Capítulo 9 #2
—Yo también. —Negué con la cabeza; era imposible razonar con Blake .
» Vince , esto no os afecta solo a vosotros tres, sino a todos nosotros.
Pone en riesgo el equilibrio del equipo.
Tú eres nuestro capitán, y él acaba de encontrar la forma de hundirte.
Y si tú te hundes, nos hundimos contigo.
Perdona, amigo, te quiero, pero no pienso mandar a la mierda mi futuro por este triángulo.
Reflexioné sobre sus palabras y sí, tal vez tuviera razón, pero no iba a comprometer el destino de mis compañeros. Sabría separar el deporte y mi vida privada, llevaría a mi equipo a lo más alto, como siempre había hecho.
—No nos hundiremos.
—Eso dijeron del Titanic y acabó en el fondo del océano por culpa de un iceberg.
Suspiré y me pellizqué el puente de la nariz.
—¿En serio acabas de comparar a nuestro equipo con el Titanic?
—¿Quieres escuchar el resto de lo que tengo que decirte o no?
Como si tuviera elección.
—Adelante…
—Bueno, para preservar el equilibrio del equipo, necesitamos recuperar la sintonía que teníamos antes y que se ha ido perdiendo con los años. De lo contrario, estamos jodidos. Nos darán una paliza en cada maldito partido.
—No es culpa mía que hayamos llegado a esto —dejé claro.
—Lo sé.
—Y la sintonía de la que hablas seguiría existiendo si Ethan no se hubiera empeñado en destruirla día tras día. —Empecé a caminar por la habitación, nervioso.
—También lo sé.
Suspiré con fuerza y me pasé la mano por el pelo.
—Entonces, ¿cuál es la solución?
—Unas vacaciones.
—¿Unas vacaciones? ¿Me tomas el pelo?
—¿Te parezco un tío con ganas de bromear? —replicó sin el menor atisbo de ironía.
— Blake , jugamos contra Yale el próximo sábado, no tenemos tiempo para vacaciones.
—Sí lo tenemos, queda una semana para el partido. Nate ha propuesto que pasemos estos días en la cabaña de montaña de sus abuelos. Allí cerca hay una pista de hielo donde podemos entrenar. Ya está todo organizado.
Di media vuelta sobre mí mismo, incrédulo. Todo eso era absurdo, Blake y Nate lo habían decidido sin consultarme siquiera.
—¿Creéis que Ethan aceptará?
—Bueno, sí, si le hacemos creer que tú no vendrás.
Me quedé aún más atónito.
—Cuando Ethan me vea se pondrá como loco, y yo… ¡preferiría arrancarme la polla antes que pasar unos días con él, joder!
—Lo sabemos, todos somos muy conscientes, pero tienes que verlo como uno de esos sacrificios que hay que hacer por un bien más grande, como los superhéroes.
Te garantizo que nosotros pondremos de nuestra parte, será una semana en busca de relax, diversión y viejos recuerdos.
Hasta el entrenador ha dicho que le parece bien.
Reí con nerviosismo y me humedecí la comisura de la boca con la punta de la lengua.
—Será una puta pesadilla.
—Es posible, pero vale la pena intentarlo. En cualquier caso, salimos esta noche, así que tienes que volver a Corvallis .
Abrí los ojos de par en par.
—¿Esta noche? Blake , estoy con Sierra, no puedo irme ahora, le he prometido que le leería El palomo travieso.
Oí un extraño gruñido al otro lado de la línea, como si Blake intentara contener la risa.
Y, en efecto, luego estalló en carcajadas.
— ¿El palomo travieso?
—Cierra la boca, cabrón. No sabes lo que significa decirle que no a una niña de siete años.
—Sobre todo si esa niña es tu hermana. En cualquier caso, créeme, me sabe mal arrancarte de esa pequeñaja, pero tenemos pocos días y necesitamos aprovecharlos todo lo posible.
Alcé la vista al techo y maldije en voz baja.
—Saldré lo antes posible.
—Gracias, Vince , en serio. De parte de todos.
Resoplé y colgué.
Me froté la cara con ambas manos y luego me masajeé la nuca. Intenté pensar a toda prisa en la mejor forma de decirle a Sierra que tendría que marcharme poco después, pero no encontré ni media excusa convincente.
Justo en ese momento entró en la habitación y me di cuenta de que estaba enfurruñada.
—¿Tienes que irte? —murmuró. Se sentó en la cama mientras abrazaba a Daphne , su inseparable jirafa.
¿Lo había oído todo?
Joder.
Me senté a su lado y asentí.
—Ha pasado una cosa en Corvallis que requiere mi presencia.
Se le humedecieron los ojos y sentí que el corazón se me resquebrajaba.
—No quiero que te vayas, esta casa está vacía sin ti.
Entendía muy bien esa sensación, odiaba que ella también la sintiera.
Me encantaría llevármela conmigo, pero no era posible.
Por el momento.
En mis planes de futuro, en cambio, lo conseguiría.
La cogí en brazos y la senté sobre mis piernas.
—Te prometo que volveré pronto.
—No te creo. Siempre lo dices y nunca lo haces. —Otra pequeña grieta en mi pecho.
—Esta vez cumpliré mi promesa. O tal vez… tal vez podrías venir tú a verme algún día —le propuse. Encontraría la forma de que se sintiera cómoda en Corvallis , aunque tuviera que obligar a los chicos a convertirse en animadores por un día.
Abrió los ojos de par en par y una sonrisa enorme iluminó su cara.
—¿A Corvallis ? ¡Sí, sí, sí! —Se lanzó sobre mí y me abrazó—.
¡Quiero ver cómo juegas! ¡Y cómo entrenas!
¡Quiero ver tu universidad! ¡Y a tus compañeros!
¡Y quiero ver ese local del que siempre hablas!
—Sonreí porque, como siempre, había empezado a hablar sin parar.
Al menos por esa noche, había conseguido hacerme perdonar.
Una vez la hube acostado, la arropé bien con la manta y le leí el cuento como le había prometido.
Esperé a que se durmiera antes de darle un último beso en la frente, salir de la casa y montarme en mi Camaro rumbo a Corvallis .