Juego limpio (Tercer Tiempo 3) CAPÍTULO 6 #2
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CAPÍTULO 6 #2

Mara se quedó inmóvil. Él tampoco pareció haber planeado decirlo. Durante un instante, la seguridad desapareció de su rostro y fue sustituida por una sorpresa que hizo la confesión mucho más peligrosa.

—No vuelvas a decirme algo así mientras te estoy investigando —advirtió Mara.

—No era una estrategia.

—Me da igual lo que fuera.

—A mí no.

Darel se acercó un paso. No lo suficiente para tocarla, sí para que Mara recordara la textura de su piel bajo los dedos.

—No voy a hacer nada que perjudique tu trabajo —dijo—. Tampoco voy a fingir que no ocurre.

—No ocurre nada.

—Entonces no debería molestarte que lo mencione.

—Me molesta que intentes convertir esto en un juego.

La expresión de Darel se endureció.

—No estoy jugando, Quinn. Hace un año te vi marcharte y pasé demasiado tiempo preguntándome qué habría sucedido si aquel ascensor hubiera tardado un minuto más.

Ahora estás aquí, entras en mi casa, me tocas y vuelves a mirarme como entonces.

Puedes llamarlo investigación todas las veces que quieras. Yo no voy a mentirme.

Mara notó el pulso en la garganta. Quería responder con una frase que terminara la conversación y recuperara la distancia, aunque ninguna parecía suficiente.

—Pues aprende a callarte —dijo al final.

Darel abrió la puerta del gimnasio.

—Ya comprobaste que no se me da bien.

Mara lo dejó salir primero. Esperó varios segundos antes de seguirlo y agradeció que el pasillo estuviera lleno de personas.

Necesitaba testigos, paredes y cualquier cosa que le recordara dónde estaba.

A las diez, Mara entró en la sala de entrevistas con la sensación de que la piel aún conservaba el calor del cuerpo de Darel.

Noah Cole ya estaba sentado junto a su representante.

Había cambiado la ropa de entrenamiento por una sudadera azul y movía una pierna bajo la mesa con una impaciencia que intentó detener en cuanto ella encendió la grabación.

—Esta entrevista no implica que estés siendo investigado por una infracción —aclaró Mara—. Necesito reconstruir el control y la remesa en la que viajaron las muestras.

—Ya lo expliqué ayer.

—Hoy voy a hacer preguntas distintas.

Noah asintió. Mara empezó por los horarios.

El joven recordaba haber terminado la sesión antes que Darel, beber una botella de agua y producir la muestra sin dificultad.

Confirmó que ambos esperaron en la misma sala, que sus formularios estuvieron sobre la mesa y que habló por teléfono mientras Darel continuaba hidratándose.

—¿A quién llamaste?

—A una persona de mi familia.

—Nombre.

La pierna volvió a moverse.

—No tiene relación con el equipo.

—Eso lo decidiré cuando sepa quién es.

El representante intervino.

—La llamada era privada y no existe motivo para identificar al receptor.

Mara no insistió todavía.

—¿Comentaste que te habían hecho un control?

—Sí.

—¿Mencionaste el código de tu muestra?

Noah se quedó quieto.

—No recuerdo.

—¿Enviaste una fotografía del formulario?

—No.

La respuesta llegó demasiado deprisa. Mara tomó nota.

—¿Habías utilizado algún suplemento o tratamiento fuera de los proporcionados por el equipo?

—No.

—¿Y para la lesión del muslo?

—Fisioterapia.

—Regresaste antes de la fecha prevista.

—Me recuperé bien.

—¿Quién te trató?

—El personal del equipo.

Mara sabía que no era exacto. Había una cita con un especialista privado en el calendario que habían recuperado del teléfono corporativo de Noah.

—¿No acudiste a una clínica externa?

El joven miró a su representante.

—Una vez. Para una segunda opinión.

—¿Te facilitaron algún producto?

—No.

Mara observó sus manos. Noah había cerrado los dedos alrededor del borde de la silla.

—Darel considera que tienes talento para llegar muy lejos.

La afirmación lo sorprendió.

—No lo parece.

—¿Por qué?

—Porque se aseguró de que no entrara en el grupo de liderazgo.

—También considera que todavía juegas para destacar tú, no para facilitar el trabajo del equipo.

Noah soltó una risa amarga.

—Eso es lo que dice porque sabe que puedo ser mejor.

—¿Te lo ha dicho él?

—No necesita hacerlo.

—Entonces es tu interpretación.

—Es la verdad.

Mara no discutió. Había escuchado la misma seguridad en personas que convertían cada límite en una conspiración.

—¿Se lo cuentas a la persona de tu familia a la que llamaste?

Noah volvió a quedarse inmóvil.

—A veces.

—¿Comparte esa opinión?

—Sí.

—¿Quién es?

El representante pidió terminar aquella línea de preguntas.

Mara aceptó por el momento. Cerró la entrevista después de confirmar el código, la hora y el transporte.

Cuando Noah salió, dejó sobre la mesa un vaso de agua casi lleno.

Mara observó el círculo húmedo que había formado y revisó una vez más sus respuestas.

Había mentido sobre la clínica, probablemente sobre la fotografía y, sin duda, sobre la importancia de aquella llamada.

Todavía no sabía por qué. Darel no se equivocaba en una cosa: Noah era un muchacho enfadado, no un criminal evidente.

Eso podía convertirlo en inocente o en la persona ideal para que alguien aprovechara su resentimiento.

El problema era que Mara llevaba un año deseando que Darel se equivocara en algo, y empezaba a temer que no fuera a ocurrir.