Capítulo 15
Odiaba los nervios
Las manos le sudaban, ahora se arrepentía de haberle hecho caso a Laura, en todo. Odiaba los nervios, odiaba la ropa que llevaba y odiaba sus fuertes piernas descubiertas. Debería estar acostumbrada, ya que el pantalón de la equipación era corto también, pero con esa falda se sentía extraña.
Se miró de nuevo en uno de los espejos que había en el pasillo de entrada a plató.
La falda negra le llegaba a media pierna y la blusa que llevaba era ajustada y se ceñía a su busto.
Lo único bueno era que la falda tenía bolsillos y era amplia, algo que agradecía, porque se sentía más cómoda con las manos dentro de ellos.
Una tontería, lo sabía. Pero así eran las cosas.
Le habían dejado la larga melena suelta y habían hecho algunas ondas que le daban más volumen. Además, su pelo brillaba como nunca y olía de una manera única. Tendría que preguntar qué era lo que habían usado.
El maquillaje era sencillo, apenas parecía que llevara y, sin embargo, ese poco resaltaba sus ojos azules y sus labios llenos.
—Señorita De Vera —la llamó una voz de mujer—. Acompáñeme, está a punto de comenzar todo.
Adriana se colocó en la marca que la mujer le dijo y desde allí observó todo a su alrededor. El plató era más pequeño de lo que parecía por televisión y había también menos espectadores, eso la hizo respirar con un poco más de sosiego, aunque no dejó de llevarse las manos al estómago, nerviosa.
Una voz masculina la obligó a dirigir la mirada hacia el plató de nuevo.
—En tres, dos, uno… ¡En el aire!
—Buenas noches y bienvenidos a Entrevista a…
—comenzó la voz en off la apertura del programa—.
Una nueva semana, estamos aquí para conocer más a fondo al invitado de hoy.
¿Qué sorpresa le tendremos reservada a nuestra querida presentadora?
¿A quién tendrá el placer de poner contra las cuerdas esta noche?
En breve, tras treinta segundos de publicidad, lo averiguaremos. ¿Listos?
Los asistentes comenzaron a aplaudir y la chica que la había maquillado entró para retocar a la presentadora. La misma mujer que la había colocado en la marca se acercó de nuevo y le dio indicaciones.
—Ahora, cuando la voz en off vuelva, las luces se apagarán por completo y será el momento en que tome asiento. ¿De acuerdo? —preguntó.
Adriana asintió para que supiera que lo había pillado, aunque pareciera que no.
—Genial, no esté nerviosa. Todo irá sobre ruedas, nuestra presentadora tiene muchas tablas.
—Eso espero —susurró justo a la vez que la mujer la guiaba por la cintura para que ocupara su sillón.
—Después de esta pequeña pausa publicitaria, está todo listo para que nuestra presentadora conozca a nuestro invitado sorpresa de esta noche —prosiguió la voz en off .
Adriana caminó despacio, no quería tropezar, aunque unas pequeñas luces en el suelo que le recordaron a las de los cines ayudaban en su camino.
Se sentó en el sillón y colocó las manos en los reposabrazos—.
Así que, en tres, dos, uno, comienza Entrevista a…
Y, tras esas palabras, llegó la magia. Las luces iban ganando fuerza, todos permanecían en silencio y su sillón comenzó a girar.
Lo había visto muchas veces, sabía que el asiento de Yasnaia giraría a su vez y que, cuando estuvieran cara a cara, las luces habrían alcanzado la intensidad adecuada y la presentadora descubriría que su invitada era ella.
¿Por qué le palpitaba tanto el corazón? Con disimulo, metió las manos en los bolsillos un momento, el tiempo justo para secarse el sudor que se había concentrado en la palma de sus manos.
El estallido de aplausos la pilló desprevenida, ¿era por ella? No, no podía ser, no era tan conocida ni tan importante. Pero ahí estaban, la luz seguía iluminando más y los aplausos no hacían más que crecer. Su respiración se aceleró: expectante.
Ya casi estaban cara a cara, nunca se le había hecho tan larga una espera. El griterío del publico se sintió con más fuerza y, cuando creyó que no iba a soportar la presión en su pecho, que amenazaba con hacerla reventar como una olla a presión, se encontró frente a ella.
—Buenas noches, Adriana, ¡qué sorpresa tan agradable tenerte aquí! —exclamó de manera efusiva Yasnaia.
Lo cierto era que habían pillado a Yasnaia con la guardia baja, si no hubiera sido porque la conoció de casualidad en el tercer tiempo del partido amistoso, no habría sabido quién era.
Ahora se alegraba de su naturaleza curiosa, que la obligó a buscar información sobre la mujer que tenía frente a ella y, además, le debía una a su marido, que le había comentado que estaba nominada como mejor árbitra.
Por esta vez, iba a escapar por los pelos.
—Muchas gracias, Yasnaia, para mí también lo es.
