CAPÍTULO 27
INOCENTE
La resolución llegó seis días después.
El tribunal convocó una audiencia urgente para revisar la suspensión de Darel y la validez del resultado analítico.
No era todavía el juicio completo contra Richard Mercer ni el procedimiento disciplinario de Noah.
Solo debía decidir si existía alguna base para mantener a Darel apartado del rugby después de que la identificación genética demostrara que las muestras positivas no le pertenecían.
Darel llegó acompañado por Leo, Daniel y Aroha.
Había dormido poco, entrenado demasiado y pasado la semana intentando no llamar a Mara.
Ella terminó su participación en el informe, pero la revisión ética seguía abierta hasta que la Comisión publicara su conclusión.
Hablaron dos veces por teléfono, siempre con Priya o Leo incluidos en la conversación, y se vieron una mañana durante la preparación de la audiencia.
No estuvieron solos. Eso fue lo más difícil.
Después de una noche en su cama, de despertar con ella encima a las seis de la mañana y de escucharla decir que aquello no podía repetirse hasta que se cerrara la revisión, volver a la distancia profesional resultó casi ridículo.
Darel la obedeció. No porque temiera una sanción para sí mismo, sino porque Mara necesitaba salir de aquella investigación sin que nadie pudiera afirmar que el resultado se debía a lo que ocurría entre ellos.
La sala del tribunal era más pequeña de lo que había imaginado.
No había gradas, flashes ni público. Solo una mesa elevada, representantes jurídicos y varias pantallas.
Mara se sentó junto a Julian como autora del informe técnico.
Llevaba un traje azul oscuro y el cabello recogido.
Cuando Darel entró, lo miró durante un segundo y después regresó a sus documentos.
Era suficiente. La sesión duró casi tres horas.
El laboratorio reconoció formalmente que sus registros habían sido manipulados por Richard Mercer.
La autoridad australiana confirmó que el empleado se encontraba detenido por falsificación, acceso ilícito a datos y obstrucción.
El análisis genético identificó las muestras sin margen de duda.
Noah, a través de su abogado, aceptó que la positiva era la suya y que había utilizado un producto no declarado.
Leo pidió el levantamiento inmediato de la suspensión y la anulación de cualquier infracción atribuida a Darel.
El representante jurídico del organismo antidopaje no se opuso.
Aun así, el tribunal realizó preguntas. Sobre el control, la cadena de custodia, el acceso de Mercer y la actuación de Mara.
Darel apretó las manos debajo de la mesa cuando uno de los miembros preguntó si la atracción reconocida públicamente podía haber influido en el informe. Julian respondió antes que ella.
—La señora Quinn detectó la primera anomalía comparando a mano los datos de densidad, y dos investigadores más la confirmaron.
La copia forense fue realizada por un especialista independiente.
La identificación genética se practicó bajo control judicial y los resultados se verificaron en dos laboratorios.
Esa identificación hace innecesario el registro que se perdió con la actualización del sistema.
La señora Quinn no tenía capacidad para crear, modificar o dirigir ninguna de esas pruebas.
—¿Ocultó su interés personal? —insistió el miembro.
Mara tomó la palabra.
—No existía una relación cuando asumí el caso.
Había una atracción que no consideré conflicto porque no habíamos tenido contacto personal durante un año.
Cuando se publicaron las fotografías, informé de todo, también de lo que las imágenes no mostraban, y el resto de actuaciones fue supervisado. Debí hacerlo antes.
—¿Se arrepiente de haber continuado?
Mara miró hacia Darel. Fue un instante, aunque él vio la respuesta antes de que hablara.
—No me arrepiento de haber encontrado la verdad. Sí de no haber previsto que alguien utilizaría una cuestión personal para atacar el trabajo de todo el equipo.
El tribunal aceptó la explicación. Cuando regresaron después de deliberar, Darel se puso de pie.
Leo le indicó que respirara. Daniel estaba detrás, con una mano apoyada en el hombro de Aroha.
La presidenta leyó la resolución. El resultado atribuido a Darel Akara no procedía de su muestra.
No había cometido ninguna infracción antidopaje.
La suspensión quedaba anulada con efecto inmediato y el expediente debía rectificarse en todos los registros.
El organismo emitiría una declaración pública reconociendo que Darel había sido víctima de una manipulación deliberada.
Inocente. La palabra no apareció de forma literal. No era necesario. Estaba en cada línea.
Darel cerró los ojos. Durante dos semanas había imaginado ese momento como una explosión, un grito o el alivio de levantar una copa. Llegó en silencio, con el cuerpo demasiado cansado para celebrarlo y una presión desapareciendo poco a poco del pecho. Daniel lo abrazó desde atrás.
—Se acabó.
—Sí.
Aroha se unió.
—Kiri te dijo que Quinn lo encontraría.
Darel abrió los ojos y la buscó. Mara seguía junto a la mesa, hablando con Julian. Tenía una mano sobre la carpeta y la otra cerrada alrededor de un bolígrafo. Cuando terminó, caminó hacia él. Los abogados, Daniel y Aroha se apartaron con una discreción que nadie habría esperado de ellos.
