Juego Duro (Tercer Tiempo 2) Capítulo 13
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Capítulo 13

Un par de cervezas

Adriana salió de la cocina con un par de cervezas.

A la suya apenas le quedaba y sabía que iba a necesitar un buen extra para conciliar el sueño esa noche.

Al menos tenía a Laura, con ella se desahogaría y liberaría un poco de la presión que sentía en el pecho y que amenazaba con explotar de un momento a otro.

Al llegar a la terraza, fijó la vista en Laura: eran amigas desde hacía tanto que no necesitaban hablar la mayoría de las veces para comprenderse.

Se sentían cómodas la una con la otra y, desde luego, la complicidad entre ellas era evidente.

Solo una mirada era suficiente para saber qué pensaba la otra.

Y eso la jodía porque era algo que solo sentía con ella y con…

Kenneth. El problema era que al capitán apenas lo conocía y tener ese mismo sentimiento la descuadraba.

—Ven, siéntate a mi lado y empieza a contármelo todo. Pero todo todo.

No te dejes ni una coma.

—La verdad, Laura, no sé por dónde empezar.

—Pues por el principio, no hay otra. ¿Sabías que los Lions eran el equipo contrario?

—No, fue toda una sorpresa verlo allí. Quiero decir, sí lo supe después, pero no cuando acepté. Y, la verdad, pensé que estaba preparada para verlo cara a cara de nuevo, pero no fue así. Me temblaba todo, Lau.

—Lógico, has estado enamorada de él desde siempre.

—No estoy enamorada.

—Bueno, encoñada, me da igual.

—¿Encoñada? No —bufó, rotunda.

—«No ni ná»3 —se mofó su amiga—. Babeas cada vez que lo ves jugar en un partido y, créeme, he visto muchas babas gracias a ti.

—Eres idiota —masculló.

—¿Por decir la verdad? Sí, lo soy. Vamos, Adri, llevas colada por él desde que estuvimos en Edimburgo. No lo niegues. Siempre lo has vendido como un polvo de una noche que se alargó algo más, pero no es verdad. Ese chico no fue como otros…

—Da igual, de todas formas, no tenemos futuro. Ni antes ni ahora.

—Vale, ¿qué ha pasado? ¿Por qué se te declaró en el campo? Se te declaró, ¿verdad? El problema del vídeo es que solo se os ve, no se os escucha ni aislando el ruido externo.

—¿Has tratado de aislar el ruido de fondo? —preguntó sin dar crédito.

—Yo no, se me da como el culo la informática, pero a Marcos se le da genial y le he pedido ayuda.

—De verdad que flipo contigo, después de tantos años y lo sigo flipando.

—Esa es la magia de nuestra relación… —bromeó, mordiendo un trozo de pizza —. Coge un trozo, está de muerte. Ese restaurante italiano de debajo de tu casa es puro vicio.

—Lo sé, nos va a tocar hacer algo de ejercicio extra esta semana.

—Bueno, ya lo has hecho, ¿no?

—A ver, deja que te cuente, que me lías. Estaba esperando para pitar cuando entraron en el campo. Verlo fue… Joder, Laura, es que ese tío tiene algo que me pone de una manera que no es ni normal.

—¿Tiene algo? Tiene todo, Adriana. A ver, que no sé si será un gilipollas o no, pero está para follárselo día sí, día no y el del medio, también.

—El caso es que pensé que no se acordaría de mí, pero me equivoqué y, cuando se puso de rodillas frente a mí con el puto anillo, Lau…, ¡casi me da un patatús!

—¿Pero qué te dijo? ¿De verdad te hizo una proposición?

—No, nada de eso. Después me explicó que todo había sido una absurda apuesta con los chicos de su equipo. En el tercer tiempo charlamos, pero me molesté mucho por el vídeo. ¡Joder! ¿Has visto cuántas visualizaciones tiene?

—Sí, es una puta pasada. ¿Sabes lo bien que le sentará a tu carrera?

Además, tu arbitraje fue impecable, no te dejaste influir ni dejaste que él te nublara el juicio en el campo.

Cuando acabó el partido, los comentaristas no dejaron de repetirlo y, sea por el motivo que sea, esto ha hecho que ganes visibilidad y, de paso, al rugby .

Tal vez en nada haya otra mujer arbitrando en liga masculina y eso, Adriana, eso sería la hostia.

—Lo sé, pero me molestó, ¿sabes? Es como si todo lo que he luchado para conseguir llegar dónde estoy no fuera importante, como si todo se redujera a una broma de tíos.

—Mirándolo así…

—Es que es así como debo verlo, no puedo permitirme estas chorradas porque empañarán todo el trabajo que hay detrás.

—¿Y qué te dijo?

—Nada, que lo sentía y me invitó a cenar para ponernos al día.

—¿Y?

—Y acabamos en la cama, qué más… —suspiró, rendida a la evidencia.

—¿Y luego?

—Luego se fue y yo también. Nos encontramos en el aeropuerto y adivina…

—¿Qué? No me irás a decir que volvió a ponerse de rodillas —se carcajeó.

—No, todo el equipo lo sabía.