—Bueno, nuestra invitada de esta noche es Adriana de Vera.
Granadina, jugadora de rugby femenino y primera mujer en llegar a arbitrar partidos internacionales en categoría masculina.
Además, hace unos días la nominaron para optar al premio como mejor árbitra.
Una mujer que rompe reglas, que no se rinde y que no deja que un «no» la detenga.
Un ejemplo para todas —terminó la presentación.
—La verdad es que me halagas. Diciéndolo así parece que he logrado algo muy importante —comentó, nerviosa.
—Y lo has logrado. Ser la primera mujer que consigue arbitrar en la categoría masculina máxima y, además, en partidos internacionales es algo que pasará a los anales de la historia. Cuéntanos, ¿ha sido muy complicado abrirte paso en ese mundo gobernado casi en su totalidad por hombres?
—Bueno, lo cierto es que no ha sido fácil, aunque quiero puntualizar que nunca lo es.
Da igual el género. O la profesión. O el deporte.
Llegar arriba siempre requiere esfuerzo, tesón, dedicación y sacrificio.
Por eso supongo que no lo veo como algo excepcional, tengo el mismo mérito que mis compañeros, ya que las pruebas son las mismas para todos, con independencia del sexo o de la altura —añadió.
—Cierto. Llegar a la cima es duro. ¿Cómo empezó todo? Porque creo que también fuiste jugadora, ¿cierto?
—Sí, lo fui. Pues fue todo un cúmulo de casualidades.
Estuve el primer año de universidad con una beca Erasmus en Edimburgo y allí vi por primera vez un partido de rugby ; aunque me impresionó, fue una experiencia más.
Pero al volver, una tarde, mi amiga Laura, una gran jugadora, me hizo acompañarla a uno de sus entrenamientos y, antes de darme cuenta, estaba disfrutando como nunca y…
me enamoré de este deporte. A partir de ahí seguí con mi carrera como jugadora, luego comencé a arbitrar partidos infantiles, compaginándolo con los entrenamientos y mis propios partidos y al final me llegó la oportunidad de continuar mi carrera en el rugby arbitrando y acepté.
—Se podría decir que no tuviste un comienzo normal, ¿no?
—La verdad es que no —rio—. Creo que no es corriente empezar a practicar un deporte con diecinueve años y llegar a competir, aunque en mi caso fue así.
Durante los años de universidad, mis compañeros, el campo de juego, mi entrenador…
se convirtieron en mi segunda familia, en mi segundo hogar.
Si he logrado todo esto, es gracias, en parte, a todos los que han apostado por mí estos años, a los que han confiado, a los que me han animado y a los que me han acompañado.
Incluso he de agradecerles a esos pocos que me han puesto la zancadilla, porque me hacían caer, pero me levantaba más fuerte.
Más convencida. Con más ganas de arrasar.
Y sucedió algo inesperado, Yasnaia no pudo evitar emocionarse y, en cierta manera, sentirse identificada con esa mujer fuerte y segura de sí misma que tenía frente a ella.
Se levantó y aplaudió, emocionada. Mismo sentimiento que se había extendido a las personas que veían el programa en directo y que la imitaron.
Todo el plató estaba de pie y la ovación la emocionó.
Se levantó y se inclinó a modo de agradecimiento.
No se lo esperaba para nada, pero tener un reconocimiento a su trabajo, dedicación y esfuerzo como ese fue algo mágico.
—Creo que nuestra invitada de hoy es un ejemplo a seguir —susurró la periodista, secándose una lágrima—. Bueno, cambiemos de este tema tan emocional a uno más… controvertido. Hay un vídeo que se hizo viral hace unas semanas y que me gustaría que todos viéramos —informó.
Tragó saliva, sabía a qué vídeo se refería y estaba segura de que no era, precisamente, ninguno de ella jugando, sino en el que Buchanan se arrodillaba frente a ella. ¡Maldito Kenneth!
—Por tu expresión, adivino que ya sabes de qué se trata… —incidió Yasnaia.
—Lo puedo imaginar —contestó con una sonrisa fingida. Estaba nerviosa y algo molesta, ¿por qué debían poner ese vídeo en concreto?
—Hace un par de semanas tuvo lugar un encuentro amistoso entre la selección española de rugby , que, como sabéis, entrena mi marido, y los Lions. Para sorpresa de todos, la árbitra era Adriana y sucedió esto —comentó.
Y en ese instante la imagen, congelada hasta el momento, cobró vida y Adriana vio cómo Kenneth se acercaba a ella, cómo se arrodillaba y cómo lo rechazaba.
¡Dios! El público estaba como loco. Gritaba, se emocionaba, aplaudía y hasta suspiraba.
También hubo alguna que otra que murmuró algo así como «qué suerte tiene» y alguna más que se indignó porque el capitán había sido rechazado.
—Lo cierto es que después de este vídeo pensé que el entrevistado podría ser Buchanan, aunque me alegra tenerte aquí.
