Juego Duro (Tercer Tiempo 2) Capítulo 14
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Capítulo 14

¡Dios!

Adriana se levantó con dolor de cabeza. Parpadeó para enfocar bien lo que había a su alrededor y se dio cuenta de que se había ido a la cama con la ropa puesta.

Los pies le pesaban mucho y no podía moverlos, se incorporó para ver qué era lo que le sucedía cuando se encontró con su amiga, Laura, tirada a lo largo en los pies de la cama, sobre sus piernas.

—Lauuu —la llamó—. Laura —insistió, moviendo lo que pudo las piernas—. ¡Laura! —gritó esta vez, y eso logró que su amiga gruñera, se girara para cambiar de postura y cayera al suelo.

—¡Joder! —La escuchó gritar desde el suelo—. ¿Qué coño ha pasado?

—Te has dormido sobre mis piernas, llama a un médico, creo que me las van a tener que cortar. ¡Dios! No tengo sangre en ellas —se quejó, tratando de que la sangre volviera a circular por ellas dando palmadas en sus pantorrillas.

—¿Me quedé dormida aquí?

—Nooo, ¿por qué lo dices?

—Menuda hostia he dado. ¿O me has empujado tú?

—¿Yo? Para nada, has sido tú sola —afirmó, tratando de ponerse de pie.

Laura hizo lo mismo y se levantó, se estiró porque le dolían todos los músculos del cuerpo.

—¿Qué diablos sucedió anoche? —interrogó.

—No recuerdo nada después de sacar el tequila.

—Joder, todo me da vueltas. Veo estrellas y eso que ya ha salido el sol.

Tu teléfono —la avisó.

—¿Qué?

—Que tu teléfono está sonando.

—Voy. ¿Quién será? Es un número de teléfono raro… —murmuró, enseñándole la pantalla a su amiga.

—Ese teléfono es inglés. Estoy segura. Lo recuerdo.

—¿Será él?

—Ojalá sea él —dijo Laura con los dedos cruzados.

Adriana descolgó con el pecho latiendo como loco, parecía que tenía dentro en vez de un corazón un tambor o un tractor. ¿Sería él? Estaba tan nerviosa ante la posibilidad…

—¿Sí? —contestó en español hasta que la voz al otro lado sonó en inglés y cambió de idioma.

Laura esperaba mordiéndose la uña del pulgar mientras su amiga paseaba teléfono en mano de un lado a otro, describiendo círculos sin parar hasta que colgó al cabo de varios minutos.

Adriana miró a su amiga con los ojos abiertos como platos y el rostro lívido.

—¡Joder, Adri! Di algo, que tienes una cara que me está acojonando.

—Acaban de informarme de que … —se interrumpió y se sentó en el filo de la cama—, espera. Necesito sentarme.

—¿Ha pasado algo grave? Me estás asustando —dijo en tono serio.

—No, no, para nada. Es solo que no me lo esperaba.

—¿El qué, Adri? ¿El qué? Me va a dar un tabardillo.

—Me han nominado a la mejor árbitra de rugby de la temporada —soltó, y en ese instante se materializó en su mente.

—¿¡Qué coño!? ¿Es en serio? —gritó.

Adriana asintió con la cabeza sin poder hacer nada más, estaba emocionada y sin palabras, algo que pocas veces le ocurría.

—¡Eso es la bomba! ¡Adriana! ¿Te das cuenta? Valoran tu trabajo como árbitra. ¿Sabes quiénes son los otros árbitros?

—No, no lo sé —confesó—, solo me han dicho que estoy nominada y que me enviarán una invitación por mail con los datos de la ceremonia.

—¿Dónde se va a celebrar?

—En London, of course .

—¡Capitán! ¡Capitán! —lo llamaba con insistencia Izan. Pero él no quería saber nada que no fuera de la pinta que tenía delante.

—¿Qué pasa, Izan? ¿Por qué tienes que gritar tanto?

—Porque la árbitra está en la televisión y te lo estás perdiendo —explicó a toda prisa.

«¿La árbitra? ¿Adriana?», resonó en su cabeza. Esa que giró de mala gana hasta la pantalla. Y la vio. Sí, era ella.

—¿Ha sido nominada? —susurró.

—Sí, capitán, como mejor árbitra. Y la ceremonia será aquí, en Londres.

Iremos, ¿verdad?

—Hay que tener invitación para ir, Izan, no es que sea algo para todo el mundo.

—Pero nosotros no somos todo el mundo, somos los Lions. Si hay un evento así aquí, tenemos que estar sí o sí.

Su teléfono vibró en el bolsillo y lo sacó para ver quién era. Yas. Era Yas.

Kenneth miró la pantalla, era raro, porque, aunque los demás pensaran que mentía, era una realidad: hacía mucho que había dejado de tener sentimientos por Yasnaia que no fueran de amistad.

No lo veía tan raro, no era el primer caso ni sería el último, igual que de una amistad se podía pasar a algo más, de algo más se podía pasar a una amistad y ahora la mujer que ocupaba su mente desde que regresó de ese maldito partido amistoso no era otra que Adriana.

La misma que no contestaba sus mensajes y que rechazaba sus llamadas.

Contestó antes de bloquear el teléfono. Iba a guardarlo de nuevo en el bolsillo cuando lo desbloqueó y tecleó a toda prisa.

Envió el mensaje y se quedó mirando la pantalla durante un largo rato. Lo cierto era que estaba jodido porque no le había contestado ni uno solo de los mensajes. Y porque lo había juzgado sin preguntar. Aunque, para ser honestos, él hubiera estado molesto en su lugar.

¿Cómo podía haber pensado que iba a contar algo sobre lo que había sucedido esa noche?

¿Acaso solo para él había sido… diferente?

Y, ahora, todo empeoraría. Sabía que se verían una y otra vez, era irremediable y no estaba seguro de tener el temple suficiente para contemplarla solo desde lejos.

Esa mujer tenía algo que no había encontrado en ninguna otra y, aunque no tenía claro qué era, deseaba averiguarlo.

La pantalla vibró tras un tiempo y, al mirar, vio que le había contestado con un escueto «gracias» que le supo a poco. Aun así, sonrió, la noche que habían pasado juntos estaba fresca en su mente y, si algo le había quedado claro cuando se despertó por la mañana, era que no había tenido bastante.

Quería más y ahora no era un jovenzuelo con un sueño por cumplir, ahora era un hombre y había estado con tantas mujeres como para saber cuál era la indicada.

Se arrepentía, vaya si se arrepentía. Se había prometido no contestar a sus mensajes, pero al final había caído.

Se paseó hasta la terraza, sopesando lo que podría suceder si entablaba una relación más continua con él, aunque fuera a través de WhatsApp.

Lo cierto era que se imaginaba, sin ningún esfuerzo, teniendo sexo telefónico con él.

Tal vez, por estar perdida en esos pensamientos, se sobresaltó tanto cuando el móvil vibró en sus manos. Miró la pantalla y un número larguísimo, sin duda de una centralita, ocupó toda la pantalla.

Dudó, no sabía si descolgar o no, la verdad era que no tenía ningunas ganas de aguantar a ningún vendedor telefónico, pero la duda de saber si era algo relacionado con el premio la obligó a cogerlo.

—¿Sí? —dijo al descolgar.

—¿Señorita Adriana de Vera? —preguntó una suave voz femenina al otro lado.

—Sí, soy yo.

—Encantada de saludarla y disculpe las horas, soy Blanca Ordóñez, una de las redactoras del programa Entrevista a… , conducido por la periodista Yasnaia Lira, ¿lo conoce?

Claro, claro que lo conocía.

—Sí, por supuesto que lo conozco.

—El motivo de mi llamada es saber si estaría interesada en acudir al programa para una entrevista. Tras la noticia de su nominación como mejor árbitra de rugby en la máxima categoría masculina, hemos pensado que sería una gran idea que acudiera al programa; estaríamos encantados de que asista.

—Vaya, me pilla por sorpresa, la verdad. ¿Puedo preguntar cuándo sería?

—Sí, sería justo la semana antes de los premios.

—Está bien, ¿le importaría darme un par de días para pensarlo? —interrogó, confusa.

Para nada se hubiera esperado una invitación a un programa con tanto éxito como ese. ¿Sería cosa de Yasnaia?

—Por supuesto, solo déjeme recordarle que la magia de nuestro programa es que la presentadora nunca sabe a quién va a entrevistar, de elegir a los candidatos nos encargamos nosotros, así que, por favor, no haga pública la información. Tanto si decide aceptar como si no.

—Por supuesto, no se preocupe por eso, Blanca, es solo que me ha pillado totalmente por sorpresa.

—Lo entiendo, en un par de días la volveré a contactar.

—Gracias. Hasta entonces.

Adriana colgó la llamada y miró el móvil con incredulidad, como si este guardara los secretos del universo.

La invitación la había cogido por sorpresa y ahora solo podía pensar en si acudir a ese plató era buena idea.

En realidad, no era que tuviera nada en contra de la presentadora, a decir verdad, apenas la conocía; sin embargo, saber que Kenneth había estado loco por ella… no la agradaba demasiado.

La semana antes de los premios…, eso era en nada. Buscó la aplicación del calendario en el móvil y miró la fecha, al contar los días, se dio cuenta de que sería en diez días. No sabía qué hacer, la verdad era que sería muy bueno para el rugby y eso era lo más importante.