—¿El qué?

—Que habíamos pasado la noche juntos. Y me cabreó tanto que me largué de allí. Él me siguió y me explicó que se lo habían imaginado todos, pero no sé…, me molestó tanto pensar que había estado alardeando de nuestra relación sexual.

Laura dio otro gran bocado a la pizza , pensando en las palabras de su amiga, después bajó la comida con un gran trago de cerveza, que soltó antes de volver a hablar y después de eructar.

—Supongo que es normal que especularan y más si os fuisteis de allí los dos. Quizás no contara nada.

—Puede ser, pero, claro, no nos conocemos lo suficiente como para confiar en él sin dudas.

El teléfono vibró seguido del sonido de un mensaje, Adriana lo levantó y vio que era otro mensaje de Kenneth, pero no tenía ganas de leerlo.

—¿Quién es?

—Él.

—¿Él? ¿Buchanan? ¿Tienes su número de teléfono?

Asintió sin más, no le apetecía hablar más de él.

—No, no, no asientas y ya. ¿Por qué tienes su número?

—Quería seguir en contacto —confesó.

—Vale, vale, espera —dijo, frenándola con la mano y dando un sorbo a la cerveza—, ahora, sigue. ¿Quiere seguir manteniendo el contacto?

—Ya te lo he dicho.

—Entonces, para él tampoco eres solo algo de una noche, ¿lo captas?

—No, no lo capto. No sé si es eso o si es solo que en la cama somos geniales.

—Todo empieza por ahí, ¿no? No conozco a nadie que tenga una buena relación si en la cama no se entienden.

—Es solo sexo.

—¿Para ti también? —quiso saber, porque ella no estaba segura.

—Para mí también. Puede que tenga un encoñamiento con él, pero es platónico. En realidad, no conozco apenas al hombre, solo al jugador.

—Creo que tienes que tener cuidado. Si fuera solo algo pasajero…, lo habrías dejado atrás cuando regresamos.

—Vamos, Lau, sabes que lo dejé en el pasado, he tenido otras relaciones…

—Que no han funcionado.

—Pero no por él.

—¿Estás segura?

—Lo estoy —bufó, metiéndose un trozo grande de pizza en la boca.

—No, no lo estás. Eres más que una amiga para mí, lo sabes, ¿verdad?

—Adriana asintió, mirándola—. Eres como la hermana que nunca tuve, por eso te voy a decir algo: siempre he creído que ninguna de tus relaciones ha salido adelante porque siempre ha estado él en medio de todo, sin ser consciente.

Sé que apenas pasaste tiempo con él, pero ese tiempo te marcó.

Fuera por el motivo que fuera, a veces no se trata de cuánto tiempo estás con alguien, sino de conexión, y sé que con él hubo, y mucha.

Adriana desvió la mirada hacia el horizonte, apenas quedaba el último rastro de sol en el cielo, que había cambiado el azul brillante por un fondo más oscuro que se iba salpicando, poco a poco, de parpadeos plateados.

—No lo sé, Laura. Sí que es cierto que con él todo es fácil, cómodo. Me hace sonreír sin esfuerzo, no tengo que ser de otra manera, ni disimular mis defectos. Tampoco suavizar mi forma de ser, brusca en algunas ocasiones.

No me intimida decirle lo que quiero, cómo lo quiero y cuándo lo quiero. Pero… eso no es bastante para sentir amor, ¿verdad? Además…

—¿Además…?

—Además, te olvidas de que no puedo tener nada con un jugador al que voy a tener que pitar en alguna ocasión, y no en un partido amistoso, sino en una competición real.

—Bueno…, las relaciones no nos están prohibidas.

—Lo sé, es por ética. No me sentiría cómoda con ello.

—¿Qué piensa tu capitán? Creo que por la cantidad de mensajes que llegan tiene algo que decir.

—No lo sé. Tampoco sé si estoy preparada, Laura. ¿De qué sirve si esto sale adelante? Vivimos en países diferentes, aunque coincidamos en campeonatos no es como si pudiéramos vernos con frecuencia.

—¿Te gusta?

—Claro que sí, ¡joder! Tú lo has dicho antes, ¿a qué mujer con ojos en la cara no le gustaría alguien como él?

—Pues ya está. Debes tomártelo así, deja que suceda lo que tenga que suceder. Si todo eso, lo que sea que tenéis, tiene que terminar bien, lo hará, si no, eso que te has llevado para el cuerpo, niña. ¡Y qué cuerpo! —añadió, levantando la cerveza—. Se merece un brindis.

Adriana dejó escapar una suave carcajada, su amiga siempre la hacía reír. Siempre, sucediera lo que sucediera. Y esa ocasión no iba a ser diferente. Levantó el botellín verde de cerveza y brindaron en alto.

—Por la vida. Por el buen sexo. Por el rugby —dijo Laura.

—Por todo —añadió Adriana, brindando con su amiga.

3 La expresión «no ni ná» (con reflejo gráfico del acortamiento oral de «nada» en «ná» que se da en la pronunciación popular andaluza) se usa en el habla coloquial para afirmar enfáticamente que es cierto lo que otro acaba de negar.