para detenerla, pero ella se me adelantó y, con rabia, lanzó mis llaves al agua—. ¡ Madison , no!
Abrí los ojos de par en par y me precipité hasta la orilla.
Blake , Ethan y Vince llegaron a mi lado, tan atónitos como yo.
Mis llaves.
Se habían hundido.
En el fondo de un río helado.
Me quedé en shock, incapaz de decir nada. Tenía la respiración agitada y la boca entreabierta. Por el salto que había dado Vince antes, sabía que era muy profundo.
—Ahora no puedes echarme. Estás obligado a hablar conmigo. — Madison se dirigió a Vince con una mano en la cadera.
Me giré hacia ella y, lo juro por Dios, lo único que pensé fue en destrozarla con mis propias manos.