Juego sucio: Empieza el partido Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

—Espero que se haya asegurado de reunir una flota de ambulancias para todos los estudiantes que perderán el conocimiento antes de que termine la fiesta —intervino Alex , entre risas, aunque en su tono se percibía un matiz de desaprobación.

No le gustaban ese tipo de fiestas, lo sabíamos. En parte entendía su postura.

—Es lo primero que hizo. —La respuesta de Tiffany provocó algunas carcajadas entre nosotros.

—¿Es buena idea? —preguntó Vince ; su voz amortiguó las risas que flotaban en la mesa.

Me di cuenta de que me escrutaba con sus ojos color hielo.

Llevaba su chaqueta deportiva de siempre y una gorra con la visera hacia atrás.

Colgada del cuello, la placa con el número de su camiseta de hockey grabado, el seis. Su amuleto. Nunca se separaba de ella.

—¿A qué te refieres? —Fruncí el ceño.

—Que vayáis solas al ClubSeven —replicó. A continuación, hincó el diente en su bocadillo.

Puse los ojos en blanco, exhausta. Desde que mi hermano se había marchado, Vince se había convertido en una especie de guardaespaldas, pero la situación empezaba a ser insoportable. No era lo que quería y, sobre todo, no era lo que necesitaba.

No me dio tiempo a responder porque Sam se me adelantó:

—Si ese es el problema, puedes venir con nosotras.

¿Cómo?

¿Se había vuelto loca?

Vince negó con la cabeza.

—Lo haría encantado, pero voy con ella. —Señaló a Tiff . No me sorprendió. Aunque nunca lo había declarado de forma abierta y se había limitado a alguna que otra bromita, sabía que sentía debilidad por su melena cobriza y sus ojos de cervatillo.

—En ningún momento te he dicho que sí —replicó la aludida, molesta.

—No ha hecho falta, muñeca —respondió él, socarrón.

Los rasgos de porcelana de Tiffany se crisparon en una mueca de desdén.

—«Muñeca», por favor, podría vomitar.

Vince le dedicó una sonrisa burlona y Tiffany negó con la cabeza, resignada, mientras reprim ía una sonrisa antes de volver a charlar con Alex .

—Iré yo con vosotras —intervino Blake —. Tenía que ver a unos amigos allí.

Empezaba a sentir que la sangre me hervía en las venas.

Aquella noche quería divertirme y no tener que rendir cuentas a los mastines que mi hermano había soltado para que me vigilaran en su ausencia.

Pero si una parte de mí estaba dispuesta a mandar al infierno a Thomas , a Blake y a Vince , la otra parte sabía que sería inútil.

Había pasado un año desde la noche en que Logan Fallon , un antiguo estudiante que parecía inofensivo, pero que estaba obsesionado con la novia de mi hermano, nos había agredido a Vanessa , a otra chica y a mí en el sótano del campus.

Aquel episodio nos había marcado a todas, aunque de formas distintas.

Yo había necesitado meses para volver a correr sin temer que pudiera pasarme algo.

Unos meses en los que Vince siempre había estado a mi lado.

Mi hermano, además, se había vuelto todavía más protector, y la distancia había amplificado su paranoia conmigo.

Aunque a veces su preocupación me asfixiaba, era consciente de que él solo me tenía a mí y yo solo lo tenía a él.

La vida ya nos había arrebatado demasiado.

Como consecuencia, nos protegíamos mutuamente con uñas y dientes.

En el fondo, estaba bien así.

—Como quieras, pero nos vemos en el ClubSeven —afirmé—. Y no estés encima toda la noche; Sam y yo queremos divertirnos. — Blake levantó las manos en señal de rendición.

Una vez que aclaramos los planes para la noche, los chicos empezaron a discutir sobre el enésimo enfrentamiento entre Vince e Ethan Grant , un jugador del equipo que podría arrebatarle el puesto de capitán. Terminé de mordisquear mi comida, me levanté y fui a dejar la bandeja.

Esperaba con todas mis fuerzas que no se notara la tensión que me atenazaba.

La situación que se estaba creando empezaba a agobiarme cada vez más.

No sabía cómo mantener a raya la frustración y el deseo que crecían a la par dentro de mí.

Ardían con la misma intensidad que un fuego alimentado con el tiempo y que, tarde o temprano, acabaría consumiéndome.