—Enhorabuena —dijo Mara.
—Suena demasiado formal.
—Estamos en un tribunal.
—Ya no me investigas.
—Eso lo hemos establecido varias veces.
Darel se acercó un poco.
—Y la revisión ética.
—Hannah me ha escrito durante la deliberación.
Concluyen que citarte en la habitación fue un error y que ir a buscarte al campo fue una conducta impropia, aunque ninguna de las dos cosas influyó en el informe.
Y que llamarte el día de las fotos, después de que me lo prohibieran, fue una desobediencia.
Me abren una amonestación en el expediente y me apartan dos años de la unidad de deportes de equipo.
—Dos años.
—¿Por una tarde en un campo embarrado? Volvería a ir.
Darel sintió rabia por ella y, debajo de la rabia, algo muy parecido al orgullo. Mara no le estaba pidiendo consuelo. Le estaba diciendo que lo había elegido sabiendo lo que costaba.
—Entonces ven conmigo.
Mara miró alrededor.
—¿Ahora?
—Ahora.
—Hay periodistas en la puerta.
—Saldremos por el aparcamiento de empleados.
—Daniel querrá celebrar.
—Daniel tiene a mi familia entera para celebrar. Pueden sobrevivir unas horas sin mí.
Mara apretó los labios para esconder una sonrisa.
—Sigues dando por hecho que voy a ir.
Darel inclinó la cabeza.
—¿No?
Ella recogió la carpeta.
—Tengo que entregar esto en la oficina.
—Te acompaño.
—No.
—Mara.
—Dame una hora.
—Treinta minutos.
—Cuarenta y cinco.
—Hecho.
Darel la vio alejarse junto a Julian. Aroha apareció a su lado.
—¿Cuarenta y cinco minutos para qué?
—No es asunto tuyo.
—Entonces es exactamente lo que pienso.
Daniel se acercó por el otro lado.
—Tenemos una reserva para cenar con todos.
—Llegaré tarde.
—¿Cuánto?
Darel miró el reloj.
—No lo sé.
Aroha soltó una carcajada.
—Cancela su cubierto.
Darel regresó a casa, se duchó y cambió de ropa en menos de media hora.
A los cuarenta y tres minutos, el timbre sonó.
Mara estaba en la puerta. No llevaba traje.
Se había puesto unos vaqueros, una camiseta blanca y una chaqueta de cuero.
El cabello seguía recogido, aunque varios mechones se habían soltado.
Darel la miró durante unos segundos, disfrutando de que hubiera acudido sin carpetas, abogados ni una razón profesional.
—Has tardado cuarenta y tres —dijo.
—He ganado dos minutos.
—Entra.
Mara no dio un solo paso.
—Antes necesito preguntarte algo.
Darel esperó.
—¿Esto es una celebración porque te han absuelto o una decisión que seguirá existiendo mañana?
La pregunta eliminó cualquier broma.
—Llevo un año queriendo besarte, dos semanas intentando no tocarte y seis días pensando en cómo te sentías sobre mí. No te he pedido que vengas para celebrar una resolución.
—Bien.
—¿Eso era todo?
—No.
Mara se acercó y lo besó en la entrada. Darel la rodeó por la cintura, cerró la puerta con el pie y respondió sin contenerse.
La casa estaba en silencio. No había teléfonos sonando, compañeros a punto de entrar ni un informe esperando una firma.
Solo Mara apretada contra él y la certeza de que esta vez no tendría que detenerse por una razón que ninguno deseaba.
La levantó. Ella rodeó su cintura con las piernas y soltó una risa contra su boca.
—¿Siempre haces esto?
—¿Qué?
—Cargar con las mujeres que entran en tu casa.
—Solo con las investigadoras que tardan un año en decidirse.
—Ya no soy tu investigadora.
—No sabes cuánto me gusta oírlo.
La llevó hasta el salón. Mara deslizó los dedos por el cabello suelto y tiró con suavidad para obligarlo a levantar la cabeza. Darel la besó en el cuello, recorriendo la piel hasta encontrar el punto que la hizo estremecerse.
—Ahí —murmuró ella.
Volvió a hacerlo. Mara apoyó la cabeza contra la pared y cerró los ojos. Darel había imaginado verla perder el control, aunque la realidad era mejor: el modo en que intentaba contener la respiración, las manos apretándose sobre sus hombros y el rubor extendiéndose por el cuello.
—No te calles —pidió.
Ella abrió los ojos.
—No me des órdenes.
—Entonces considéralo una súplica.
Mara sonrió, tiró de su camiseta y se la quitó por encima de la cabeza.
—Me gustas más así.
—Ya lo confesaste.
—No te acostumbres a ganar discusiones.
Darel la llevó hasta el dormitorio. Antes de que pudiera tumbarla, Mara le apoyó una mano en el pecho y lo empujó hasta que quedó sentado en el borde de la cama.
—Quieto.
—¿Es una orden oficial?
—Es la última inspección.