Capítulo 14 #2
—Si quieres que este plan funcione, necesitaré saber quién es.
—Todo a su debido tiempo. —Me dedicó una sonrisa ladeada. Luego se acercó a mi oído y susurró—: Ahora sonríe y sé convincente, porque voy a besarte.
¿Qué?
Besar a un chico no era el problema: el problema era besarlo a él, en ese momento, en ese lugar, delante de todo el mundo.
La advertencia me pilló tan desprevenida que, cuando Ethan me besó y me metió la lengua en la boca, ni siquiera fui capaz de rebelarme.
Necesité unos segundos para reaccionar y devolverle el beso.
Por supuesto, pensaba cantarle las cuarenta por haberme besado sin permiso. Pero, de momento, le seguiría el juego. En el fondo, no era más que un estúpido beso. Vacío e insignificante, igual que él para mí.
Se apartó y se humedeció los labios, complacido.
—Me esperaba algo mejor, pero para empezar no está mal.
—¿Te esperabas algo mejor? —Entrecerré los ojos, ofendida—. La última vez que me besaron tan mal llevaba ortodoncia. —Me aparté, no soportaba estar tan cerca de él.
Ethan soltó una risita, alzó la vista y echó un vistazo por el local.
—Se ha ido.
—Genial, ¿puedo irme yo también ahora?
Asintió mientras bebía un trago de mi cerveza.
—Si me hace falta, te avisaré.
No di saltos de alegría ante esa perspectiva, pero no dije nada. Me limité a coger la cazadora del taburete y me la puse mientras él se iba con un grupo de amigos.
Antes de marcharme, lancé una mirada furtiva hacia la mesa de Vince , que estaba vacía.
No me había dado cuenta de que se hubiera ido, pero fue un alivio saber que no había presenciado aquel estúpido beso entre Ethan y yo.
Fuera del Marsy , no obstante, sentado en el capó de un coche con un cigarrillo en los labios, estaba Blake .
—Por fin, tenía miedo de que no volvieras a salir de ese sitio infernal. —Dio una última calada y lanzó la colilla lejos de él.
—Hola, Blake . —Me acerqué con cautela—. No tenía ni idea de que me estuvieras esperando, ¿me he perdido algo?
—Es irónico, me estaba haciendo la misma pregunta. —Bajó del capó frotándose las manos en los vaqueros, luego me miró durante un rato, como si estuviera a la espera de algo.
No entendía a dónde quería ir a parar. Entonces suspiró y volvió a hablar:
—No quiero hacerte perder tiempo, intentaré ser breve —empezó— . Nos conocemos desde hace bastante tiempo, Ley. Y, aunque últimamente hayas decidido tomar distancia, para nosotros sigues siendo parte del grupo. Te queremos.
—Yo también os quiero —respondí con sinceridad, aunque no entendía muy bien la razón de aquel preámbulo.
—¿De verdad?
Fruncí el ceño. ¿Lo estaba poniendo en duda?
—Claro.
—Si nos aprecias tanto como dices, explícame qué estabais haciendo Ethan y tú ahí dentro. —Señaló el Marsy con un gesto de la barbilla.
Se me secó la garganta; ni siquiera podía tragar saliva.
Tras unos segundos que se me hicieron eternos, murmuré:
—¿Nos has visto?
—Os hemos visto todos. — Blake cruzó los brazos y me miró, ceñudo.
«Todos».
Maldita sea.
Había contemplado esa posibilidad, pero pensaba que me había librado.
—¿Por eso estás aquí? ¿Para echarme un sermón? —Me sentí entre la espada y la pared. Por instinto, me puse a la defensiva.
Siempre era la primera en atacar cuando me sentía amenazada. Había sido mi estrategia de supervivencia desde niña.
—Me conoces lo bastante como para saber que meter las narices en la vida de los demás no es mi estilo —respondió, molesto por mi actitud.
—Sin embargo, lo estás haciendo. —Me mantuve firme.
—Sí, porque este asunto puede salpicarme a mí también.
Arrugué la frente.
—¿De qué forma?
—¿De qué forma? —Abrió los ojos de par en par—. ¿De verdad hace falta que te lo explique?
No, desde luego que no hacía falta.
—¿Has pensado al menos en el efecto que todo esto va a tener en el equipo? —Su tono se endureció, igual que la expresión de su rostro.
Estaba enfadado, tal vez incluso decepcionado conmigo. Sentí una punzada de dolor en el pecho. Sabía que el hockey era fundamental en sus vidas. La idea de que ahora me vieran como un obstáculo, en vez de como una aliada, me dolía hasta la médula.
—Sí, lo he pensado. Y no permitiré que esto entre Ethan y yo afecte a vuestro juego —intenté tranquilizarlo.
Pero no era tonta. Las posibilidades de que todo se fuera al garete eran altas.
Lo cierto era que no tenía alternativa, mejor dicho, la tenía: contarlo todo y correr el riesgo de que la historia del chantaje de Ethan llegara a oídos de mi hermano. Pero eso no era una opción.
Él tenía que mantenerse lejos de Corvallis y de cualquier posible influencia negativa.
Si lograba gestionar los siguientes ochenta y ocho días con cabeza y la dosis justa de cautela, quizá podría contener los daños.
—Es demasiado tarde —continuó Blake —. Vince estaba sentado en una mesa justo detrás de vosotros cuando os habéis besado.
En cuanto os ha visto, se ha marchado cabreado; ahora está ilocalizable.
—Se me hizo un nudo en la garganta—. Explícame, ¡¿cómo gestionarías el hecho de que la chica en la que más confías empiece a tirarse al tío que lleva intentando hundirte desde… siempre?!
—¡Eh! Yo no… —Estuve a punto de desmentirlo todo, pero recordé a tiempo que tenía que seguir adelante con la farsa—. No te permito que me hables así.
Lo que me había indignado no había sido su lenguaje, estaba acostumbrada. Más bien, me afectó darme cuenta de lo deshonesto que debía de parecer mi comportamiento a los ojos de Vince .
Blake se disculpó y se hizo el silencio entre nosotros por un instante. Suspiré y me froté la cara.
—Te prometo que gestionaré toda esta situación lo mejor que pueda —dije cuando volví a mirarlo.
Blake resopló y negó con la cabeza, nada convencido.
—Me alegro por ti si de verdad crees que lo conseguirás.
—¿Qué otra cosa puedo hacer? —exclamé, y dejé caer los brazos a los lados.
—Por ejemplo, no te pongas del lado del enemigo.
Eso era lo que pensarían de mí a partir de ese momento.
Me verían como una traidora.
Ellos, que habían cuidado de mí desde el primer día que pisé Corvallis en la fraternidad de Thomas .
— Blake … —intenté replicar, pero las palabras murieron en mis labios. Cualquier cosa que fuera a decir sonaría mal y falsa.
Fue él quien habló.
—Espero que, como mínimo, merezca la pena.
Se me formó un nudo en la garganta. Con la amargura reflejada en la cara, me dio la espalda y se marchó.