Juego limpio (Tercer Tiempo 3) CAPÍTULO 17
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CAPÍTULO 17

UNA MUJER DEMASIADO CERCA

Mara no tenía ninguna razón para asistir al entrenamiento abierto de los All Blacks.

La investigación se centraba en el laboratorio, Richard Mercer y la identificación de las muestras.

Priya podía entrevistar al personal médico sobre la recuperación de Noah y Hannah se había encargado de solicitar los registros del control.

Aun así, cuando Moana le informó de que varios jugadores y empleados estarían reunidos en las instalaciones durante un acto con patrocinadores, Mara decidió que era una oportunidad eficiente para completar declaraciones.

No tuvo nada que ver con que Darel estuviera allí.

La suspensión le impedía entrenar con el equipo, pero no asistir a reuniones ni cumplir determinados compromisos mientras no participara en actividades deportivas.

Lo encontró cerca del campo, hablando con Daniel y Tane.

Llevaba un pantalón oscuro y un polo negro con el helecho plateado.

El cabello estaba recogido y las mangas dejaban a la vista los tatuajes de sus brazos.

Darel la vio en cuanto entró. No dejó de hablar ni hizo ningún gesto evidente.

Solo la miró durante un segundo y algo en su expresión cambió, una señal mínima que Mara ya sabía reconocer.

Le gustaba que hubiera ido. Mara fingió no notarlo.

Empezó por entrevistar al preparador que trató la lesión de Noah.

La sobrecarga muscular debía haberlo mantenido fuera entre tres y cuatro semanas.

Volvió a entrenar con intensidad después de doce días y aseguró que había consultado a un especialista privado.

Nadie solicitó el informe porque Noah afirmó que el tratamiento solo incluía fisioterapia.

—¿Te pareció normal? —preguntó Mara.

—Rápido, pero no imposible. Es joven y siempre se recupera bien.

—¿Tomaba algún suplemento nuevo?

—No declaró ninguno.

La respuesta reforzaba la hipótesis sin demostrarla.

Noah podía haber consumido ostarina para acelerar la recuperación y haber dado positivo.

También podía existir otra explicación. Mara anotó los datos y buscó al siguiente entrevistado.

Un movimiento cerca de Darel la distrajo.

Una mujer rubia acababa de abrazarlo. Mara la reconoció después de unos segundos.

Sienna Blake presentaba un programa deportivo de gran audiencia y había trabajado en varias campañas publicitarias con jugadores de rugby.

También había aparecido en fotografías junto a Darel años atrás, antes de que él asumiera la capitanía.

En algunas estaban besándose. No era asunto suyo.

Sienna mantuvo las manos sobre los brazos de Darel mientras hablaba. Él respondió con una sonrisa, inclinándose para escucharla por encima de la música. La presentadora rozó uno de sus tatuajes con los dedos y dijo algo que hizo reír a Tane. Mara cerró la libreta.

—¿Todo bien? —preguntó Priya.

—Sí.

—Has dejado de escribir.

—Estaba pensando.

Priya miró hacia el campo y descubrió enseguida a quién estaba observando.

—Sienna Blake.

—Sé quién es.

—Salió con Akara.

—Eso tampoco me interesa.

—Claro.

Mara le dedicó una mirada.

—¿También utilizas esa palabra de esa manera?

—Se pega.

Se dirigió hacia el personal médico antes de que Priya continuara.

Entrevistó a Moana, confirmó las fechas y revisó las autorizaciones de Noah.

Durante todo el tiempo fue consciente de la risa de Sienna, de lo cerca que permanecía de Darel y de la facilidad con la que él parecía aceptar su contacto.

Cuando terminó, guardó la libreta con más fuerza de la necesaria.

—Quinn.

Darel se había acercado sin que lo oyera. Sienna estaba a su lado.

—Mara, ella es Sienna Blake. Sienna, Mara Quinn dirige la investigación.

La presentadora le tendió la mano.

—Por fin te conozco. Darel habla mucho de ti.

Mara lo miró.

—¿Ah, sí?

Darel no pareció preocupado.

—Lo necesario.

—No existe ninguna razón para que hables de mí.

—Eres la persona que intenta demostrar que no me dopé. Sale en algunas conversaciones.

Sienna sonrió.

—También ha dicho que eres la mujer más obstinada de Nueva Zelanda.

—Eso suena más probable.

—Y que tienes una forma muy particular de enfadarte.

Darel se pasó una mano por la nuca.

—Sienna.

—¿Qué? No he contado nada comprometido.

Mara sintió una irritación absurda. No porque Darel hubiera hablado de ella, sino porque aquella mujer sabía cosas que parecían pertenecer a un espacio privado entre ambos.

—Tengo que seguir trabajando —dijo.

—Ya has terminado las entrevistas —señaló Darel.

—No todas.

—Quinn.

—Puedes continuar con tu reencuentro. No necesito estar presente.

Sienna alzó las cejas. Darel entrecerró los ojos.

—¿Mi reencuentro?

—Parece que tenéis mucho de lo que hablar.

—Nos hemos encontrado en un acto.

—Eso he dicho.

Mara dio un paso, pero Darel se colocó delante sin tocarla.

—Estás celosa.

—Estoy trabajando.

—Claro.

—No utilices esa palabra.

Sienna miró a uno y a otro con creciente diversión.

—Creo que voy a saludar a Daniel.

—Buena idea —dijo Mara.

La presentadora se alejó. Darel cruzó los brazos.

—Ha sido muy discreto.

—No sé de qué hablas.

—Casi la echas del país.

—No me importa con quién hables.

—Entonces mírame y repítelo.

Mara alzó la cabeza.

—No me importa con quién hables.

Darel sonrió.