—Eh, nena. —Oí la voz de Vince a mi espalda. Me pasó un brazo por el cuello y me acompañó hasta el fondo del comedor—. ¿Todo bien?

La estela de su perfume caro y embriagador, con notas de bergamota y madera de sándalo, se arremolinaba a mi alrededor. Eau Sauvage . Siempre usaba el mismo.

Sam lo definía como el perfume del cabrón por excelencia, pero él no era un cabrón en absoluto.

—Sí, ¿por qué? —Le dediqué una sonrisa fugaz mientras dejaba la bandeja.

—No te hagas la misteriosa conmigo, sabes que soy un observador atento. —Se había dado cuenta de que algo no marchaba bien, pero jamás habría podido adivinar de qué se trataba.

Me zafé de su abrazo e incliné ligeramente el rostro para mirarlo a la cara. Yo no era baja, pero aun así me sacaba al menos quince o veinte centímetros. Era alto y tenía un físico esbelto y esculpido, en parte gracias a un programa de entrenamientos intenso y exigente.

—¿Tú, un observador atento? —lo pinché para esquivar su insinuación—. ¿Te has dado cuenta de que tienes migas de pan en la comisura de la boca? —De forma instintiva, alargué la mano y se las retiré con el pulgar bajo su mirada atenta—. Pareces un niño —balbuceé con una sonrisa.

—Un niño que te hace reír —replicó. Aunque tenía el ceño fruncido en un gesto dudoso, advertí el amago de una sonrisa que asomaba sobre su mandíbula bien definida. Era sexy y lo sabía. Sin embargo, conmigo nunca había jugado la carta de la seducción.

Reprimí una sonrisa y reculé medio paso.

Sí, Vincent Rise me hacía reír.

Ese era el problema.

—Sea cual sea el dilema que te angustia, puedes hablarlo conmigo, ya lo sabes.

—De pronto, se había puesto serio. Siempre me había fascinado la facilidad con la que pasaba de ser el eterno Peter Pan a un hombre en quien se podía confiar, maduro y consciente.

Casi nunca hablaba en serio, pero sabía detectar cuándo la situación lo exigía.

—Claro, si tengo cualquier problema lo hablaré contigo —mentí.

Blake nos llamó desde lejos. Le hizo un gesto a Vince con la mano: para ellos había llegado el momento de marcharse. Entonces, nos encaminamos hacia la mesa.

—¿Te has bebido el café que le he dejado a Sam esta mañana? —me preguntó a continuación, manteniendo la distancia.

Crucé los brazos sobre el pecho y asentí. Cada mañana me dejaba un café ya pagado en la cafetería o me lo llevaba al apartamento. Era un detalle que apreciaba, aunque nunca se lo había dicho. En realidad, detestaba saber que me trataba como a una hermanita de la que tenía que hacerse cargo.

—Sí, estaba buenísimo como siempre, gracias.

De hecho, perdona por no haberte avisado.

Me he despertado antes de lo habitual y he salido antes.

—Como ocurría a menudo, la noche anterior habíamos quedado para salir a correr juntos por la mañana.

A veces íbamos solos, otras en compañía de nuestros amigos.

Aquella mañana había preferido hacerlo por mi cuenta.

—No importa, recuperamos el domingo —me tranquilizó.

—Claro —le respondí. Miré hacia otro lado; sin embargo, sentía sus ojos clavados en mí como alfileres. ¿Por qué Vince seguía observándome de ese modo?

—Ah, y para esta noche… si necesitas algo, tienes mi número —añadió.

— Blake estará con nosotras.

— Blake no es una garantía.

—¿Y tú sí? —Lo miré.

Se encogió de hombros y me sonrió con dulzura.

—Hago lo que puedo.

Me mordí el labio y, a mi pesar, le devolví la sonrisa.

—Lo sé, no te preocupes.

Llegamos a la mesa y nos separamos. Sam se puso en pie, lista para salir del comedor conmigo; ambas teníamos dos clases por la tarde.

Me despedí de Alex y Tiffany . Los vi salir al jardín con Vince y Blake , sabía que se dirigían al Dixon Center , el polideportivo de nuestra universidad.

Lo último que vi fue a Vince rodeando a Tiffany por la cintura con un brazo.

Ella lo apartó, pero me percaté de que se estaba riendo con él.