CAPÍTULO 24
NO LA NOMbrES
Darel obedeció a Mara durante un día entero.
Entregó la muestra bucal, permitió que Leo redactara el comunicado y no respondió a ninguno de los periodistas que se agolparon frente a su casa.
Fletcher organizó una rueda de prensa para hablar del primer partido de preparación y dejó claro que no se aceptarían preguntas sobre la investigación.
Daniel se quedó con Darel durante casi toda la tarde, convencido de que en cuanto lo dejara solo saldría a buscar una cámara.
—No voy a hacer nada —repitió Darel.
—Eso dijiste antes de agarrar a Noah por la camiseta.
—No estabas allí.
—Mara se lo contó a Leo y Leo a mí.
—La confidencialidad funciona de maravilla en este equipo.
Daniel estaba sentado en la terraza con una cerveza sin alcohol. Darel caminaba de un lado a otro, mirando cada pocos minutos el teléfono que no podía utilizar para llamar a Mara.
—Ella está bien —dijo Daniel.
—No lo sabes.
—Leo ha hablado con Julian Hart.
Darel se detuvo.
—¿Desde cuándo habla Leo con Hart?
—Desde que su cliente no puede hablar con nadie. Los abogados se entienden entre ellos.
—¿Qué ha dicho?
—Que Quinn sigue con el informe, que la revisión será formal y que lo del campo le va a costar algo.
—¿Costar qué? ¿Que quede escrito que fue a buscar al hombre al que investigaba porque él no contestaba al teléfono?
Daniel bebió un sorbo.
—Eso suena bastante personal.
—Lo es.
—Por fin.
Darel lo miró.
—No empieces.
—Llevas dos semanas mirándola como si fuera el último vaso de agua después de un partido y todavía hablas de «la investigadora». Ya era hora de que admitieras que te importa.
—Nunca he dicho lo contrario.
—Se lo has dicho a todo el mundo menos a ella.
—Ella lo sabe.
—Entonces eres más torpe de lo que parece.
Darel habría respondido, pero el coche de Leo se detuvo en la entrada. El abogado bajó con el teléfono en la mano.
—Tenemos un problema.
Daniel dejó la botella.
—¿Otro?
Leo subió a la terraza y no se sentó. Los abogados de Noah habían retirado su declaración a primera hora.
Alegaban que la había firmado bajo presión, después de que Darel lo acorralara y lo agarrara en el campo, y que la investigadora había construido sus preguntas con lo que el capitán le había sacado por la fuerza.
Pedían que se anulara la autorización genética que se había concedido gracias a aquella declaración.
—Lo agarré de la camiseta —dijo Darel—. Una vez.
—Y lo contaste tú mismo, por escrito. Eso es lo que van a utilizar.
—¿Puede salirles bien? —preguntó Daniel.
—Si el juez anula la autorización, no habrá ADN. Y sin ADN volvemos a una densidad invertida, a un registro que borró una actualización y a un informe firmado por una mujer que sale en todas las portadas con la mano de su investigado en la cara.
Leo le enseñó la noticia que acompañaba la retirada. Un medio afirmaba que Mara había manipulado el informe para convertir a Noah en culpable y salvar a su amante, y que el capitán había intimidado al único testigo. Darel leyó el titular dos veces.
—Voy a la rueda de prensa.
—No —dijeron Daniel y Leo.
—Han nombrado a Mara.
—Precisamente —contestó Daniel—. Si apareces, convertirán cualquier cosa que digas en una confirmación.
—Ya lo han hecho sin que diga nada.
—Estoy preparando otra respuesta —intervino Leo.
—No quiero otra respuesta escrita por un abogado.
Daniel se colocó delante.
—Ahora no eres solo tú. Representas al equipo incluso suspendido. Una reacción puede perjudicar la investigación.
—La investigación ya tiene las pruebas.
—Falta el resultado genético.
—Llegará hoy.
—Entonces espera.
Darel miró hacia el campo que se veía desde la terraza.
Había pasado días esperando: la A, la B, los registros, la autorización, la declaración de Noah.
Mientras tanto, alguien había utilizado el silencio para construir una historia en la que Mara era una mujer incapaz de hacer su trabajo sin acostarse con el deportista famoso.
—No voy a hablar del resultado —decidió—. Voy a hablar de ella.
Daniel cerró los ojos.
—Eso es exactamente lo que no debes hacer.
—¿Tú te habrías quedado callado si hubieran dicho algo así de la mujer que quieres?
La pregunta consiguió que Daniel no respondiera durante unos segundos.
Después lo miró.
—Eres un idiota.
—Y uno con mucho que perder —añadió Leo.
Darel tomó la chaqueta.
—Yo ya he perdido bastante.
La rueda de prensa se celebraba en las instalaciones. Nadie pudo impedir que entrara porque seguía siendo jugador del equipo y la organización no había restringido su acceso. Leo lo alcanzó en el pasillo antes de que apareciera frente a las cámaras.
—No improvises —le advirtió el abogado—. Niega la relación, no hables de Noah y no hables de pruebas confidenciales.
—No voy a mentir.
—No te he pedido que lo hagas.
—Existe algo entre Mara y yo.
Leo lo observó con cansancio.
—¿Una relación?
—Todavía no.
—Entonces no utilices la palabra «algo» delante de periodistas.
Darel entró en la sala antes de que pudiera darle más instrucciones. Los flashes comenzaron de inmediato. Fletcher estaba sentado junto a Tane y Moana, preparado para hablar del partido. Al ver a Darel, apretó la mandíbula, aunque añadió una silla.
—El capitán Akara hará una breve declaración y no responderá a preguntas sobre el expediente —anunció.
Darel se sentó frente a los micrófonos. Durante un instante no dijo nada. Miró las cámaras, las grabadoras y los rostros de quienes llevaban dos semanas utilizando su nombre. Después pensó en Mara sentada en el barro, diciéndole que lo creía, y la rabia se volvió más clara.
—He venido porque esta mañana se ha publicado una información falsa sobre la investigadora Mara Quinn —comenzó—.
No mantengo ni he mantenido una relación con ella durante este procedimiento.
La noche de las fotografías del hotel fui a su habitación para firmar una declaración relacionada con el caso.
Las del campo son de la tarde siguiente: ella me encontró allí después de un día muy malo y fui yo quien le tocó la cara.
No hubo nada íntimo entre nosotros ni una promesa de resultado favorable.
Ella ha contado ante sus superiores todo lo que ocurrió, también lo que no sale en esas imágenes.
Varias manos se levantaron. Darel continuó.
—La investigadora Quinn encontró irregularidades antes de cualquier conversación personal entre nosotros.
Los datos han sido revisados por varias personas y el informe está sometido a supervisión independiente.
Insinuar que ha cambiado pruebas para protegerme no solo es falso.
Es una forma bastante cobarde de desacreditar a una profesional porque no gusta lo que ha descubierto.
Un periodista habló sin esperar turno.
—¿Niega sentirse atraído por ella?
Leo cerró los ojos a un lado de la sala. Darel podría haber repetido que no respondería. Mara querría que lo hiciera. Aun así, una negación absoluta convertiría la verdad entre ellos en otra cosa que debía esconderse.
—Que me parezca una mujer extraordinaria no convierte un registro informático en mentira —contestó—. Ni cambia la densidad de una muestra, ni crea los accesos que alguien realizó con dos credenciales. Lo personal, si alguna vez llega a existir, será después de que termine su trabajo.
La sala estalló en preguntas.
—¿Está diciendo que espera iniciar una relación?
—¿La investigadora conoce sus sentimientos?
—¿Ha influido la atracción en sus declaraciones?
—Noah Cole ha retirado su declaración y dice que usted lo intimidó. ¿Es cierto?
Darel levantó una mano.
—Lo agarré de la camiseta y no debí hacerlo. Lo conté yo mismo esa misma tarde, antes de que nadie me lo preguntara. No voy a decir una palabra más sobre Noah Cole. Es mi compañero, y lo que tenga que explicar lo explicará él.
—Lo que sí digo es que no la nombren para llamarla corrupta cuando las pruebas no les gustan.
Si quieren hablar del investigado, estoy aquí.
Si quieren cuestionar el informe, lean los datos cuando sean públicos.
Y si quieren convertir a una mujer en el problema porque ha descubierto que un sistema pudo ser manipulado, al menos tengan el valor de reconocer lo que están haciendo.
Fletcher le tocó el brazo, señal de que debía terminar.
—No responderé más sobre ella —concluyó Darel—. Tampoco permitiré que utilicen mi silencio para atacarla.
Se levantó. Las preguntas lo acompañaron hasta la puerta. Leo y Daniel lo siguieron. En el pasillo, el abogado se pasó las manos por el rostro.
—Te dije que no improvisaras.
—No he revelado nada confidencial.
—Has anunciado delante del país que quieres una relación con la investigadora.
—He dicho «si alguna vez».
Daniel soltó una carcajada.
—Muy discreto.
Moana salió detrás.
—Mara va a matarte.
Darel sacó el teléfono. Tenía un mensaje de ella. «Llámame. Ahora».
—Lo sabe —dijo.
—Todos lo saben —contestó Leo.
Darel se alejó hacia una sala vacía y cerró la puerta antes de llamar. Mara contestó al instante.
—¿Qué demonios has hecho?
—Decir la verdad.
—Te pedí que no hablaras.
—Han vuelto a llamarte corrupta.
—Y ahora todos los medios repiten que esperas acostarte conmigo cuando firme el informe.
—No he dicho eso.
—Has dicho que lo personal será después de que termine mi trabajo.
—Exacto.
—No era necesario que el país conociera tus planes.
Darel se apoyó en la pared.
—No quería negar que me importas.
Al otro lado hubo un silencio.
—Podías haber defendido el informe sin decirlo.
—Lo intenté. Me preguntaron si me atraías.
—Y la respuesta correcta era «no voy a hablar de eso».
—La respuesta fácil.
—La profesional.
—Yo no soy quien dirige la investigación.
—Eres quien puede hacer que parezca que llevo semanas esperando terminar para lanzarme sobre ti.
—¿Es eso lo que haces?
—No bromees.
—No estoy bromeando.
Mara exhaló con fuerza.
—No sé qué voy a hacer contigo.
—Tengo algunas ideas.
—Darel.
—Lo siento.
La disculpa consiguió que ella se callara.