Cuéntanos, ¿qué sucedió? ¿Es cierto que, como dicen los rumores, se te declaró?
¿Cuál fue tu respuesta? ¿Te ha molestado que se haya convertido en viral?
Ha tenido más de cuatro millones de reproducciones; todo un logro.
—Sí, bueno —tragó saliva para que la bola de nervios que apretaba su garganta bajara—, para mi sorpresa, el vídeo se hizo viral.
No, no se me declaró, ¡ojalá! —soltó para su propia sorpresa, ¿estaba loca?
¿Había dicho eso en directo? ¡La madre que …
!—. Y el regalo que me ofrecía lo rechacé porque no es ético aceptar regalos de ningún jugador, por muy guapo que sea ese jugador —añadió más leña al fuego.
Las mujeres del público estaban como locas, aplaudían y no dejan de murmurar halagos hacia Kenneth, dándole la razón en todo lo que contaba y conformes con la explicación que daba.
—Y fue una decisión acertada, así nadie podrá decir que te compró con joyas —bromeó.
—O tal vez la joya no era lo suficientemente grande ni brillante —bromeó a su vez Adriana.
—Creo que Kenneth no está acostumbrado a los rechazos, algo me dice que se metió bajo la falda de su madre… —comentó Yas, divertida.
—No lo necesita, se habrá puesto la suya —bromeó a su vez haciendo alusión al kilt escocés.
Eso logró que los allí presentes estallaran en carcajadas, al menos había capeado bien el tema del vídeo. Sabía que iba a darle más de un quebradero de cabeza.
—Lo cierto —continuó— es que Kenneth y yo somos viejos conocidos.
Como he indicado al principio del programa, estudié un año en Edimburgo y nos conocimos allí. Todo fue una broma que…, bueno, ha recorrido medio mundo.
—Así que sois viejos conocidos y todo fue una broma. Lástima, me hubiera gustado que el capitán de los Lions hubiese encontrado a la mujer perfecta para él —confesó Yasnaia en un arranque de sinceridad del que se arrepintió enseguida.
—¡Estoy aquí! —gritó una voz entre el público.
Yasnaia y Adriana miraron hacia las gradas en busca de la joven que lo había dicho con una gran sonrisa en la cara. La entrevista estaba resultando ser de lo más amena y divertida.
—Sí, estoy segura de que candidatas no le faltan —agregó.
—Desde luego podrías haber recibido una petición peor, Buchanan está entre los tops de los tops, no solo por su calidad como deportista, también por su atractivo indudable —añadió a la vez que en la pantalla tras ellas aparecían imágenes de Kenneth en varias poses y en todas ellas su maldita mirada verde destacaba, haciendo que su pecho latiera a mil—.
Adriana, para terminar, ¿cuál es tu sueño sin cumplir?
¿Qué deseas conseguir en tu carrera que no se haya materializado todavía?
—Fácil, pitar como árbitra principal la final de la Copa Mundial de Rugby. Esa es mi máxima, es por lo que he trabajado tanto. Sería un sueño hecho realidad.
«Ojalá». La maldita palabra había dado vueltas por su cabeza todo el puto día.
«Ojalá». Rebobinó de nuevo el programa para estar seguro.
¿Sabría que la estaría viendo? ¿Era una indirecta o había sido solo cosa del momento?
No tenía ni idea, de lo que estaba seguro era de que se iba a volver loco dándole vueltas a la cabeza.
Las había visto juntas, al principio con algo de miedo porque una cosa era ver a Yas con su marido, frente al que tenía que guardar la compostura, y otra muy diferente admirarla desde la seguridad que le brindaba la pantalla del televisor.
Por supuesto que nunca se perdía el programa de la española, era de lo poco que veía en español.
Y lo cierto era que lo había sorprendido que, a pesar de estar las dos, a pesar de poder observar a Yas a su antojo, sus ojos no se habían desviado de Adriana ni un segundo: ella era la que ahora ocupaba su mente.
Ahora, por fin, podía decir que lo que sintió por Yasnaia años atrás había quedado reducido a una simple amistad, sin más.
Dudaba sobre lo que hacer, no sabía si llamarla o si coger un avión y plantarse allí.
No, no podía ser tan impetuoso, de todas formas, en unos días la tendría en Londres, en la gala de premios, y él estaba invitado.
De hecho, algo que ella no sabía porque no se había desvelado el programa, era que él daría el premio al ganador de esa categoría y, con un poco de suerte, se lo llevaría ella.
Y la tendría esa noche, no la dejaría escapar.
Había soñado con ella cada maldita noche desde que la volvió a ver, desde que la volvió a tener, desde que todos sus recuerdos, entumecidos por el paso del tiempo, despertaron con fuerza.
Y es que estar entre las piernas de esa mujer era un glorioso infierno.
Tomó el móvil, miró el WhatsApp y se dio cuenta de que aparecía en línea, así que tecleó: