Juego limpio (Tercer Tiempo 3) CAPÍTULO 24 #2
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CAPÍTULO 24 #2

—Siento haber hablado de algo que también es tuyo sin preguntarte —continuó—. No siento haber dicho que eres extraordinaria ni defender que el informe no depende de lo que sentimos.

Mara tardó en responder.

—Hannah está furiosa.

—Daniel también.

—La revisión ética va a analizar cada palabra.

—No he dicho que hubiera una relación.

—No. Solo has conseguido que medio país espere la primera cita.

Darel sonrió.

—Nos ahorra tener que anunciarla.

—No habrá ninguna si sigues así.

—Eso sí era una amenaza.

—Una promesa.

La voz de Mara había perdido parte del enfado.

—¿Estás bien? —preguntó Darel.

—No me preguntes eso después de incendiar una rueda de prensa.

—Contesta.

—Estoy cansada. El resultado genético puede llegar en cualquier momento y no consigo que dejen de hablar de tu declaración.

—Cuando llegue, hablarán de otra cosa.

—Eso espero.

Darel bajó la voz.

—He dicho que no permitiría que te nombraran de esa manera porque lo creo.

—Te he oído.

—Y he dicho que después del informe puede existir algo porque también lo creo.

Mara no respondió.

—¿Tú no? —preguntó él.

—No voy a tener esta conversación mientras hay tres abogados esperando fuera de mi despacho.

—Eso no es un no.

—Adiós, Darel.

—Quinn.

—¿Qué?

—Cuando termine, no vas a poder seguir colgándome.

—Puedo hacerlo toda la vida.

La llamada terminó. Darel guardó el teléfono con una sonrisa que Daniel detectó en cuanto regresó al pasillo.

—No te ha matado —dijo.

—Todavía.

Leo recibió un correo. Lo abrió, leyó las primeras líneas y la expresión cambió.

—Ha llegado el análisis preliminar de identidad.

Darel dejó de sonreír.

—¿Y?

Leo alzó la vista.

—La muestra positiva no coincide contigo.

El pasillo se quedó en silencio. Darel apoyó una mano en la pared. Había imaginado ese momento desde que Mara encontró la primera diferencia, pero la confirmación no llegó como una explosión de alegría. Fue una liberación lenta, profunda, una presión que se retiraba de cada parte de su cuerpo.

—¿Coincide con Noah? —preguntó.

—El informe completo se comunicará a las partes, pero sí. La compatibilidad es concluyente.

Daniel lo abrazó primero. Moana se unió después.

Darel cerró los ojos entre las dos personas que habían estado allí desde la llamada de madrugada.

Leo les recordó que el informe era preliminar, que no podían hacerlo público hasta que se notificara a todas las partes y que, si el juez aceptaba la petición de los abogados de Noah, aquel resultado dejaría de existir.

Darel apenas lo escuchó. Se apartó unos pasos, buscó el contacto de su madre y se quedó mirando el nombre.

Había deseado aquella llamada desde la noche del positivo, pero ahora no sabía cómo pronunciar una verdad que ella nunca había puesto en duda.

—¿Darel? —contestó de inmediato.

Él tuvo que aclararse la garganta.

—La muestra no es mía, mamá. El análisis genético lo confirma.

Al otro lado no hubo gritos. Su madre soltó el aire despacio y dijo algo en maorí que él recordaba de los funerales, los nacimientos y las veces en que la familia necesitaba agradecer antes de celebrar. Después lloró. Darel la escuchó intentando disimularlo y apoyó la frente contra la ventana.

—Te dije que no había tomado nada.

—Nunca pensé que lo hubieras hecho.

—Lo sé.

—Entonces ¿por qué suenas sorprendido?

Porque había pasado dos semanas defendiendo su inocencia ante personas que exigían documentos, fechas y cifras. Había olvidado cómo sonaba una confianza que no pedía nada a cambio.

—Voy a casa cuando terminemos aquí.

—Tu hermana ya viene. Y ha comprado comida para veinte.

—Todavía no podemos celebrar.

—No celebraremos el resultado. Celebraremos que esta noche vas a sentarte a la mesa con nosotros. Lo demás llegará cuando tenga que llegar.

Aroha le quitó el teléfono antes de que pudiera responder.

—¿Es verdad?

—Sí.

—Kiri quiere hablar contigo.

La voz de su sobrina llegó un segundo después.

—Te dije que Mara lo encontraría.

Darel sonrió por primera vez desde que Leo abrió el correo.

—También dijiste que debía casarme con ella.

—Eso todavía no ha pasado.

—Tengo algunos problemas antes.

—Siempre dices eso.

Aroha recuperó el teléfono entre protestas.

—Ven cuando puedas. Mamá no va a dejar de cocinar aunque le digas que espere.

Darel prometió hacerlo y terminó la llamada. Daniel y Moana seguían cerca. Ella tenía los brazos cruzados; él parecía preparado para abrir una botella en mitad del pasillo.

—No digáis nada al equipo hasta que Leo lo autorice —pidió Darel.

Moana frunció el ceño.

—Todos están esperando.

—Y Mercer ya ha conseguido que Noah se retracte una vez. Si esto sale ahora, lo intentará de nuevo.

Daniel asintió.

—Eso es lo que diría Quinn.

—Por eso lo digo.

—Estás perdido —murmuró Moana.

Darel no discutió. Mara había encontrado la grieta, había soportado que la llamaran corrupta y seguía trabajando mientras él recibía los abrazos.

Quiso ir hasta su despacho, aunque sabía que la revisión ética y la investigación abierta no le permitían hacerlo.

Se conformó con escribir un mensaje que borró tres veces antes de enviarlo.

«Mi madre dice que vengas a cenar cuando todo esto termine».

Mara tardó menos de un minuto.

«Tu madre no me conoce».

«Confía en ti».

La respuesta tardó más.

«Eso es peor».

Darel guardó el teléfono. Era inocente. No porque él lo afirmara, ni porque Mara lo creyera. Ahora también lo decían las pruebas.