—Eso no te lo crees ni tú.

—No estoy mintiendo.

—Llevas diez minutos mirando su mano sobre mi brazo.

—Estaba a la vista.

—También había cuarenta personas y no has contado las manos de ninguna.

Mara sintió que el rubor volvía a traicionarla.

—No tienes derecho a disfrutar de esto.

—Tú disfrutaste bastante cuando yo estaba celoso de Julian.

—No disfruté.

—Te reíste.

—Porque dijiste que su apretón era débil.

—Lo era.

Darel se acercó un poco más.

—Sienna y yo salimos durante unos meses hace siete años. No funcionó y ahora somos amigos.

—No te he preguntado.

—No. Solo has intentado congelarla con la cara.

—Mi expresión es asunto mío.

—Y me encanta.

Mara miró alrededor. Había cámaras, empleados y jugadores cerca.

—No hagas esto aquí.

—No estoy haciendo nada.

—Precisamente. Consigues que parezca que sí sin tocarme.

La sonrisa de Darel desapareció poco a poco.

—¿Preferirías que te tocara?

Mara apretó la libreta contra el cuerpo.

—Preferiría que recordaras dónde estamos.

—Lo recuerdo cada segundo.

—No lo parece.

—Por eso no te he besado.

La voz era tan baja que nadie más podía escucharlo. Mara desvió la atención hacia el campo. Varios jugadores practicaban lanzamientos para las cámaras. Noah estaba con ellos. Se movía sin ninguna señal de la lesión que había sufrido semanas antes.

—Noah parece completamente recuperado —dijo para cambiar de tema.

Darel miró hacia Noah.

—Sí.

—¿Lo estaba cuando lo controlaron?

—Entrenó con normalidad, aunque después se puso hielo.

—El fisioterapeuta esperaba que necesitara otras dos semanas.

—Me lo ha dicho Moana.

—¿Y no te resulta extraño?

—Ahora sí.

Mara percibió el esfuerzo que le costaba admitirlo. Darel no quería sospechar de un compañero, aunque ya no intentaba protegerlo de las preguntas.

—Necesito hablar con él otra vez —dijo.

—Hazlo.

—No vas a intervenir.

—No.

Mara lo miró con sorpresa.

—¿Ya está?

—Me pediste que confiara en tu trabajo.

—No exactamente.

—Es lo que voy a hacer.

Darel volvió la atención hacia ella.

—Y tú vas a dejar de castigarme por una mujer que me abrazó.

—No te he castigado.

—Te ibas sin despedirte.

—Eso no es un castigo.

—Para mí sí.

Mara notó la sinceridad bajo la broma.

—Tengo que irme —dijo con menos dureza.

—Te acompaño a la salida.

—Puedo encontrarla.

—Ya lo sé.

Caminaron juntos por el pasillo. Darel mantuvo una distancia prudente y no volvió a mencionar a Sienna. Al llegar a la puerta, Mara se detuvo.

—No estaba celosa.

—Por supuesto.

—Solo me ha molestado que supiera cosas sobre mí.

Darel asintió.

—No volveré a hablarle de ti.

La respuesta debería haberla tranquilizado. En cambio, la idea de desaparecer de sus conversaciones le produjo una decepción ridícula.

—No he dicho eso.

—Entonces ¿qué has dicho?

Mara abrió la puerta.

—Que no le cuentes cómo me enfado.

Darel sonrió.

—Eso va a ser difícil de explicar sin hacer una demostración.

—Buenas tardes, Akara.

—Buenas tardes, Quinn.

Sienna apareció al final del pasillo antes de que Mara alcanzara la puerta exterior.

—¿Puedo robarte un minuto?

Darel miró a Mara.

—No necesito que te quedes —dijo ella.

—Eso ha sonado otra vez a expulsión.

—Ve con Daniel.

Él se alejó con una última mirada hacia Sienna, que esperó hasta que estuvo fuera de alcance.

—No pretendía incomodarte —dijo la presentadora.

—No lo has hecho.

Sienna sonrió con una paciencia que dejó claro que no la creía.

—Darel y yo terminamos hace muchos años. Nos llevamos bien porque nunca estuvimos enamorados.

—No tienes que explicarme vuestra relación.

—Tampoco tú tenías que mirarme como si estuviera contaminando una escena del crimen.

Mara apretó los labios para no reír.

—Ha sido poco profesional.

—Ha sido humano. Y bastante divertido.

—Para ti.

—Para él también. No lo había visto así por una mujer desde que lo conozco.

Mara se quedó inmóvil.

—No deberías contarme cosas sobre él.

—No te estoy revelando un secreto. Es visible desde la otra punta del campo. Darel no suele perseguir a nadie. Las personas se acercan y él decide si se queda. Contigo lleva semanas encontrando motivos para cruzar una habitación.

—Estamos dentro de una investigación.

—Sí. Por eso no ha hecho lo que quiere.

Sienna se ajustó la correa del bolso.

—Solo te digo una cosa: no confundas que sepa esperar con que no esté completamente decidido.

—¿Y tú cómo sabes qué quiere?

—Porque hace siete años me miraba a mí y nunca perdió el hilo de una conversación. Hoy ha olvidado dos veces lo que estaba diciendo cuando has entrado.

Mara no supo qué responder. Sienna se despidió con una sonrisa y caminó hacia el salón. Antes de desaparecer, se volvió.

—Y, por cierto, te queda mejor cómo te mira que cómo me miraba a mí.

Aquella frase no ayudó en absoluto a recuperar la calma. Mara salió al aparcamiento sin volver la cabeza. Consiguió llegar al coche antes de admitir que no le había molestado que Sienna conociera detalles sobre ella. Le había molestado que una mujer que ya había besado a Darel los conociera.